Este artículo fue publicado en El libro y las nuevas tecnologías. Se trata de una publicación independiente de Solar / Ediciones del Ermitaño. Se produce con soporte papel, pero los artículos también se distribuyen a través de boletines electrónicos. Si te interesa la versión impresa, puedes adquirirla en Gandhi y Amazon. Por razones técnicas, los artículos aparecen sin cursivas y otras características tipográficas propias del original. Se prohíbe la reproducción total o parcial sin consentimiento del editor y sin mención del autor y de la fuente.
No hace mucho Umberto Eco, el semiólogo y novelista italiano, decía que el libro gozaba de cabal salud y que los nuevos medios electrónicos no le representaban una amenaza, “ya que éste, y sin ningún problema, se puede leer hasta montado en un camello”. Y es que en realidad pocos inventos, tal vez la rueda o el descubrimiento del fuego, han tenido un papel tan determinante en la historia de la humanidad. El libro se convirtió, prácticamente desde su primera aparición, en el vehículo idóneo para transmitir el pensamiento y el conocimiento del hombre.
Si tuviéramos que describir el libro a un personaje que nunca hubiera estado en contacto con la civilización humana, tendríamos que decir que el libro es un dispositivo de almacenamiento de información, de acceso aleatorio, manufacturado en material principalmente orgánico, que existe en varias dimensiones casi siempre manejables por una persona normal, requiere el sentido de la vista para recuperar la información que contiene y que puede ser a color o en blanco y negro y que más aún sólo requiere la energía que le proporcione el usuario en su manipulación para su correcto funcionamiento. La anterior descripción, seguramente incompleta, podría sugerir que estamos hablando de un avanzadísimo dispositivo y no de uno con cerca de dos mil años de antigüedad. Simplemente el mencionar la edad del libro nos dice que su proceso de producción debe de haber pasado por las diferentes etapas tecnológicas por las que han atravesado otros muchos productos del ingenio humano. Sin embargo, el libro posee la peculiaridad de que, una vez que se llegó a su forma básica, la evolución en su confección se manifiesta sobre todo en las herramientas que se utilizan en ésta y en las habilidades necesarias para la operación de las mismas. Hemos pasado del amanuense y copista al tipógrafo, y ahora al operador de desktop publishing (DTP).
La figura que a continuación se presenta muestra de manera simplificada el proceso básico tradicional de producción del libro.
Como ha ocurrido en prácticamente todos los aspectos del quehacer humano, la computadora vino a transformar el modo de resolver las etapas que constituyen el proceso.
La primera etapa ampliamente modificada fue la de composición y formación: nos referimos al momento en que el texto es capturado para después ser ajustado a las características que el editor especializado establece para ese texto en particular. Este proceso que todavía a principios de este siglo se realizaba en instrumentos puramente electromecánicos se transformó para dar origen al ya mencionado DTP; si bien una aplicación mayor del DTP es el desarrollo y diseño de elementos gráficos (de texto e iconográficos), la industria editorial pronto se benefició de las potencialidades del DTP. El equipo MacIntosh se ha convertido, en conjunción con software especializado como QuarkXPress, en el Rolls Royce del equipo dedicado a las tareas de preprensa. El producto final de esta etapa son los originales mecánicos o pruebas finas; hojas impresas con tecnología láser con resoluciones de hasta 1 000 dpis. Hasta este punto, aunque el avance era importante, pues se lograba incrementar la productividad de los operadores, todavía la cadena productiva no resultaba en realidad transformada; estábamos, simplemente, reemplazando un instrumento por otro más eficiente. En mi opinión, la verdadera revolución tecnológica de la industria editorial se gesta primero con la fotoelectrónica, técnica que sustituye a la fotomecánica tradicional, y después con el advenimiento del CTP (computer to press).
Vale la pena en este punto llevar a cabo una somera revisión de los conceptos que hemos mencionado.
Fotoelectrónica
Refiriéndonos al tema de la publicación de impresos, la fotoelectrónica es el proceso mediante el cual pasamos de la información residente en un archivo electrónico a la película usada en el proceso de impresión offset. Es decir, en lugar de que una vez realizada la formación nuestro texto se imprima en papel, se imprimirá en película fotográfica, negativo o positivo, según la técnica de impresión que se vaya a usar. Las ventajas de este proceso son claras, pues la película resultante, comparada con la que se obtiene por el método tradicional de fotografiar las páginas impresas sobre papel, es muy superior en calidad, ya que se eliminan errores como los que pueden ocurrir al no dar el tiempo adecuado de revelado a la película. Lo anterior es particularmente cierto al obtener películas para impresión en color, pues se obtienen los cuatro colores con los que se forma lo que en artes gráficas se llama selección de color, con registro perfecto. Los principales problemas a los que se enfrentó esta técnica fueron, primero, el de la imposición, es decir, el acomodo que tienen las páginas que forman un pliego, y segundo, el tamaño del cartucho de película, que aún constituye una limitación y que incide en los costos. Actualmente se encuentran casi en desuso las máquinas que imprimen en pliegos de 87 x 114 cm, que han sido reemplazadas por las que imprimen en 57 x 87 cm; esto quiere decir que el tamaño de la película debería tener la misma dimensión. Sin embargo, como las procesadoras de película no alcanzan estas medidas, se debe realizar parte de la imposición de manera tradicional montando dos pliegos de película en una mascarilla. De nuevo, como mencionábamos antes, hemos sustituido una máquina por otra más eficiente y desde luego con resultados de mayor calidad, pero aún debemos continuar con el proceso tradicional de transferir la imagen almacenada en la película a la lámina usada en la impresión offset. Como se ve, todavía dependemos de la economía de escala para conservar rentable el proceso. Nos damos cuenta de que, se vaya a imprimir uno o un millón de ejemplares de nuestro texto, los costos fijos son los mismos, pues es en el momento en que iniciamos propiamente el proceso de impresión cuando entran en juego los costos variables: la materia prima y los costos directos de la impresión y de otras tareas complementarias como son el alzado, el doblez, la costura y el encuadernado del libro.
CTP (computer to press)
Al igual que cuando se desarrolló el láser, algunas tecnologías actualmente usadas en la industria editorial surgieron como respuestas a preguntas todavía no planteadas. Algo así ocurrió con la impresión digital. En esta tecnología lo que se logra es pasar directamente de la computadora dedicada al DTP al equipo de impresión; los ahorros en tiempo y el incremento en calidad son verdaderamente importantes, las etapas que se eliminan son:
• la impresión de originales mecánicos o pruebas finas,
• la imposición,
• la fotografía de cada una de las páginas del texto,
• la elaboración de la placa.
Actualmente tenemos las siguientes posibilidades en CTP:
• sistemas computadora a offset (CTO),
• impresoras digitales de color,
• prensas digitales de color.
El primero, el sistema CTO, es como la Heidelberg Quick Master DI; este sistema está basado en el offset, la página que va a ser impresa no es almacenada en forma digital, sino en la placa de impresión, la cual recibe un trato semejante al de la lámina que se obtiene en el proceso tradicional.
La siguiente posibilidad son las impresoras digitales de color o de blanco y negro para bajo tiraje, que basan su tecnología en la impresión láser. Ejemplos de este equipo son la Xerox DocuColour 40 o la Canon CLC 1000.
Finalmente tenemos las prensas digitales de color (DCP); estos equipos fueron diseñados para servicio pesado. Un par de ejemplos serían la Indigo E-Print 1000 y la Xeikon DCP/32D. En las dos últimas tecnologías, las páginas a ser impresas sí son almacenadas de forma digital.
Como se ve, ahora tenemos por lo menos cuatro o cinco opciones para los procesos de impresión. Entre estas varias posibilidades la pregunta natural es ¿cuál elegir?; incluso nos planteamos ¿cuál es mejor?; y en esta ocasión como en muchas otras la respuesta es otra pregunta: ¿para qué? En efecto, cada una de las tecnologías que hemos revisado representa, dadas sus características, particulares ventajas para cada propósito.
Mencionábamos hace unos momentos que la industria editorial y sus modos tradicionales de producción son esclavos de la economía de escala, tal es la razón por la cual representa un negocio particularmente atractivo la publicación de libros de texto o de los llamados best sellers. De los primeros los tirajes pueden ser de millones de ejemplares con casi una venta asegurada; de los segundos, al ser solamente impresión de línea, es decir, una producción no particularmente cara, y con fuertes inversiones en el reclutamiento de autores de éxito, el tiraje será siempre de decenas de miles de ejemplares. En este campo las grandes empresas transnacionales poseen mayores ventajas, ya que amortizan sus costos fijos, es decir, toda la preprensa, en sus grandes tirajes en Europa para luego en Latinoamérica lograr bajar sus precios de venta. Entonces, ¿qué ventajas representan en la industria editorial las nuevas tecnologías? La respuesta es que éstas permiten crear nuevos negocios, o no tan nuevos, pero que habían quedado olvidados por la multicitada economía de escala; estamos hablando de los tiros cortos (cabe mencionar que el concepto de tiro corto es relativo: en México es publicar menos de 500 ejemplares, en Estados Unidos podemos estar hablando de 5 000) o de la impresión bajo demanda (POD, por printing on demand). Pero revisemos un poco de historia.
Hace cuatrocientos años, en pleno siglo XVI Abraham Ortelius, en uno de los muchos talleres de artes gráficas que en esos años existían en Europa, concibió e imprimió una première mundial: un libro con 53 mapas en color, el primer atlas. El nombre del libro: Theatrum Orbis Terrarum. El libro debió de ser muy popular en esos tiempos pues fue reimpreso 33 veces. Sin embargo, el tiro no fue superior a unos cuantos cientos. Éste debió de ser uno de los primeros libros publicados en el concepto de tiro corto. ¿Cuál es la ventaja del tiro corto? La más evidente es que no existen grandes inventarios con sus consecuentes costos, financieros y fiscales; también resulta interesante saber que ya no habrá títulos agotados ya que tendremos la posibilidad de publicar muy bajas cantidades de ejemplares. Y de la impresión bajo demanda, ¿cuál es la ventaja? Ésta es una variante muy interesante, estamos hablando de producir el número de ejemplares que exactamente se van a vender. Para ilustrar el concepto veamos el siguiente ejemplo.
En el catálogo de cierta editorial hay un título que a pesar de su calidad no se ha vuelto a reimprimir pues ya se sabe que su venta no será superior a algunas decenas de ejemplares, tal vez sea algún título dedicado a especialistas o académicos o texto de estudios de posgrado, y es aquí donde interviene la impresión bajo demanda; al tener el libro en catálogo, lo más seguro es que se cuente ya con los correspondientes negativos, que fácilmente se pueden digitalizar y procesar en un equipo como la DocuTech 135. Si estuviéramos hablando de primeras ediciones, se lograría reducir la inversión primaria y se podría dar respuesta según el título en cuestión fuese respondiendo a la comercialización.
La tecnología de impresión digital nos permite llegar más lejos todavía. El siguiente paso será la impresión personalizada o libros a la carta (CB por customized books). Con relativa frecuencia, en las áreas de estudio de posgrado se requiere para un curso en particular un conjunto de lecturas que se encuentran dispersas en diferentes textos; actualmente es posible integrar una antología que cubra diferentes capítulos de diferentes títulos y de esta manera tener el libro exacto, a la medida. Desde luego, existen varios pasos previos para alcanzar este nivel, el primero de los cuales sería contar con una base de datos en la que estuvieran almacenados los textos que se usarían como fuente de información.
Para la próxima década, cada editorial con una línea de producción de corte académico deberá tener la totalidad de su catálogo vigente almacenado en forma digital. Por el momento, en México podemos decir que estamos en una etapa de transición; el punto no es la disponibilidad de la tecnología sino los costos y su amortización en un mercado que, si bien no se encuentra en crisis, no permite, con frecuencia, tener un pronóstico optimista respecto al desplazamiento comercial de la mayoría de los títulos ofertados. Sin embargo, no podemos negar que las tecnologías de las que hemos estado hablando incrementan la calidad de las actuales publicaciones y que, más aún, nos presentan la oportunidad de iniciar nuevas líneas de negocios. La conclusión podría ser que, en el umbral del nuevo milenio, el libro se encuentra bien y debidamente apoyado por una evolución tecnológica que con frecuencia parece ser sólo producto de la fantasía.
***************************************
(Publicado en El libro y las nuevas tecnologías, México, Ediciones del Ermitaño, 2001.)
Alejandro Ramírez es ingeniero de profesión egresado de la UNAM. Asistente a los talleres de narrativa breve impartidos por Felipe Garrido, ha publicado sus cuentos en la revista Los Universitarios y en El Búho, suplemento cultural de Excélsior. Ha publicado en la colección Minimalia Entre mitos y flautas, Tiempo de cuentos y Color de la noche. Fue gerente de producción del FCE y actualmente es gerente nacional de compras de Librerías Gandhi.
***************************************