Una portada de libro tiene tres trabajos simultáneos: comunicar de qué trata el libro en menos de tres segundos, sobrevivir a la miniatura de Amazon de 100 píxeles, e imprimir bien sin sorpresas en producción.
En Librántida vemos cientos de portadas pasar por producción, y las que salen mejor son las que combinan criterio editorial, oficio gráfico y especificaciones técnicas claras desde el primer boceto.
Antes de abrir el archivo
Tres datos deben estar fijados antes de que el diseñador toque InDesign o Figma: formato final del libro, número final de páginas y tipo de papel, y audiencia objetivo con referencias visuales. Un buen brief de portada cabe en una página.
El espacio de trabajo: portada, lomo, contraportada
La portada de un libro de tapa rústica no es una sola pieza: son tres unidas. El archivo final que mandas a imprenta es horizontal y contiene contraportada (izquierda), lomo (centro) y portada (derecha). Un milímetro de imprecisión en esos pliegues se traduce en texto cortado al doblar.
Sangrado, márgenes de seguridad y línea de corte
Tres líneas que todo archivo de portada debe respetar: línea de corte, línea de sangrado (3 a 5 mm fuera del corte), y línea de seguridad (3 a 5 mm dentro del corte). La regla simple: nada importante a menos de 5 mm del borde, fondos hasta 3–5 mm fuera del borde.
Color y modelo de impresión
Diseñar para imprenta significa trabajar en CMYK. Los archivos diseñados en RGB se convierten y los colores cambian. Trabaja en CMYK desde el inicio.
Imágenes y resolución
Toda imagen incluida en la portada debe estar a 300 DPI a tamaño final. Ilustraciones vectoriales escalan sin pérdida.
Antes de enviar a imprenta
Checklist rápida: archivo en CMYK, sangrado de 3–5 mm, texto importante a más de 5 mm del borde, imágenes a 300 DPI, tipografías incrustadas, lomo calculado con páginas y gramaje finales, código de barras legible, PDF/X-1a o PDF/X-4.