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Entrevista: Ahora soy más cínico frente a la escritura y no me interesa escribir mal: Gustavo SainzEste artículo fue publicado en la revista Quehacer Editorial. Se trata de una publicación independiente de Solar / Ediciones del Ermitaño. Se produce con soporte papel, pero los artículos también se distribuyen a través de boletines electrónicos. Si te interesa la versión impresa, puedes adquirirla en Gandhi y Amazon. Por razones técnicas, los artículos aparecen sin cursivas y otras características tipográficas propias del original. Se prohíbe la reproducción total o parcial sin consentimiento del editor y sin mención del autor y de la fuente. A partir de la publicación, en 1965, de Gazapo, el nombre y la obra de Gustavo Sainz se han ganado el reconocimiento como una de las voces más innovadoras y provocativas de la narrativa mexicana. Considerado como uno de los escritores que más ha explorado los límites de la escritura, es autor de novelas como Obsesivos días circulares, La princesa del Palacio de Hierro (Premio Xavier Villaurrutia 1974), Muchacho en llamas, y su más reciente publicación A troche y moche. Es profesor e investigador en la Universidad de Indiana y radica en Estados Unidos desde hace 22 años.
Entrevista realizada por Alida Pinón para Quehacer Editorial en 2001
¿Puede definir por qué comenzó a escribir y por qué continúa escribiendo?
A los 16 años tenía amigos que ahora son escritores famosos: Monsiváis, Sergio Pitol, Pacheco, Elizondo y José de la Colina, e hicimos una revista con Elías Nandino que se llamaba Estaciones y duró cuatro años. Después él me la dejó, pero nunca pude conseguir el dinero para seguir con la publicación. Cuando tenía 19 años escribí mi primera novela, Gazapo, pero me sentí muy inseguro de publicarla. Entonces empecé a hacer otras cosas con amigos del ámbito editorial. Por ejemplo, Joaquín Díez-Canedo, que era gerente del Fondo de Cultura Económica y después creó la editorial Joaquín Mortiz y una distribuidora que se llamaba Avándaro, me llamó para que leyera los libros que iba a editar, por lo que soy responsable de la selección de títulos de los primeros 10 años de Mortiz. Escribía las solapas de esos libros y diseñé muchas portadas. Después, cuando estuve más seguro de mi novela, se la di a leer a Guadalupe Dueñas, Juan García Ponce, Carlos Monsiváis, Elizondo, Héctor Mendoza y Ramón Xirau. Todos decían que mi novela era espantosamente mala y yo apuntaba los comentarios que me hacían en una carpeta que desgraciadamente perdí. Monsiváis me decía que fuera un narrador más convencional, legible y que primero debía encontrar un público y después hacer los experimentos que quisiera. Pero yo no escribía para pasar un examen ante el público, mis razones eran otras que no puedo definir.
Así que un día de desesperación y lágrimas decidí que escribiría como hablaba, como un miembro de la clase media idiota que vivía en la colonia del Valle y no tenía muchas cosas interesantes que decir; pero si esa escritura natural resultaba funcional narrativamente, significaba que lo había logrado, y me convertiría en escritor. Entonces se la di a leer a otras cinco personas y todos eran muy crueles. Por ejemplo, Henrique González Casanova me comentó que era buenísima, pero me dio un consejo: "guárdala en el tercer cajón de tu escritorio por 10 años y después mírala, verás qué afortunado fuiste de no haberla publicado". Pero yo quería que alguien me dijera que servía. Después se la llevé a Díez-Canedo y me dijo: "Yo te la publico y no necesito leerla porque eres mi amigo". Gazapo tardó dos años en publicarse. Un demonio mexicano Esos años fueron muy fuertes y lo cuento en un libro que se llama Quiero escribir pero me sale espuma. Son las aventuras de un personaje al que llamo "el escritor sin libro publicado", porque en ese tiempo no podía demostrar que era escritor. Cuando por fin salió el libro no pasó nada extraordinario, pero las cosas cambiaron muy rápido. La primera edición de tres mil ejemplares se agotó en tres semanas. En un mes mi obra estaba traducida al francés, italiano, inglés. A los seis meses ya estaba traducida a catorce lenguas. Se vendían tres mil ejemplares por mes, era el libro que más vendía la editorial. Una vez me dijo Tomás Doreste, que era librero de la librería Juárez: "Usted ha sido muy astuto al decir que es líder y voz de la juventud". Pero yo no había dicho nada. En Estados Unidos e Inglaterra decían que yo era hermano de los Beatles; en Alemania el letrero de la portada decía: "Un demonio mexicano: Gustavo Sainz"; en Francia llamaban a mi obra "la novela de la adolescencia". Entonces comenzó lo difícil y lo más horrible, porque catorce editores de todo el mundo me preguntaban por mi siguiente novela, y yo aún no sabía si era escritor. Lo supe cuando recibí un paquete con 15 ejemplares de mi novela en francés publicada por una editorial muy famosa, y me sorprendí muchísimo porque pensé "¿cuál es el comportamiento adecuado para festejar que ya estás confirmado como escritor?" Después me fui a Estados Unidos porque tenía una beca y ahí realicé mi segunda novela: Obsesivos días circulares, a la que llamo mi novela imposible porque no sabía qué decir, era muy difícil. Tenía 27 años y en cada hoja sufría mucho porque no sabía cómo continuar, viví muy angustiado los cinco años que tardé en hacerla. ¿Le resultaba difícil superarse a sí mismo?
Sin embargo, ahora creo que como escritor cada año estoy mejor armado, fíjate qué maravilla. Tengo más habilidad. Antes creía que en cada novela sabía escribir mejor, ahora pienso que conforme pasa el tiempo soy más cínico frente a la escritura y no me interesa escribir mal, no me importa nada; te diría que la profesión de escritor es la más agradecida de todas. ¿Se escribe para ser legible para el lector e indescifrable para sí mismo?
En alguna conferencia mencionó que uno escribe lo que a uno le toca…
¿Sus novelas son una interpretación de lo que para usted es el amor?
Entonces no sabemos muy bien qué es todavía, y yo en todas mis novelas trato de saber qué es. Es una ternura, es atención, es saber oírte, es estar mirando o ser mirado por ti. Y bien, ¿qué es? Cuando escribí Compadre Lobo me di cuenta de que lo que veía -y creía que era el amor- era lo que Octavio Paz me había dicho que era; sin embargo, fue insuficiente para mí. Por ejemplo, Octavio dice en el poema "Piedra de Sol": "si dos se besan el mundo cambia, encarnan los deseos, el pensamiento encarna, brotan alas en las espaldas del esclavo, el mundo es real y tangible, el vino es vino, el pan vuelve a saber, el agua es agua". Paz es bellísimo, es precioso, entonces pensé que el amor no es una estructura que se imponga sobre mí. Si te das cuenta, en las telenovelas que se ven mucho aquí, en todas hay largos meses de sufrimiento y la felicidad dura dos minutos. O, qué te puedo decir, en Como agua para chocolate por fin los amantes hacen el amor y ¡se mueren! Entonces, para llegar a una conclusión, pienso que la felicidad es incontable. Hice un recuento de cuáles son las novelas felices que he leído y ¡ni una! Todas son desgarradas. Entonces ¿la felicidad es improductiva? ¿Los felices no cuentan su historia? ¿O la felicidad no es un estado, es un instante? Esa podría ser otra posibilidad. ¿Qué es el erotismo para usted?
¿Cuál es la diferencia entre erotismo y pornografía?
Las mega editoriales tienen los días contados Ha mencionado que le tiene fe a la belleza, al amor, entre otras cosas. ¿A qué no le tiene fe?
Considero que el que muchas librerías hayan cerrado es en gran parte culpa de las editoriales. Al contrario de los que dicen que en México no se lee, yo creo que sí se lee. No creo en la estadística de que "cada mexicano lee un libro al año", porque están dividiendo los libros vendidos entre los mexicanos, y se les olvida que 50% de la población tiene menos de cinco años, y otro gran porcentaje vive en extrema pobreza, por lo que esta gente tiene que ser descartada. A mí, por ejemplo, me dicen que mis libros no se venden, sin embargo, me conoce muchísima gente. Las editoriales ahora le apuestan a escritores como Laura Esquivel, Ángeles Mastretta. Para publicar un libro en los años sesenta los escritores se escogían entre ellos mismos, actualmente lo hacen los agentes de ventas. Son ellos los que deciden si se publica o no una novela. Estamos perdidos por eso, porque lo que más se publica es comercial, banal. Antes se apoyaba a los jóvenes que tenían talento, ahora estamos en manos de las megaempresas que nada más quieren ganar dinero rápido. ¿Qué papel desempeñan las editoriales en el éxito o fracaso de una novela?
¿Cree que el escritor debe asumir en su obra una postura política-social o que la creación puede permanecer independiente del contexto?
¿Qué nos platica de Transgresiones, la próxima revista que hará con Solar?
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