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El futuro ya no es como era en el pasado; tampoco para el libro, por Víctor Salamanca

Este artículo fue publicado en El libro y las nuevas tecnologías. Se trata de una publicación independiente de Solar / Ediciones del Ermitaño. Se produce con soporte papel, pero los artículos también se distribuyen a través de boletines electrónicos. Si te interesa la versión impresa, puedes adquirirla en Gandhi y Amazon. Por razones técnicas, los artículos aparecen sin cursivas y otras características tipográficas propias del original. Se prohíbe la reproducción total o parcial sin consentimiento del editor y sin mención del autor y de la fuente.

La gran cantidad de cambios propiciados por la era digital ha afectado, sin duda, a ese instrumento que durante siglos ha puesto a nuestro alcance el pensamiento de los hombres de todas las épocas: el libro. Los cambios no sólo se refieren a la forma física de encontrar información a la que estábamos acostumbrados, o a la manera de tratar de comprender profundas ideas, o de disfrutar de las exaltaciones del pensamiento de grandes personajes. Los cambios son mayores; toda la cadena, que de una u otra forma y durante muchos años ha sido actualizada pero esencialmente mantenida, está cambiando. El significado de palabras como diseñador, corrector, tipógrafo, impresor y encuadernador, distribuidor, promotor, librero y (por supuesto) editor, ya no es el mismo. Ahora no se puede pensar en un diseñador que no tenga dominio de la herramienta con la que puede lograr mucha mayor eficiencia, la computadora, pero que no deja de ser eso, una herramienta, y que no sustituye el talento de quien la utiliza; y quien elabora un plan estratégico de promoción y distribución ha de considerar, forzosamente, que esa tarea debe incluir la posibilidad de nuevos canales de comercialización, nuevos clientes y nuevos lectores.

Los nuevos roles de los actores

Las compañías productoras de software han intentado que sus formatos digitales se adopten como norma en la industria (lo que hasta el momento parece que no ha ocurrido), y tratan de establecer alianzas con grandes consorcios editores y con cadenas de librerías. Adobe y su Acrobat Reader, Microsoft y su MS Reader, Rocket eBook, y Soft Book, entre otros, compiten por abrir brecha en el mundo del libro digital. Seguramente, en algunos meses, o quizá semanas, podría darse una nueva clasificación top.


Los nuevos editores están preparando ya todo su catálogo en formato digital, como Random House, que publicará directamente en ese formato (¿y qué va a pasar con el librero?), y también los autores-editoresvendedores, como King, que fue el primero en lanzarse a la aventura digital “publicando” y “vendiendo” The Plant en su propia página web (¿y el editor y el librero?), sembrando literalmente el terror en algunas editoriales norteamericanas.


Los nuevos libreros, con apellido .com, ya han incursionado en el segmento de la comercialización, y no sólo libreros-libreros, sino también editores-libreros.


Y los lectores, los nuevos lectores, no “los de la era del Nintendo o el Play Station”, sino aquellos que han crecido con el Game Boy o con otro artefacto que aparentemente germinó en las manos del niño-usuario. Para quien creció en el mundo de papel la transición será difícil, pero para los nuevos lectores, leer un “libro” en la computadora, o en un dispositivo porta-libro electrónico, o en cualquier otra cosa, será una progresión más natural; y quizá disminuya la problemática que Karen Murphy descubrió en una investigación realizada en la Universidad de Ohio, en el sentido de que los estudiantes que leen textos en papel tienen menos problemas de comprensión, atención y retención que aquellos que leen lo mismo pero en computadora.

Los retos y las oportunidades

El editor habrá de conducirse en otro entorno; y responder rápida y adecuadamente a escenarios diferentes de los que ya conoce, pero con una ventaja; todo el aparato tecnológico que se ha aplicado tiene un solo objetivo: igualar la simplicidad de un libro, buscando la representación virtual de las características de presentación del texto, el formato mayoritariamente vertical (contrario al del monitor de una computadora común) y hasta la simulación del movimiento al cambiar de página; prácticamente cualquier peculiaridad que pueda acercar esta nueva versión al entorno físico acostumbrado. Por supuesto, no se trata meramente de una sustitución, pues el aprovechamiento del formato electrónico debe conducir a un producto mucho más versátil, que integre la ya muy conocida característica de incorporación de otros medios.


Un asunto de gran importancia es el que se refiere a la forma de abordar estos retos. Hay que considerar que ya no se trata del mismo negocio y que entonces no pueden resolverse las nuevas problemáticas únicamente con los recursos presentes, es decir, con las mismas estructuras organizacionales, con los mismos esquemas de producción y de comercialización, y menos aún con los mismos esquemas de distribución. Si damos un vistazo al entorno local presente, ya se pueden observar grandes diferencias: En el Programa Nacional de Educación 2001-2006 está contemplada una serie de acciones para introducir a alumnos, profesores y directivos —a todos— en las tecnologías de información y comunicación; y esto incluye los métodos y medios didácticos con los que se transformará el proceso enseñanza-aprendizaje. Un ejemplo es el de generalizar, en 2002, los modelos de Enseñanza de la Física con la Tecnología (EFIT) en las escuelas secundarias públicas del país que cuentan con equipo de cómputo; de igual forma está establecida la enseñanza de las matemáticas (EMAT). Otro ejemplo es el desarrollo de contenidos en soporte electrónico para incorporar los libros de texto gratuito de cuarto, quinto y sexto grados de educación primaria al sistema Enciclomedia, para el año 2003. En estos dos ejemplos está incluida, obviamente, la capacitación de los profesores como parte de la implementación. Sin duda se abren las posibilidades para abordar nuevos campos de acción.


Pero las acciones no deben limitarse a incorporar en la cartera de asuntos estas nuevas oportunidades. Las tecnologías actuales ya pueden aplicarse para solucionar problemas actuales: no más títulos agotados o fuera de imprenta; impresión bajo demanda y libros a la carta; reducción de inventarios en almacenes; reducción de gastos de transporte; reducción o eliminación de la reprografía, entre otros.


El acervo digitalizado permitiría la rápida reimpresión en volúmenes menores que los tradicionalmente utilizados, ya sea en el esquema de tiros cortos o en la real impresión bajo demanda en el momento y en el lugar en que se requiere; esto evitaría que los compradores finales tuvieran que acudir a diferentes lugares en busca del título requerido (agotado en una zona geográfica, pero quizá disponible en otra), y permitiría que los autores y las editoriales pudieran acceder a las cantidades que dejan de percibir, que son, según ha detectado el Centro Mexicano de Protección y Fomento a los Derechos de Autor (CEMPRO) en un estudio reciente, alrededor de 7000 millones de fotocopias de material protegido por el Derecho de Autor, lo que equivale a 28 millones de libros de 250 páginas cada uno. Si cada libro tuviese un precio promedio de 100 pesos, significaría en términos financieros 2 800 millones de pesos para las editoriales y 224 000 pesos para los autores (el ocho por ciento del precio promedio) al año. Desafortunadamente, no existe información que permita conocer el número y frecuencia de títulos que se reproducen con esta técnica, ni las causas reales de tal tendencia. Por otro lado, el vender libros bajo capitulado contribuiría notablemente a reducir una costumbre que, siendo contraria a la ley, difícilmente se reconoce así por quienes la practican. Otra tarea que habrá que resolver es la jurídico-legal, para lo cual se requiere la participación de varios sectores, y en la cual están directamente involucrados los autores.


Quizá no pueda elaborarse una conclusión final, aunque evidentemente habría que tomar resoluciones que respondan con rapidez a los nuevos escenarios, donde siempre estará como protagonista principal nuestro persistente, viejo, útil y hermoso libro.

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(Publicado en El libro y las nuevas tecnologías, México, Ediciones del Ermitaño, 2001.)

Víctor Salamanca es ingeniero en Comunicaciones y Electrónica por el Instituto Politécnico Nacional. Realizó estudios de maestría en Administración, con especialización en Comercialización Estratégica, en la Universidad del Valle de México. Es perito en Cómputo e Informática por el Colegio de Ingenieros Mecánicos y Electricistas, A.C., y actual presidente de la Asociación Mexicana de Ejecutivos en Informática, A.C. Su trayectoria profesional incluye Banamex, Luz y Fuerza del Centro, y desde 1990 el Fondo de Cultura Económica, en donde ocupa actualmente el cargo de gerente de Sistemas.


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