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El cambio de paradigmas en la industria editorial ante las nuevas tecnologías, por Marisol Schulz Manaut

Este artículo fue publicado en El libro y las nuevas tecnologías. Se trata de una publicación independiente de Solar / Ediciones del Ermitaño. Se produce con soporte papel, pero los artículos también se distribuyen a través de boletines electrónicos. Si te interesa la versión impresa, puedes adquirirla en Gandhi y Amazon. Por razones técnicas, los artículos aparecen sin cursivas y otras características tipográficas propias del original. Se prohíbe la reproducción total o parcial sin consentimiento del editor y sin mención del autor y de la fuente.

Renovarse o morir. Nunca fue más vigente esta frase como ahora cuando se hace referencia a las nuevas tecnologías y a su aplicación en el proceso de elaboración de los libros. De quince años a la fecha ha habido una verdadera revolución tecnológica que ha acarreado grandes beneficios a la industria editorial, además de los cambios en las distintas etapas de la producción del material impreso en general, desde la planeación y administración de la gestión editorial hasta las distintas fases de elaboración de los libros. Hoy en día hemos borrado del argot profesional expresiones como “formación de cartones” por ejemplo, y hemos incorporado a nuestro vocabulario neologismos provenientes del mundo tecnológico como “digitalizar”, por no decir “escanear”. No son, desde luego, los únicos cambios. En la vorágine de la incorporación de nuevas tecnologías y nuevos procesos, poco a poco se han ido perdiendo o transformando oficios tradicionales casi artesanales para dar paso a sistemas computacionales sin los cuales ahora sería difícil imaginar nuestro trabajo. En poco tiempo hemos presenciado la desaparición de linotipistas, formadores de cartones y muchos otros trabajadores de la industria de las artes gráficas. Algunos se subieron al carrusel de la innovación y aprendieron nuevas habilidades, como la formación de planas por computadora; otros se quedaron en el olvido.


Esta revolución tecnológica ha impactado positivamente en los procesos editoriales, haciéndolos más ágiles y confiables, pero desafortunadamente en muchas ocasiones se ha cambiado calidad por tiempo. El cuidado que los antiguos formadores de páginas y correctores de estilo ponían para evitar la proliferación de “viudas”, “huérfanos” y “callejones” se ha dejado muchas veces a un lado en aras de la premura con que hoy en día se hacen los libros. Todos los aspectos relacionados con el diseño editorial serían impensables en la actualidad si no se contara con el equipo de cómputo adecuado y con profesionales que dominan los diferentes programas computacionales.


Ahora bien, ¿en qué afectan todos estos cambios al concepto de libro y a la organización misma de la industria editorial? Estoy segura de que estas transformaciones han ido a la par de un cambio de mentalidad, lo que ha representado la incorporación de nuevos paradigmas no sólo en el proceso de producción sino en todas las fases necesarias para hacer llegar los libros a los lectores. La tecnología ha llegado a aspectos tan específicos como la promoción, la distribución y la comercialización de los libros. Algo impensable diez años atrás es hoy en día una realidad: consultar, comprar e incluso imprimir un libro sin tener que salir de casa.


Sin embargo, con todas estas herramientas, y reconociendo la importancia de la incorporación de las nuevas tecnologías en nuestro desempeño profesional, soy de las personas que siempre han defendido el libro impreso tal como lo concebimos en la actualidad, porque sostengo que en la lectura intervienen más sentidos que la vista: el tacto y el olfato desempeñan un papel fundamental para cualquiera. Hasta la fecha ningún soporte electrónico supera en comodidad la lectura de un libro impreso, no sólo por la facilidad con que se cambian las páginas sino también por la movilidad que tiene el objeto libro, sin mencionar el tema de la experiencia táctil. Aunque nadie pueda afirmar de manera definitiva que los libros tal como los conocemos hoy en día se preservarán, estoy segura de que en la próxima década el concepto de libro y de lectura se modificarán drásticamente, al igual que muchos conceptos y costumbres de la vida cotidiana actual.


Sin ser experta en el pronóstico de escenarios futuros, considero que lo que hemos vivido hasta el día de hoy no es nada comparado con la revolución que se avecina, lo que sin duda afectará al libro y a la industria editorial no sólo como concepto sino en procesos tan importantes como la difusión, la comercialización y la distribución. Cada vez se acerca más el momento de tener libros por encargo seleccionados en una biblioteca virtual, y de poder tener acceso a ellos, incluso de manera impresa, con sólo apretar una tecla. Las librerías y bibliotecas virtuales han ido ganando espacios muy importantes, y su peso en los próximos años seguramente se irá incrementando.


Debemos estar alertas, integrar paulatinamente las nuevas tecnologías como herramientas indispensables en nuestra vida profesional, aceptar los cambios, pero en nuestro papel de lectores y editores es muy importante que nos ocupemos de la preservación de la palabra escrita.

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(Publicado en El libro y las nuevas tecnologías, México, Ediciones del Ermitaño, 2001.)

Marisol Schulz Manaut es egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Maestra y traductora, ha sido editora en diferentes centros de investigación, como el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades de la UNAM; instituciones en las que dirigió el área de publicaciones. También ha sido editora de varias revistas. Fue directora editorial de Plaza & Janés México. En 1993 se incorporó a Alfaguara como editora ejecutiva, y actualmente es directora editorial de Alfaguara, Taurus y Aguilar Nuevo Siglo, sellos del Grupo Santillana.


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