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Lenguaje y comunicación: editor-texto-alumno, por María Eugenia de la Vega García

Este artículo fue publicado en la revista Quehacer Editorial. Se trata de una publicación independiente de Solar / Ediciones del Ermitaño. Se produce con soporte papel, pero los artículos también se distribuyen a través de boletines electrónicos. Si te interesa la versión impresa, puedes adquirirla en Gandhi y Amazon. Por razones técnicas, los artículos aparecen sin cursivas y otras características tipográficas propias del original. Se prohíbe la reproducción total o parcial sin consentimiento del editor y sin mención del autor y de la fuente.

La estrecha vinculación de la lectura, la expresión oral y escrita, la gramática y la ortografía propicia en el alumno el desarrollo de habilidades idiomáticas a las que el editor le presta una atención primordial y garantiza, en los libros de texto, el propósito esencial del estudio de la lengua materna: lograr que los estudiantes puedan hablar, leer y escribir con claridad, fluidez y corrección, función que corresponde a pedagogos y docentes, pero que implica también la dedicación de quienes permanentemente, con un trabajo especializado y competente, hacen realidad el libro a partir de un conjunto de recursos concatenados coherentemente con el fin de comunicar significados.

La palabra es portadora de saber;

el saber se transmite y, por consiguiente,

el aprendizaje se genera en la medida

en que la palabra es atendida, aceptada,

leída, respetada y oída.

ARNALDO ESTÉ

Los propósitos de la lectura pueden ser: "obtener una información (de ampliación, aprendizaje); comunicar un texto a un auditorio; practicar en voz alta; disfrutar; revisar un texto (propio o ajeno); seguir unas instrucciones".

El lenguaje del libro de texto escolar y su correcta utilización influyen pedagógicamente en el alumno y en el maestro. Así, el interés por despertar en el escolar ideas y conductas adecuadas corresponde no sólo a pedagogos y docentes, pues implica también una dedicación editorial de quienes cotidianamente, con un trabajo especializado y competente, hacen realidad el libro. Pero para que un niño sea capaz de utilizar el libro de texto debe ante todo leer con el aprovechamiento que se espera de él. Esto depende mucho, desde luego, del grado de dosificación del lenguaje utilizado y de la dirección didáctica del maestro.

Para enseñar a leer se emplea en Cuba, desde 1975, el método fónico-analítico-sintético, de resultados positivos y de larga tradición en otros países donde existe una corriente bastante generalizada que apoya el uso de métodos que parten del análisis fónico del habla para regresar, en un proceso de síntesis, a la estructura oracional. En su empleo se ha tenido en cuenta que el lenguaje articulado (oral) es lo primero, y que el lenguaje escrito se desarrolla sobre la base de aquél, por lo que al utilizar el método fónico-analítico-sintético se quiere ir de lo más sencillo a lo más complejo, con el fin de lograr una mejor dosificación y graduación de las dificultades que han de vencer los alumnos. Éstos se ejercitan en el reconocimiento de cada uno de los elementos que integran el todo (oraciones y palabras) y aprenden a analizar y dividir las oraciones en palabras, las palabras en sílabas, y las sílabas en sonidos. Luego, mediante la síntesis, aprenden a integrar de nuevo las partes hasta llegar a recomponer el todo y dominar el proceso de la lectura y, pos¬teriormente, el de la escritura.

Actualmente, teniendo en cuenta las corrientes pedagógicas de mayor prestigio en Iberoamérica y en el mundo, se presta una gran atención al cometido de que la enseñanza, y por consiguiente los textos que se ponen en manos de los escolares, se corresponda con las posibilidades cognoscitivas y comunicativas de éstos y siga enfoques derivados de los avances de las ciencias psicológicas y pedagógicas, así como de la lingüística. Una línea que va tomando cada vez mayor auge es la que se refiere a la actividad comunicativa y constructiva de los educandos orientada por técnicas que tengan en cuenta su propia actuación, para que sean sujetos de su propio aprendizaje.

El autor de un libro de texto escolar debe guiarse por esas premisas si desea verdaderamente que su obra influya de forma favorable en el lector, y ha de considerar además que éste no es un recipiente en el que se acumulan todas las ideas referentes a la ciencia en cuestión, sino que debe tener en cuenta las nociones o conceptos esenciales que desea transmitir a los estudiantes, enriqueciéndolos con los datos imprescindibles y con ejemplos muy claros que permitan al pequeño o joven lector descubrir o aportar los significados complementarios e implícitos en el texto que estudia y evocar nítidamente aquello que debe aprehender primero para que constituya luego algo muy firme en el rendimiento o resultado de su aprendizaje.

El libro de texto escolar se realiza a partir de una fusión de recursos concatenados coherentemente, con el fin de comunicar sentidos a partir de letras, colores, ilustraciones, tipografía, papel, tinta, etc., y dar todo un conjunto de elementos que se combinan para evocar significados y que constituyen el apoyo fundamental del proceso docente-educativo.

El libro de texto, su contenido, depende del trabajo eficiente y tenaz del editor, y obedece a la organización interna que éste puede darle, tomando en cuenta tanto la estructura del conocimiento de la asignatura de que se trate como la fundamentación psicológica y pedagógica.

Existe la idea de que el libro de texto escolar es un concentrado de saberes, de conocimientos transmisibles, igualando la transmisión con el aprendizaje y la comprensión. Y aunque de este modo se reduzca el proceso de aprendizaje del alumno a una simple acción, la recepción de información, aprender "implica un procedimiento en el que intervienen simultáneamente las capacidades de decodificar, comprender, manipular la información y perseguir un objetivo", así como una serie de factores técnicos mucho más complejos, que el editor puede añadir haciéndolo verdaderamente efectivo.

La principal fuerza comunicativa la constituye la palabra: un lenguaje que evoque significados reales afines al alumno, que adquiere su justo valor en la medida en que refiere, denota y designa aspectos del contexto psicológico, cultural y social en que el alumno se desenvuelve. La fuerza comunicativa de una palabra no se encuentra en su representación textual o visual, sino en la capacidad que ésta tiene de evocar referencias pertinentes para el estudiante, quien ve símbolos codificados por medio de los cuales se consignan los contenidos de su memoria. Para lograr la comprensión del lenguaje en un libro de texto escolar, éste debe ser habitual y corresponderse con el utilizado por los alumnos en su entorno, en su vida cotidiana. Hay que tener en cuenta que la lengua es instrumento de comunicación, y debe denotar al alumno estrategias para comprender y construir significados.

Leer es ver, decodificar, asociar, entender, descubrir y confrontar el mensaje escrito con la propia realidad y las vivencias del lector, por eso un libro de texto es una fuente de contenidos, llenos de significación, que se identifican con las experiencias e intereses de niños y jóvenes, y son un fiel reflejo del mundo en que viven, de la cultura acumulada por la humanidad, sin tergiversar la realidad, aun cuando se trate de obras imaginativas o de ficción. Leer es pensar y aprender a pensar, dar los elementos de análisis de forma tal que sean descubiertos, lo que garantiza un proceso de asimilación que parte del libro y nutre el conocimiento del alumno. Leer es también aprender a hacer algo, enriquecerse y recrearse, "saber andar", como decía José Martí; es hacer del libro un juguete no tomado en su sentido literal sino en su verdadera esencia: "la de aquel juguete didáctico que permite ser armado y desarmado y que conduce al lector a ser protagonista de la construcción de su propio saber".

Al editar un libro de texto es necesario considerar cuál es la función que se le asigna en la actividad educativa. Sólo si el autor maneja de manera justa las posibilidades de este instrumento de trabajo, permitirá al editor elaborar un juicio adecuado de lo que debe ser el libro y sus posibilidades. No hay que olvidar que uno de los objetivos fundamentales del libro de texto es desarrollar el hábito y el gusto por la lectura, por lo que los autores deben incluir obras que motiven, "agarren" y formen a los alumnos.

El editor tendrá en cuenta que el libro de texto debe introducir métodos avanzados en el aprendizaje con su contenido y estructuración metodológica, y contribuir a la formación de una conceptuación científica del mundo; debe ser un medio de educación política, moral y estética; un arma fundamental en manos del profesor y un instrumento eficaz del alumno en el estudio de una asignatura; una fuente donde adquirir nuevos conocimientos en una materia determinada y reafirmar los que le preceden; un medio importante para el desarrollo del pensamiento, de la memoria, del lenguaje; debe orientar la atención hacia los conceptos más importantes, asegurar la posibilidad de la realización de trabajos independientes con ejercicios, problemas y actividades que permitan conocer si se han alcanzado los objetivos propuestos; debe considerar las posibilidades cognoscitivas de los estudiantes, desarrollar los contenidos en un grado accesible que despierte inquietudes hacia la adquisición de nuevos conocimientos, reflejar la estrecha relación entre ciencia y vida y, por último, ayudar al estudiante a comprender los principales problemas de la actualidad.

De ahí que la contribución editorial al perfeccionamiento de la enseñanza y el aprendizaje tenga mayor trascendencia de la que realmente se le atribuye, y sea, por consiguiente, un factor esencial e imprescindible en el desarrollo progresivo de la cultura.

Bibliografía

Doménech Pujol, Carmen, "Educar para la comunicación" (conferencia), en Pedagogía/95, Encuentro por la Unidad de los Educadores Latinoamericanos, La Habana, febrero de 1995.

García Pers, Delfina, "Breve reseña de los métodos de la enseñanza de la lectura y la escritura en Cuba", en La enseñanza de la lengua materna en la escuela primaria. Selección de temas, primera parte, La Habana, Pueblo y Educación, 1995.

Gómez, Carlos W., "Estructura y organización del libro de texto" (conferencia), en II Seminario-Taller Internacional sobre Diseño y Producción de Materiales Educativos, "Hacia un mejor libro de texto", Caracas, agosto de 1995.

Romeu Escobar, Angelina, "Lengua materna: cognición y comunicación" (conferencia), en Pedagogía/97, Encuentro por la Unidad de los Educadores Latinoamericanos, La Habana, febrero de 1997.

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