Enlace Editorial

Extraordinaria difusión del libro "El último sobreviviente" en los medios

El libro El último sobreviviente, en el que su autor, Arón Gilbert relata la vida de su padre, quien sobrevivió al Holocausto, ha tenido desde su publicación una amplia difusión en radio, televisión y prensa. Publicado por Ediciones del Ermitaño en su colección Minimalia, el libro circula en las principales librerías del país.

Si deseas conocer una parte del libro, haz click aquí.

Adquiérelo en Librerías Gandhi , Amazon, y Librerías del FCE. También puedes consultarlo en Google.

__________________________________

'Vengan' con libro el Holocausto
REFORMA | 31 Mayo 2007 | por Leopoldo Ávalos

Cultura. Presentan en Huixqui 'El Último Sobreviviente'. Reúne Arón Gilbert las memorias de su padre, Shie, en campos de exterminio

HUIXQUILUCAN.- Sobrevivir a la masacre de los nazis en la Segunda Guerra Mundial y poder compartir sus memorias en un libro permitirán que millones de judíos muertos sean vengados.

Ese fue el deseo Shie Gilbert, sobreviviente de los campos de exterminio, al dictar sus vivencias durante el Holocausto a su hijo Arón y presentarlas bajo el título "El Último Sobreviviente".

"Soy un narrador insufrible que tiene que escuchar el sonido de su propia voz para saberme en este mundo.

"Lo he logrado: estar vivo y dictar estas líneas a mi hijo es mi forma de defenderme, de llevar a cabo mi venganza", aseguró Shie, nacido en 1920 en Polonia.

En las instalaciones de la Comunidad Sefaradí, ante el historiador Jean Meyer y el ombudsman capitalino Emilio Álvarez de Icaza, Arón destacó el trabajo de recopilar durante varios años las anécdotas de su padre.

"Un día me dijo 'he decidido que mi libro sí se tiene que escribir y ya sé quien lo va a hacer, ese lo vas a hacer tú'", explicó el autor.

"No pretendo construir un héroe de telenovela ni tampoco tener un rigor histórico exhaustivo. Podrá haber algunas fechas inexactas y algunos detalles que se quedaron en el olvido de sus años".

En sus páginas, el texto narra pasajes vividos por Shie Gilbert recluido desde septiembre de 1939 hasta mayo de 1945 en tres diferentes campos de exterminio: Auschwitz, Mauthausen y Eben See.

Él es el único sobreviviente de los 70 miembros de su familia, en la comunidad de Schtetel, que vivían en Polonia cuando inició la Segunda Guerra Mundial.

Sesenta y dos de ellos fueron asesinados por los soldados de Adolf Hitler.

Luego de librar aquella época, en 1947, su tía Dina, radicada en México, lo reconoció a través de una revista que llegó a sus manos y mandó traerlo desde Italia, donde Shie andaba. Desde entonces radica en el País.

"Esa tía que lo reconoció como su sobrino fue el tercer o cuarto milagro para llegar a México que le ocurrió en su vida y es que, con la publicación del libro, una vez más venció a Hitler", aseguró Jean Meyer.


Oleadas de locura

No importa si fueron alemanes, romanos o egipcios, siempre ha existido una tendencia a querer desaparecer al Pueblo Judío.

Así lo expone Francisco Gil White, investigador e hijo del ex Secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, al final del libro "El Último Sobreviviente", de Arón Gilbert.

"Se trata de un capítulo de 70 hojas que tiene como título 'Porqué los genocidios antijudíos'. (...) "Han venido grandes matanzas de judíos siglo tras siglo durante 2 mil 500 años y la pregunta es: ¿por qué?", explicó.

"Ojalá que este ensayo sirva para liberarnos finalmente de estas oleadas de locura que regresan recurrentemente (al mundo occidental)", añadió.


Así lo dijo

''Este libro hace presente lo que otros se empeñaron en desaparecer, por eso es tan importante, (...) se triunfó sobre un proyecto de muerte como el de Hitler'' -- Emilio Álvarez Icaza, Ombudsman del DF

''Pudimos sobrevivir porque vivíamos por día, por hora, por minuto... hubo muchos que se dieron por vencidos'' -- Shie Gilbert, Sobreviviente del Holocausto
__________________________________

Narran en “El último sobreviviente” experiencia sobre el Holocausto

Periódico MILENIO Jueves 21 de junio 2007

La obra cuenta a detalle como el padre del autor experimentó sentimientos de rencor, odio, venganza, amor y tristeza de un hombre expuesto a su condición más ínfima.

México, D.F.- La historia de un hombre que durante seis años vivió los horrores de la guerra y del exterminio nazi, narrada a más de 50 años por la pluma de su propio hijo, se reúne en el libro “El último sobreviviente”.

Se trata del escrito de Arón Gilbert Riasman a partir de la historia de su padre, Salvador Gilbert Pianko, presentado la víspera en esta ciudad y en el que se narran a detalle los sentimientos de rencor, odio, venganza, amor y tristeza de un hombre expuesto a su condición más ínfima.

Gilbert Riasman recopiló con paciencia, a lo largo de dos años, las injusticias sufridas por la raza judía de manos de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, para dar cuenta de ello en “El último sobreviviente”.

En entrevista con Notimex, el autor explicó que el tomo incluye “seis años de la guerra y de las dos veces que regresé con mi padre a Europa, tratando de encontrar nuestras raíces, la primera en la Polonia comunista y otra después de este régimen”, dijo el autor, quien incluye la experiencia de ambos viajes.

La historia del tomo, editado por Ediciones el Ermitaño, comienza cuando, con la paciencia de un buen interlocutor, Arón escuchó sin descanso y con pena, las miles de anécdotas que por la cabeza de su padre desfilaban después de vivir el horror de sobrevivir a los campos de exterminio nazi.

Mucho se ha escrito sobre el Holocausto, sobre la política sistemática de exterminio de los judíos llevada a cabo por los nazis, sin embargo, este libro constituye un documento único, porque es el conmovedor testimonio de Salvador, sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz, Mauthausen y Ebensee.

En el libro, Arón hilvana las narraciones de su progenitor y ató los cabos sueltos hasta completar sus páginas, “en el relato de mi padre había mucha rabia, enojo y tristeza; mi madre también vino huyendo de Rusia, porque los bolcheviques también fueron perseguidos, pero nunca nos educó a insultar ni a matar, nos enseñó a amar y esa es su venganza”.

No obstante, aún quedan resabios de los días que siguieron a la guerra y cómo las víctimas de ésta buscaron vengarse de sus verdugos; en el tomo “hay episodios fuertes, algunos de ellos mi padre eligió que no los contara porque hablaba de agresión a sus padres, a sus hermanas y no quiso que fuera demasiado explícito”.

Nacido el 9 de agosto de 1920, Salvador Gilbert vivió como cualquier otro infante en el pueblo de Ciechanow, al norte de Varsovia, junto a sus cinco hermanos y sus padres.

Notimex


__________________________________

El último sobreviviente, testimonio del Holocausto

Presentan libro con vivencias de Shie Gilbert en campos de concentración

ARTURO CRUZ BARCENAS
Periódico La Jornada
15 de junio 2007

La vida del judío Shie (Salvador, en español) Gilbert (padre del productor teatral Morris Gilbert) es un triunfo de la vida sobre la muerte. Salió vivo de tres campos de exterminio: Auschwitz, Mauthausen y Ebensee. De las situaciones que pasó cuenta el libro que otro de sus vástagos, Aron, escribió y que tituló El último sobreviviente, presentado el pasado lunes con lectura de fragmentos de Héctor Bonilla, Lilia Aragón, Pedro Armendáriz y Anabel Ochoa, con la moderación de Maxine Woodside.

"Mi nombre es Aron Gilbert y soy, de alguna manera, sobreviviente del Holocausto. Nací en la ciudad de México en el año de 1949, cuatro años después de terminada la Segunda Guerra mundial.

"Mi padre, Szyja Gilbert, nació en el pueblo de Ciechanow, en Polonia, el 9 de agosto de 1920, en el seno de una familia judía tradicional de clase acomodada. Soy su orgulloso primogénito y llevo el nombre de mi abuelo, quien fuera masacrado injustamente por los nazis en 1942", escribe el autor.

Esta historia de terror empezó el 1º de septiembre de 1939 y terminó el 5 de mayo de 1945. "Peregrinó por el mundo en busca de un futuro más prometedor; cruzó los Alpes, navegó por la inmensidad del mar y voló a tierras desconocidas hasta conseguirlo, al llegar en 1947, a ese mundo nuevo, que él bautizó como 'el Paraíso' y es conocido por todos los demás como México."

El actor Héctor Bonilla leyó la introducción del libro matizando líneas por demás dramáticas: "Yo soy como los antiguos juglares, soy un narrador insufrible que tiene que escuchar el sonido de su propia voz para saberse vivo. Cuando me vaya de este mundo, mis historias y mis vivencias se irán conmigo", decía Shie, pero Aron lo convenció de que contara sus memorias.

¿Nunca más?, no lo creo

Anabel Ochoa, escritora, actriz y española de nacimiento, contó una reflexión a partir de la lectura del libro en la que recordó que Shie, al entrar en Auschwitz, fue rapado, entregó su ropa y fue vestido con el uniforme azul y blanco del campo de concentración, pero salvó un cinturón, que siempre le remitió a sus días de libertad. "Los nazis no descubrieron ese cinturón".

Ochoa regaló al sobreviviente un cinturón y un chocolate, éste porque alguna vez alguien ofreció ese dulce a un judío con la condición de que permitiera una entrevista sobre lo acaecido en los campos de exterminio. Dijo la también sexóloga: "Quisiera ser optimista, pero no lo soy. A mí esa frase de nunca más... ¡yo no me la creo! Sigue pasando y va a seguir pasando (...) no hay que quitar el dedo del renglón (...) 73670 le grabaron -tatuaron- los nazis a Salvador. ¿Dónde quedaron los otros 73669?"

Lilia Aragón, actriz y actual líder de la ANDA, dio lectura a otros fragmento: "De los 70 miembros de mi familia nacida en Polonia que aún vivían en mi país cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, soy el único que queda con vida".

El actor Pedro Armendáriz hizo una reflexión a partir de la lectura del libro: "Cada página de este libro es pasión, la hierba y el pasto ahí, también, la sangre, esa cosa diabólica que pasó en ese momento, la página más negra de la historia de la humanidad, el Holocausto".

El libro se lanzó bajo el sello de Ediciones del Ermitaño.

__________________________

Memoria sobre su tragedia

Szyja Gilbert Pianko presentó ´El último sobreviviente´, un libro sobre el Holocausto; "Logra escapar de tres de las más terribles fábricas de muerte que jamás concibió el hombre, como el campo de concentración de Auschwitz-Birkenaw en Polonia, el de Mauthausen y el de Ebensee, ambos en Austria"

Gustavo Silva G.
El Universal
Miércoles 13 de junio de 2007

"Me las van a pagar. Era en lo único que pensaba mientras estuve en Auschwitz. Y cuando fuimos liberados decía: ´voy a vengarme de los nazis; voy a matar alemanes...´ Al salir, se vino una serie de venganza sexual (violaciones) contra las mujeres", recordó el polaco de 86 años Szyja Gilbert Pianko, uno de los sobrevivientes del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial.
Ese fue el sentimiento que provocó en él y en miles de sobrevivientes la persecución nazi a judíos.

A más de 60 años, Szyja, papá del productor Morris Gilbert, relata sus memorias, las cuales fueron escritas por su otro hijo, Arón, en el libro El último sobreviviente.

"Nunca me atreví a matar. Tuve varias oportunidades de hacerlo; me hubiera sentido como el primer héroe, pero no pude", agregó Szyja (cuyo nombre al español se traduce como Salvador) en la presentación del libro la noche del lunes en un hotel del DF, donde algunas de sus memorias fueron leídas por Pedro Armendáriz Jr., Lilia Aragón, Héctor Bonilla y Anabel Ochoa.

"Durante tres difíciles años de estancias en tres guetos distintos (Salvador) sobrevive.

"Logra escapar de tres de las más terribles fábricas de muerte que jamás concibió el hombre, como el campo de concentración de Auschwitz-Birkenaw en Polonia, el de Mauthausen y el de Ebensee, ambos en Austria.

"Esta historia de terror empieza el 1 de septiembre de 1939 y termina el 5 de mayo de 1945", leyó Bonilla.

El actor dijo estar agradeció por ser parte de un momento tan íntimo, en lo que fue el relato de la tragedia de Salvador, quien al llegar a Auschwitz a los 22 años, además de saber cómo exterminaron a su familia con gases y en los hornos, fue tatuado en el brazo con el número 73670.

El papa protegió judíos

Después de que Ochoa denunció que en la actualidad en la sociedad existen hechos aislados de barbarie y que por eso muchos gritan "¡Nunca más!" Armendáriz confesó que la descripción de los hechos es tan intensa que "se te cae el libro de las manos al leer lo desgarrador" que fue el Holocausto.

"Se trata de la destrucción y muerte de la que no me he recuperado del todo", leyó Aragón, al referirse al sentimiento de Salvador, quien informó a los asistentes que Karol Józef Wojtyla (el papa Juan Pablo II) "escondió en su casa al primer rabino de Israel. ¿Saben lo que le hubiera pasado si los nazis se hubieran enterado? Su muerte y la de toda su familia", indicó el sobreviviente.

"Este trabajo tomó dos años y no puedo ser el único responsable. Mi mamá tuvo a bien conservar escritos y fotografías", indicó el autor Arón, cuyo padre, además de haber sido obligado a trabajos forzados, sirvió de "conejillo de indias" en experimentos para provocar la infertilidad.

El último sobreviviente tiene un costo aproximado en el mercado de 200 pesos y es publicado por Ediciones del Ermitaño.
__________________________


Shie Gilbert: Recuerdos de un sobreviviente

de (KolIsrael.Info) Fabian Spagnoli - Sunday, 3 de June de 2007, 21:02
El universal /JAI

Los imborrables recuerdos de los años más difíciles de la vida de Shie Gilbert, una de las pocas personas que sobrevivieron a los campos de concentración nazis, son revelados por su hijo, Arón Gilbert, en el libro "El último sobreviviente".

En este texto de Ediciones El Ermitaño, Arón reúne las historias de su padre del 1 de septiembre de 1939 al 5 de mayo de 1945, las mezcla con datos históricos e investigación de campo para dar una mejor visión de las penurias que sufrieron millones de judíos en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

A lo largo de las páginas, el autor relata como Shie, un joven polaco de 20 años y 75 kilogramos de peso, se ve forzado a recorrer tres diferentes ghettos en Polonia a partir de 1939 para luego vivir en igual número de campos de concentración en Alemania y Austria, hasta que es liberado en 1945, cuando tiene 25 años de edad y 35 kilogramos de peso.

Los recuerdos de cómo desaparecieron 62 miembros de su familia en estos espacios y la forma en que su habilidad manual para la carpintería le salvaron la vida a Shie, también son plasmados en el libro. "Las únicas historias que no relato aquí (en el libro), es lo que los nazis le hicieron a las hermanas de mi papá, porque él nunca me lo permitió plasmarlo en el papel", comentó Arón, quien tardó dos años en escribir el texto.

Luego de todo ese trabajo, Arón recuerda que los momentos más difíciles fueron cuando visitaron el campo de concentración de Auschwitz.

"Mi padre comenzó a llorar cuando vio la cámara de gas donde murieron todas las mujeres de nuestra familia. El me dijo que con engaños los nazis separaron a hombres y mujeres, y cuando a él lo estaban tatuando con un número de identificación, alguien le dijo: ves ese humo que sale de la chimenea, es tu familia"

En la presentación del texto, la noche del pasado martes, en la que participaron el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, Emilio Álvarez de Icaza y el historiador Jean Mayer, Arón Gilbert apuntó que la intención del libro fue dejar testimonio de cómo una persona debía tratar de sobrevivir día a día, hora a hora y minuto a minuto, en los campos de concentración nazis.

_________________________________


“EL ÚLTIMO SOBREVIVIENTE”, TESTIMONIO DEL HOLOCAUSTO

Comisión de derechos humanos del D.F.
Dirección General de Comunicación Social
México, D.F., a 9 de junio de 2007.

Boletín de prensa 113/2007


Durante la Segunda Guerra Mundial los trabajos forzados en los campos de concentración nazi fueron humillantes. Sin equipo, ropa, alimento y descanso, miles de prisioneros fallecieron de hambre y cansancio. Para los judíos, la capacidad de trabajar significó la posibilidad de sobrevivir. No obstante, durante el Holocausto murieron 6 millones de judíos. El prisionero 73670 del campo de concentración de Auschwitz, Shie Gilbert, es uno de los sobrevivientes.

Durante la presentación del libro El último sobreviviente, el Presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), Emilio Álvarez Icaza Longoria, destacó que el texto brinda la oportunidad para no olvidar la tragedia y caminar, desde la perspectiva de los derechos humanos, a la reparación del daño y a la no repetición de los hechos: “Gracias a testimonios como estos tenemos la fuerza, para decir, junto con la comunidad judía, nunca más”.

Sostuvo que las vicisitudes de Shie Gilbert son el testimonio de la fuerza de la vida, la esperanza y la razón. A partir de relatos desgarradores donde está presente la cotidianidad en hechos muy concretos, se puede vivir el sufrimiento.

“A través de lo cotidiano, de un cinturón, hay una conexión mágica como la fuerza de aferrarse al pasado, al presente, al futuro y a la vida. Un cinturón que para nosotros pudiera ser insignificante, es toda una cosmovisión de la vida, donde toma fuerza la identidad judía”, apuntó.

Álvarez Icaza aseveró que el relato permitirá a los mexicanos entender en mejores términos el Holocausto. Nos hace falta mucho, dijo, porque no tenemos la sensibilidad suficiente para comprenderlo.

El Ombudsman capitalino subrayó que para quienes trabajan en Derechos Humanos y para quienes queremos que este país sea un país incluyente, que reconozca la diversidad, la historia de Shie Gilbert es valiosa “porque la discriminación hacia la comunidad judía, en esta ciudad y en este mundo, se sigue dando de forma sutil o agresiva”.

Enfatizó que nunca en la historia de la humanidad, como en la segunda mitad del Siglo XX, se construyeron tantos instrumentos internacionales para proteger la dignidad de las personas. Eso significó, indicó, un cambio cultural en el desarrollo de la humanidad.

El Presidente de la CDHDF lamentó que la humanidad aprenda a golpes, porque el drama del Holocausto simboliza la fuerza liberadora, la capacidad de la construcción de la vida y el reconocimiento del aporte judío al mundo. “Este libro hace presente lo que otros se empeñaron en desaparecer. Es importante porque trae nombres, historias, testimonios. Trae la fuerza del corazón para hacerlos presentes. Al hacerlos presentes, se triunfó sobre el proyecto de muerte de Adolfo Hitler”.

El historiador Jean Meyer, mencionó que las remembranzas de Shie Gilbert sobre el genocidio perpetrado por el totalitarismo nazi, hace escuchar la voz de los 62 miembros de su familia que desaparecieron en esa masacre, ya que el autor pasó por tres campos de concentración: Auschwitz, Mauthausen y Eben See.

Indicó que el autor de El último sobreviviente, presenta un caso extraordinario de resistencia física y moral, de septiembre de 1930 a mayo de 1945.

El profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas A.C. (CIDE), señaló que en los campos de trabajos forzados hubo prisioneros que se abandonaban y se entregaban al suicidio, ya que al perder toda esperanza de dejaban morir: “Shie tuvo esa tentación pero no se dejó llevar”.

Al hablar sobre la “Marcha de Muerte”, ocurrida en los últimos meses de la guerra cuando los alemanes se sabían perdidos, explicó que para disimular su crimen abandonaron Auschwitz y de una columna de 60 mil prisioneros que marchó a Austria, murieron 15 mil en la nieve. “El 5 de mayo de 1945 fue la liberación de los campos austriacos y nuestro muchacho (Shie) tiene 25 años y pesa 36 kilos”.

El autor del libro, Arón Gilbert, explicó que se basó en los escritos de su padre y en la bibliografía de todos lo lugares donde estuvo su progenitor. “Ningún hecho es ficticio y de ninguna manera traté de crear un héroe de telenovela”.

_________________________________

Publica libro sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz

ONCE NOTICIAS
Ediciones del Ermitaño / Minimalia
Fecha: 16 de abril del 2007
Reportero: Redacción Once Noticias
Fuente: Agencias

En el 2007 se cumplen 62 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. En México reside uno de los sobrevivientes del campo de concentración de Auschwitz, sitio donde muchos prisioneros morían el mismo día que ingresaban, sin embargo, Shie Gilbert, logró salir con vida tras 26 meses de estancia.

Originario de Polonia, tenía 19 años al comenzar la guerra, ahí perdió casa y familia, único sobreviviente de más de 60 parientes.

“No era ni más rico, no era ni más inteligente, no era ni más fuerte, simplemente tuvo más suerte”, expresó Arón Gilbert, hijo de sobreviviente del Holocausto.

Shie gilbert estuvo en la guerra desde el primero de septiembre de 1939 hasta el 8 de mayo de 1945. Seis años en los que fue testigo del dolor y la injusticia.

“Cuando empezó la guerra pesaba yo 86 kilos, terminé con 36”, recordó el sobreviviente de Auschwitz.

Ahora tiene 86 años y con ayuda de su hijo, Aron Gilbert, publicó un libro en el que cuenta la vida de los judíos en Polonia, los años de guerra, el campo de concentración de Auschwitz, su llegada a México y el retorno a Polonia en busca de las tumbas de sus familiares.

Palabras y algunas fotos que en más de 300 páginas tienen como objetivo sumar un testimonio mas sobre los horrores del Holocausto.
“Que la gente sepa lo que pasó para que no vuelva a pasar”, agregó Arón Gilbert.

Día tras día ganó la partida a la muerte en tiempo de guerra y el sólo se lo explica de una manera.

“Pasaban milagros y salí con vida”, concluyó el sobreviviente de Auschwitz.

_________________________________

Relata sobreviviente
del Holocausto
experiencia de la guerra

03 TALENTO TEC 02 DE MAYO DEL 2007 HUMANIDADES

POR JUAN RAFAEL RIVERA SÁNCHEZ

Transmitir a los alumnos del
Tecnológico de Monterrey el horror
de la Segunda Guerra Mundial para
que esto no vuelva a repetirse, fue el
objetivo de la conferencia “El último sobreviviente
del holocausto”, impartida por Shie
Gilbert, de 87 años de edad.
Gilbert, quien nació en 1920 en Ciechanow,
Polonia, comentó que, durante los años
previos a la Segunda Guerra Mundial, la inestabilidad
política y social de Polonia dejaba
vislumbrar los años venideros que devastarían
su población.
“En mi país escuchábamos rumores acerca
de una futura invasión alemana; sin embargo,
al principio, esos rumores no fueron un
problema pues ya estábamos acostumbrados
a sufrir ataques de nuestros vecinos alemanes
o rusos”, comentó el ponente.
“Sin embargo, pronto esos rumores alteraron
a la población polaca pues Hitler aseguraba
que iba a quitarle todo el dinero a
los judíos ricos para dárselo a los alemanes
de escasos recursos. Nuestros vecinos del
oeste justificaban la invasión diciendo que así
>Panel de discusión sobre África
saldrían de la pobreza”, aclaró Gilbert, quien
con ayuda de su hijo Arón Gilbert detalló sus
recuerdos de aquellos días.
“En Polonia habíamos cerca de tres millones
500 mil judíos, y todos estábamos dispuestos
a defendernos de los alemanes. Los
hombres preparaban sus armas y sus hachas,
las mujeres tomaban sus tijeras, e incluso los
niños tomaban lo que estuviera a su alcance.
Piensen tan sólo cómo hubiesen reaccionado
ustedes si hubieran vivido esa situación.
¿Habrían dejado perecer a sus padres? ¿A sus
hermanos? En mi familia éramos tres hermanos
y tres hermanas, y sabíamos que si habíamos
de morir, al menos un alemán debía caer
en el intento”, comentó con tristeza el sobreviviente
del Holocausto, haciendo reflexionar
al público presente.
“Poco tiempo después, nos recluyeron a
todos los judíos en un gueto, que era una ciudad
cerrada y custodiada por los alemanes.
No nos daban de comer pues querían que los
judíos perdiéramos nuestra fuerza, tanto física
como moral. Además, nos humillaban: no
podíamos caminar por la banqueta, sólo junto
a ella en donde pasaba el agua sucia; debíamos
saludar a los soldados alemanes con la frase:
buenos días mi querido amo; a lo que ellos
respondían: calla maldito judío”.
Pronto Shie Gilbert fue trasladado al
campo de concentración de Auschwitz en
donde permaneció por 26 meses, cuando
los recluidos morían, en promedio, al año
de confinamiento. En Auschwitz, próximo a
Cracovia, murieron cerca de un millón 500
mil personas.
“Allí habían cuatro cámaras de gas, y en
cada una morían dos mil personas al día;
es decir, ocho mil judíos perecían todos los
días, y de noche se cremaban sus cuerpos.
Los alemanes idearon formas para ser muy
eficientes en su objetivo pues, en este campo,
a diferencia de los demás, se utilizaba gas
cianuro de hidrógeno, el cual producía una
muerte más rápida”.
“Cuando llegué a Auschwitz recibí un
número que fue tatuado en mi brazo, con el
cual me reconocían los alemanes. Mi número
era el 73670, el cual dejaba a un lado mi nombre
y mi apellido pues ya a nadie le interesaban
esos datos. Mi familia no corrió con la misma
suerte que yo, pues ellos terminaron sus días
en ese lugar”.
Shie Gilbert llegó a México en 1947 y desde
entonces ha permanecido en nuestra nación.
Recientemente publicó un libro de sus memorias
para responder a la pregunta “¿Cómo
sobreviví?” En la redacción participó su hijo
Arón Gilbert. “Es una realidad muy desagradable
y dolorosa, pero espero que esa historia
no se vuelva a repetir”, finalizó.
_________________________________

Testimonio de un sobreviviente del Holocausto: Presentación del libro "El último sobreviviente".
Centro Comunitario
RAMAT SHALOM

Mucho se ha escrito sobe el Holocausto, la política sistemática de exterminio de los judíos llevada a cabo por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la conmovedora historia de Shie Gilbert, sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz, Mauthausen y Ebensee, escrita por su hijo Arón, es una visión auténtica de una de las más grandes tragedias de la humanidad.
La historiografía nos alimenta con fechas, datos y sucesos relevantes, por lo que a menudo olvidamos que la materia prima de la historia son las vidas de los seres humanos.
A sus 87 años, Shie Gilbert no sólo es vivo testimonio de lo que debemos recordar, sino también una vacuna contra el olvido.
La tarea de la sociedad no es sólo combatir la indiferencia, sino también buscar las razones. Este libro reafirma la convicción de lo que jamás debiera volver a ocurrir e invita a reflexionar sobre los porqués del genocidio judío.

_________________________________


Shie Gilbert
Polonia
Auschwitz,
Mauthausen

(En: Líderes Mexicanos)

El día de la liberación fue tan absurdo como toda la travesía. Simplemente quedó el portón de Mauthausen abierto, y los prisioneros, temerosos, inciertos, empezaron a caminar. La consigna era, terminada la guerra, partir a crear el Estado de Israel. “En el campo de concentración, antes de que nos dividieran, nos dábamos la palabra: si llegamos a sobrevivir, nos vamos a ver en Israel para seguir luchando por nuestra tierra”. Un largo tránsito llevó a Shie de Austria a Italia, de Italia a Estados Unidos y de Estados Unidos a México. “Cuando recibí la noticia de que una tía mía vivía en México me vine a visitarla. Conocí a mi esposa, nos casamos y me quedé. Cuando me escribían de Italia, diciéndome que estaba todo resuelto, que podía regresar, les decía en son de vacilada, México es un paraíso y, ¿alguno de ustedes ha visto a alguien que quiera salir del paraíso?”

Epílogo
Algunos preferirían no hablar del tema. Otros tienen urgencia por decirlo todo: por denunciar, por señalar. Hay quienes eligen situarse en el aquí y ahora; otros optan por refugiarse en aquel terrible pasado que les ha dado una férrea identidad. Por lo común, sus ojos se humedecen en el recuerdo. Pero algo tienen en común: sobrevivieron, pueden contarlo, y cada vez que lo cuentan vuelven a triunfar sobre el nazismo. En ese escalofriante relato dejaron familia, patrimonio, estabilidad emocional. Pero al seguir vivos, ganaron la batalla. Su vida es un triunfo que celebran y así enriquecen a nuestro país. Pero también la vida los hace sentirse responsables de contar una y otra vez las historias, porque así siguen venciendo, y porque así también reiteran su reclamo a la tolerancia, porque así colaboran para que estos ejercicios de odio no vuelvan a ocurrir. Este compromiso los hace líderes de vida, espejos para que nos reconozcamos como seres humanos. Que cada quien elija si en su espejo encuentra la vergüenza o la grandeza de alma.

Nota publicada en el boletín CRONICA INTERCAMPUS del Tecnológico de Monterrey

Shie Gilbert en el Tec de Monterrey.jpgConcientizar y hacer reflexionar -a los alumnos y profesores del Campus Ciudad de México- con anécdotas de la Segunda Guerra Mundial, fue lo que Shie Gilbert hizo a través de la conferencia “El último sobreviviente del holocausto” realizada el pasado 19 de abril del 2007. A sus 87 años, Gilbert -durante el régimen nazi- estuvo en los campos de concentración de Auschwitz, en Polonia, y de Mauthausen y Ebensee, en Austria. Shie Gilbert fue uno de los dos millones de judíos recluidos en los guetos (barrios judíos de las ciudades de Europa Central y Europa Oriental) de Polonia, donde los servicios de alojamiento, sanidad y producción eran deplorables; cada persona recibía una ración de comida con nutrientes por debajo de las mil 200 calorías diarias.Un largo camino recorrió este sobreviviente del holocausto hasta llegar a México, en 1947 y desde entonces, permaneció en nuestro país. Recientemente publicó un libro de sus memorias para responder a la pregunta “¿Cómo sobreviví?”, en la redacción participó su hijo Arón Gilbert.

Relato de un sobreviviente

Shie Gilbert, quien nació en 1920 en Ciechanow, Polonia, comentó que durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial la inestabilidad política y social de su país dejaba vislumbrar los años venideros con una posible –y luego real- devastación de la población: “En mi país escuchábamos rumores acerca de una futura invasión alemana; sin embargo, al principio esos rumores no fueron un problema pues ya estábamos acostumbrados a sufrir ataques de nuestros vecinos alemanes o de los rusos”, señaló el ponente.

“Sin embargo, esos rumores pronto alteraron a la población polaca pues Adolf Hitler aseguraba que iba a quitarle todo el dinero a los judíos ricos para dárselo a los alemanes de escasos recursos. Nuestros vecinos del oeste justificaban la invasión diciendo que así saldrían de la pobreza”, comentó Shie Gilbert, quien con ayuda de su hijo Arón Gilbert detallaba sus recuerdos sobre aquellos días.

“En Polonia había cerca de 3.500 millones de judíos, y todos estábamos dispuestos a defendernos de los alemanes, los hombres preparaban sus armas y sus hachas, las mujeres tomaban sus tijeras e incluso los niños tomaban lo que estuviera a su alcance. Piensen tan sólo cómo hubiesen reaccionado ustedes si hubieran vivido esa situación, ¿habrían dejado perecer a sus padres? ¿a sus hermanos?”, preguntó el sobreviviente del holocausto, con la intención de hacer reflexionar al público presente.

“Poco tiempo después nos recluyeron a todos los judíos en un gueto, que es una ciudad cerrada y custodiada por los alemanes. No nos daban de comer pues querían que los judíos perdiéramos la fuerza, tanto física como moral. Además, nos humillaban: no podíamos caminar por la baqueta, sólo junto a ella en donde pasaba el agua sucia; debíamos saludar a los soldados alemanes con la frase ‘buenos días mi querido amo’, a lo que ellos respondían ‘calla maldito judío’”, comentó en relación con la denigración que continuamente se hacía de los judíos.

Pronto Shie Gilbert fue trasladado al campo de concentración de Auschwitz, población cercana a Cracovia, en donde permaneció por 26 meses, tiempo récord ya que en promedio los recluidos morían al año de confinados. En Auschwitz, murieron cerca de 1.500 millones de personas.

“Allí había cuatro cámaras de gas, y en cada una morían dos mil personas al día; es decir, ocho mil judíos perecían todos los días, y de noche se cremaban sus cuerpos. Los alemanes idearon formas para ser muy eficientes en ese objetivo”, dijo Gilbert, haciendo alusión a que en este campo, a diferencia de los demás, se utilizaba gas cianuro de hidrógeno, el cual producía una muerte más rápida.

“Cuando llegué a Auschwitz recibí un número que fue tatuado en mi brazo. El número 73670 servía para que me reconocieran los alemanes; mi nombre y apellido ya no interesaban. Y aunque yo sobreviví, mi familia no corrió con la misma suerte, pues ellos terminaron sus días en ese lugar”, explicó Gilbert.

“Es una realidad muy desagradable y dolorosa, pero espero que esa historia no se vuelva a repetir”, finalizó Gilbert. Y su testimonio, cuyo objetivo con estas pláticas que da, es promover la tolerancia entre las naciones, sirvió para enmarcar la “Semana del Holocausto”, que forma parte de los eventos para la solemnidad internacional.

Agencia Informativa / Juan Rafael Rivera Sánchez

__________________________________________

''Cuando llegamos a Auschwitz, a mi familia completa la metieron a las cámaras de gas''

Le faltó valor para suicidarse

Por: Nancy Escobar Cardoso | Mundo / Periódico CRONICA

Nacido en Ciechanow, Polonia, en 1920. “Tengo la edad del Papa, que también es polaco”. Su familia era dueña de una fábrica de muebles y sirvió a los alemanes. Nunca vivió en el guetto de Varsovia, pero supo del trágico fin de muchos de sus conocidos. Nunca decidió suicidarse porque, dice, le faltó valor.

Shie Gilbert fue el preso número 73 mil 670 en el campo de concentración de Auschwitz. Pasó tres años ahí y al llegar en menos de una hora vio como 62 miembros de su familia eran separados de la fila y llevados a la cámara de gas. Tiene 84 años y jamás supo de ellos.
Hace 63 años fue capturado por los nazis en Ciechanow, Polonia, pero desde 1947 adoptó a México como su patria, donde ahora se dedica a contar cómo sobrevivió a la matanza en masa organizada por Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.
—En México sentí por primera vez lo que se llama ser humano—, dice mientras apura el pañuelo y relata a Crónica el infierno de su paso por ese sitio de enormes proporciones, que fue escenario del asesinato de más de un millón y medio de judíos, entre ellos su madre, sus tres hermanas, dos hermanos y otros 56 familiares.
Al inicio de la guerra, en 1939 y con 19 años de edad, Shie y su familia, dueños de una fábrica de muebles, fueron útiles a los alemanes, quienes les permitieron seguir en su pueblo aun cuando el guetto de Varsovia acogía un año después a todos los judíos de Polonia.
—Se puede decir que tuvimos suerte, porque la vida en el guetto se convirtió en algo insoportable, la gente caía muerta de hambre, de frío, o ejecutados por alguna desobediencia. Los cadáveres se amontonaban en las calles y no había donde ni quien los enterrara—, describe Shie.
En 1941, habiendo sorteado un poco el yugo alemán, el padre de Shie es capturado por uno de los oficiales de la Gestapo al descubrir que había ocultado en su casa a los suegros de su hija, lo llevan preso y es condenado a la ejecución por haber mentido.
Resistencia. En 1942, Shie se integró a la resistencia en Polonia, un movimiento de judíos que clandestinamente se hacían de armas hechizas, editaban panfletos contra la invasión nazi y trataban de hacer un frente común contra el enemigo.
Justo en ese año, engañados por las tropas alemanas, acceden a tomar el tren que, según versión de los SS, los llevaría a las fábricas de Alemania donde hacía falta artesanos y obreros.
—Nos la creímos, porque hasta cierto punto sonaba lógico—, ríe mientras recuerda ese momento de ingenuidad, —lo quisimos creer, sabíamos que la mayoría éramos gente de oficios, que por supuesto iban a necesitar nuestra mano de obra.
Una campaña de propaganda nazi se encargaba entonces de bajar la moral y la fuerza física de los judíos.
—Nos obligaron a usar esos parches amarillos de 10 a 12 centímetros de ancho en el lado izquierdo del saco y uno más en la espalda, y no era fácil salir a la calle y ser señalados por todos. No era fácil ser obligado a caminar por debajo de la acera con los animales. Tampoco toparse con un oficial alemán y estar obligado a saludarlo en su idioma ‘buenos días querido amo’, y que él respondiera ‘maldito judío—, relata.
El ingreso.
—¿Cómo fue la llegada a Auschwitz?
—Deje usted, primero el trayecto fue bestial.
—¿Sin comida, sin ventilación?
—Sin nada, cientos de personas metidas en los vagones, amontonados como sardinas, todos queriendo estar cerca de la pequeña rendija por donde se colaba el aire, sin agua. Fueron tres días y dos noche de un camino que debía ser en máximo un día—, recuerda.
En ese vagón en que viajó, tres mujeres embarazadas abortaron a sus hijos, las que llevaban a niños pequeños los dejaban caer al perder la fuerza y morían aplastados, algunos se arrancaban la piel de desesperación, y otros tantos se empujaban y golpeaban para llegar hacia la puerta.
—Si lo comparas con el infierno, eso era peor—, asegura mientras acomoda los gruesos anteojos de pasta café.
Cuando el tren detuvo su marcha y vieron el nombre de Auschwitz, que no es una palabra polaca, todos creyeron que en efecto estaban en Alemania y que iban a trabajar.
—Acostumbrados al trabajo artesanal, al ver esas chimeneas pensamos: “Eso si es una fábrica”. Quién se iba a imaginar—, y una media sonrisa ilumina su cara.
Separación. La selección comenzó al bajar a empujones y gritos de los trenes. Las mujeres y los niños de un lado y los hombres del otro. Las mujeres mayores fueron obligadas a cargar a los niños en brazos e “invitadas” a subir a los camiones. Lo mismo niñas, ancianos, jovencitos. Todos fueron directo las cámaras de gas, se desnudaron, anudaron sus zapatos, y de 2 mil en 2 mil fueron asfixiados con Zyklon B.
—Tenía 22 años. Entré al campo pesando 86 kilos y tres años después apenas rozaba los 36 kilogramos. Y es que no había quien pudiera soportar eso con ecuanimidad, todos los días trabajar de sol a sol, comiendo sobras que apestaban, sin agua, en las peores condiciones de higiene—, hace memoria.
Shie pasó los siguientes tres años con una idea fija que nunca pudo concretar: el suicidio. Confiesa que sólo su cobardía se lo impidió.
—Pero todos los días me paraba frente al horno y pensaba en aventarme, después me retractaba y seguía sufriendo el maltrato. Vi morir a mis mejores amigos, a gente de la resistencia que nunca delató a los demás. Vi esos ductos que procesaban la grasa de los cuerpos incinerados, los cabellos cortados a la fuerza, los asesinatos selectivos—, revela.
En 1945, cuando los rusos se acercaban a Polonia, los alemanes comenzaron a huir, pero obligaron a los presos restantes a realizar la Marcha de la muerte desde Auschwitz hasta Mauthausen, en los alpes austriacos. En ese campo, indica Shie, querían cavar un túnel para escapar, y los judíos eran necesarios para hacer el trabajo sucio.
Finalmente, el 27 de enero de 1945, los estadunidenses llegaron al campo donde Shie estaba y los liberaron.
—Fue un momento que pasó como película. Todos nos abalanzamos contra el tanque, le besábamos los pies a los soldados, no sabíamos qué hacer. Los estadunidenses se quedaron petrificados con lo que vieron—, rememora.
Shie dice que nunca olvidará ese día cuando las tropas les prepararon una sopa ligera que ellos comenzaron a guardar y a guardar. En el intento chocó con un compañero y un plato de sopa cayó al suelo.
—Nuestra desesperación fue tal que lamimos de la tierra la sopa que se había derramado. No sabíamos cuándo volveríamos a comer—, argumenta.
Dos años después, al recordar que una tía suya vivía en México y tras hacer las gestiones correspondientes vino al Distrito Federal con la idea de estar sólo un tiempo, pero “llegué al paraíso. ¿Saben de alguien que haya estado en el paraíso y haya regresado?”, dice mientras sonríe a carcajada limpia.

___________________________

Traen a México la "caja de la muerte"

Un vagón de tren que trasladaba a víctimas del nazismo será una de las piezas del Museo Memoria y Tolerancia; es un proyecto de la asociación civil que lleva el mismo nombre, la cual fue creada en 1999 con el propósito de transmitir la tolerancia a través de la memoria histórica
El ejército de Hitler llenaba estos vagones con cientos de judíos(Foto: Vicente Arteaga / EL UNIVERSAL)

Miguel Angel Ceballos
El Universal

Viernes 6 de octubre de 2006

Shie Gilbert, el preso número 73 mil 670 en el campo de concentración de Auschwitz, se confronta con sus recuerdos cuando vuelve a tener frente a sí uno de los vagones de tren de la Segunda Guerra Mundial que fueron utilizados para transportar a las víctimas de los nazis hacia los campos de exterminio. "Nunca imaginé estar platicando en México sobre lo que fue esta caja de muerte", dice sobre la que será una de las piezas principales del Museo Memoria y Tolerancia, que será abierto en junio de 2007.
Este sobreviviente de 85 años de edad precisa que cada centímetro del vagón está asociado con mucha sangre humana que corrió por él. Originalmente, estos vagones eran utilizados para transportar ganado, pero el ejército de Adolfo Hitler los llenaba con cientos de judíos que, sin poder moverse, viajaban durante tres o más días.

"El horror fue a tal grado que nadie puede decir cómo logró salir de ahí con vida. Dejemos el hambre a un lado, uno puede dejar de comer tres días, pero la falta de agua y de aire fue tan importante que la gente llegaba a comportarse como si no fuera humana. Si vamos a hablar de un infierno, no se compara. Yo estuve en un vagón de esos durante tres días y dos noches, en un viaje de Varsovia a Auschwitz. En el camino la gran mayoría ya había muerto. Vi cómo morían los niños, pisoteados; vi morir gente enferma cuyo cuerpo no había dónde depositar. Teníamos que hacer nuestras necesidades fisiológicas parados y ahí mismo. Esperábamos la muerte, pero no encontrábamos la razón", relata Shie Gilbert, quien llegó a México en 1947.

El Museo Memoria y Tolerancia -que estará ubicado en Luis Moya 12, Plaza Juárez, colonia Centro- es un proyecto de la asociación civil que lleva el mismo nombre, la cual fue creada en 1999 con el propósito de transmitir la tolerancia a través de la memoria histórica, es decir, mostrando los mayores ejemplos de intolerancia al que ha llegado el ser humano, como son los genocidios por cuestiones étnicas y raciales.

Sharon Zaga, presidenta de Memoria y Tolerancia A. C., señaló que uno de los propósitos de crear un museo de este tipo es enseñar y difundir en la sociedad mexicana el valor de la tolerancia y la diversidad, a través de la historia y el significado del Holocausto, así como de otros genocidios étnicos. El museo, dijo, se enfocará a alertar al visitante sobre el peligro de la discriminación, el odio y la indiferencia, para así crear conciencia, respeto y responsabilidad en cada individuo.

Además del vagón -que fue donado por el Museo del Ferrocarril de Polonia-, se planea que el Museo Memoria y Tolerancia contenga alrededor de 500 piezas originales de los genocidios, como fotografías, películas, documentales, uniformes y zapatos de madera de los prisioneros en los campos de exterminio, entre otras. Este acervo estará contenido en un edificio con una superficie de 7 mil 196 metros cuadrados.

El museo estará dividido en dos grandes secciones: Memoria y Tolerancia. La primera se enfocará a los genocidios por cuestiones étnicas, raciales o religiosas, como los de Armenia, Ruanda y Yugoslavia; mientras que la segunda construye su narrativa a partir de la información y el cuestionamiento. Se pondrán en tela de juicio las normas y los valores que rigen los pensamientos y las interacciones humanas, con el fin de propiciar la reflexión en torno de la importancia de buscar puntos de diálogo, encuentro y armonía en nuestra sociedad.


Solar Servicios Editoriales S.A. de C.V.
Calle 2 No. 21 • San Pedro de los Pinos • México, D.F.
Tel: 5515-1657 con 10 líneas
e-mail:solar [arroba] solareditores.com