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Ocho sonrisas verticales: pornografía o literatura erótica

El premio más prestigiado de la literatura erótica iberoamericana, La Sonrisa Vertical, podría desaparecer este año a causa de la mala calidad literaria y la falta de erotismo de los concursantes. Los escritores Huberto Batis, Alberto Ruy Sánchez y Marianne Toussaint analizan un fenómeno que tiene qué ver con un cambio radical de la cultura

I. Una boca no es una boca

“¡Pero qué mal pensado soy!”, se dijo Huberto Batis, el conocido pornotólogo de nuestra República de las Letras, un día que la portada de una novela de Tusquets lo dejó boquiabierto. “¡La foto era una trampa! —explica el autor de Estética de lo obsceno (y otras exploraciones pornotópicas); reunión de ensayos sobre literatura erótica— lo que creías que era una vagina era en realidad la boca de una niña”, dice con un gesto a medio camino entre la risa y el celo filial.

Ii. ¿tan bien cogen los escritores?

“La literatura, sobre todo la erótica, es uno de los pocos reductos abiertos a la transgresión”, acostumbraba decir el director cinematográfico español Luis G. Berlanga, creador del concurso La Sonrisa Vertical de la editorial Tusquets, el premio más importante de literatura erótica en lengua española. Este certamen de novela, creado en 1979, ha sido durante los últimos 25 años el símbolo del destape español ocurrido después de la muerte de Franco, en 1975. A fines de enero, a pocos meses de lanzar la convocatoria número 26, el propio cineasta y Beatriz de Moura, editora de Tusquets, declararon desierto el premio y manifestaron que en octubre de este año se decidirá si desaparece. El jurado, que en diferentes momentos ha tenido entre sus miembros a gente como Juan Marsé, Jorge Edwards y Camilo José Cela, decidió que los 152 concursantes, 106 de ellos españoles, pecaron de ausencia de erotismo, de mala literatura o de ambas cosas. Además de las 22 novelas premiadas —el concurso también quedó desierto en 1994 y 2002— La Sonrisa Vertical incluye la colección de clásicos y modernos de la literatura erótica con títulos como Las amistades peligrosas, de Chordelos de Laclos, y las 120 jornadas de Sodoma, del Marqués de Sade.

El premio se hizo famoso en México cuando Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, premiada en 1989, fue llevada al cine. Sin embargo hay quienes no le conceden un valor literario, como Huberto Batis, ex editor de sábado, Revista Mexicana de Literatura y Revista de Bellas Artes. Para él, “Grandes fue un fenómeno de mercadotecnia aunque hubo premios excelentes en La Sonrisa Vertical, incluso el mexicano Andrés de Luna quedó finalista con Bosque de serpientes”.

En Inglaterra los críticos otorgaron en diciembre pasado el “Premio al Peor Sexo Erótico”, que Sting entregó personalmente a Aniruddha Bahal. El escritor hindú derrotó a John Updike y a Paulo Coelho y, al parecer, hubo finalistas de sobra porque, como bien escribe Marcelo Soto, lo difícil no es tener el peor sexo sino hacerlo de forma memorable. Ante este panorama la duda se presenta corrosiva como siempre. ¿Ha triunfado la pornografía? ¿Ha muerto el erotismo? En una época en que el miedo impera y muchos prefieren el sexo con muñecas digitales en lugar de las ya muy vistas mujeres de carne y hueso, en una civilización donde numerosos matrimonios tienen como escenario previo la computadora y no la cama, hay que cuestionarse quién tiene la culpa de esta situación. Si hemos de creerle a Marguerite Duras —ella afirma en La vida material que los mejores escritores son los peores amantes y viceversa— habrá qué pensar que los concursantes de La Sonrisa Vertical andan jubilosos con su vida erótica, pero eso no impide preguntar: ¿Qué cambió en nuestros usos y costumbres amatorios? ¿Cómo se ha transformado nuestra forma de percibir el acto erótico?

En resumen, la literatura erótica es aquella capaz de despertar el deseo sexual y de proporcionar placer estético. Tan sencillo de expresar como difícil de alcanzar. Mario Vargas Llosa, cuyo Elogio de la madrastra también está publicado en La Sonrisa Vertical, dijo hace dos años al suplemento español Babelia que “no hay gran literatura erótica, lo que hay es erotismo en grandes obras literarias [...] un texto literario es más rico en la medida en que integra más niveles de experiencia”

Iii. El juez que no tuvo erección

“Erótico es una palabra que se puede decir, pornográfico no. Eso hay que esconderlo, es cochinada”, asegura Batis. “Tú me estás preguntando qué está pasando que el premio de La Sonrisa Vertical fue declarado desierto. Si yo abro cualquier periódico, cualquier revista, todo es pornografía pura: señoras en Acapulco, gordas, retratadas en ángulos obscenos y eso la gente lo ve, lo compra, lo consume. Cada año hay calendarios de las estrellitas en poses muy sugestivas que para mí no tienen gran valor, que no le van a causar la menor excitación a nadie. Aunque yo pienso que también hay pornografía de gran calidad artística. Todo mundo me dice: Eso es ginecología’, pero yo les digo que hay concursos mundiales en donde hay premiación de la mejor película, la mejor actriz, la mejor escena de cama... y eso tiene un enorme sentido también. Un juez de 80 años que está en mi libro, un gringo, dice: ‘¿Por qué han prohibido el Ulises de Joyce en Estados Unidos? Lo leí y no tuve erección, así que ese libro puede circular’. O sea, si me excita está penado porque entonces yo voy a buscar el modo de desfogarme, el modo de violar a la sirvienta o a mi tía o a mi hermanita o a ver a quién: voy a salir a la calle y voy a cometer un crimen, entonces prohibo lo que me excita”.

¿Cuál es la diferencia, pues, entre pornografía y literatura erótica? La poeta Marianne Toussaint —autora de El paisaje era la casa, y que está escribiendo actualmente un libro sobre poesía erótica mexicana escrita por mujeres— afirma: “La pornografía tiene la función de la inmediatez... el erotismo no; el erotismo escarba dentro del ser, te hace encontrarte, reconocerte, es un ritual donde, a través de la transgresión, se entra al reino de los sentidos, se borra el sujeto y sólo queda el deseo como objeto alrededor del cual gira y se arriesga todo, perdiendo historia, pasado o futuro”. Por su parte Alberto Ruy Sánchez, autor de la trilogía erótica integrada por Los nombres del aire, En los labios del agua y Los jardines secretos de Mogador, aborda el tema desde el ángulo de los códigos de comportamiento: “Pornografía es simplemente la sanción que una sociedad da a un tipo de obra y que en cada cultura es distinta. Eso no tiene que ver con lo intrínseco de la obra. Lo importante no es que sea obsceno o no, sino que haya una dimensión estética. A los artistas corresponde escaparse de lo pornográfico como una dimensión moral”.

Iv. ¿Sexo duro y puro?

“La colección de La Sonrisa Vertical tenía el sentido de romper una especie de cortina muy pesada sobre lo que la gente podía ver, pensar, sentir”, cuenta Ruy Sánchez, organizador de un foro de literatura erótica alrededor de este premio en el marco de última Feria Internacional del Libro (FIL). “Playboy cumplió 50 años, La Sonrisa Vertical 25, entonces, si los escritores están enviando textos muy provocativos sin ninguna preocupación literaria o textos muy literarios sin ninguna preocupación erótica —que no está en el rompimiento de reglas sino en el reto de encontrar a la otra persona en una dimensión mucho más rica de matices— entonces, claro, es normal que no aparezcan libros que merezcan premios. En España los escritores creen que todavía están en el destape, por eso hay mucha gente que escribe erotismo imitando lo que se necesitaba hace 25 años. Ese sexo duro del que hablas muchas veces obedece a los estereotipos del erotismo que se necesitaba imponer socialmente. El término de transgresión, tan querido para Bataille, sigue siendo usado, incluso en la crítica de arte, como un estereotipo. Los críticos no reflexionan para pensar que el erotismo es la afirmación de la vida y no la transgresión pura y dura de normas. Ese equívoco hace que no se den cuenta de que el erotismo de hoy necesita ser redefinido con sutileza pero con intensidad”, dice Ruy Sánchez.

V. Lo crudo, la poesía y los fluidos

“Me pregunto cómo puede ser que los sentidos estén disociados en el individuo y que las cosas directas y crudas sean lo que puede conmover el espíritu humano”, dice Marianne Toussaint. “Se puso muy de moda hablar de sexualidad entre las mujeres y se abusó de ello. Era necesario dar testimonio de primera mano, algo muy loable, pero el problema es que se exageró la nota y la poesía se convirtió en un recorrido genital. El poeta Guillermo Fernández hablaba, de una manera muy chistosa, sobre esos poemas espantosos en donde tienes qué tener una caja de Kleenex al lado porque te salpican todo’. Es tan fisiológico, resulta tan médico, tan anatómico que los fluidos de cada quien a mí me tienen sin cuidado, si no me producen una evocación que vaya más allá. Este recorrido genital me parece preocupante porque es de arranque muy violento y de alcances muy cortos, igual que hacer el amor. Y entonces la sensualidad, con su magia y su complejidad, queda nulificada por la brutalidad. Esto se refleja en la inmediatez de las relaciones, del cambio de pareja, o sea que no hay profundidad. Yo creo que en este momento se vive un mal tránsito dentro de la literatura. Si vemos los grandes premios españoles de narrativa hay una inmediatez, son textos chatos que tú dices bueno, sí, me entretuve pero... ¿qué me dejó? No me acuerdo’. El erotismo que a mí me importa es el de los griegos, esa etapa en que adoran a una piedra sin forma, hija del caos. Eso es precioso, no tiene nada qué ver con Cupido. El Occidente ha ido más hacia la inmediatez que propusieron los romanos. Toda la violencia soterrada, toda la complejidad inconsciente, subconsciente, intelectual, está en el erotismo y no puede desaparecer. Espero que este cambio —porque sí es un cambio de actitud, un cambio de reconocimiento del ser humano en la sexualidad— no cancele todo lo que hemos formado bien o cree un abismo brutal entre las generaciones”.

Vi. Acto amoroso para niños

Una primaria particular no católica invitó a Ruy Sánchez a comentar con los niños de quinto de primaria las escenas eróticas de sus libros. “Oye, es un poco fuerte para ellos”, dijo el novelista a las autoridades escolares. La respuesta le sorprendió: “De todas maneras van a enfrentar descripciones del acto amoroso. Más vale que sepan diferenciar cuándo se pueden acercar a eso con poesía”. “La sensibilidad ha cambiado en los últimos 25 años y esta experiencia equivale a la introducción de la poesía en el acto amoroso, no como una declamación cursi sino como la poesía del encuentro con el otro cuerpo”, comenta este novelista en cuyo proyecto narrativo “trata de dar un valor a la vida interna del acto amoroso porque hay en él una gran parte de delirio y, también, porque es lo que hace que cada vez que hagamos el amor sea diferente. Se necesita tener una noción más sutil del erotismo en la cual lo importante no sea mostrar lo prohibido sino vencer la propia sensibilidad. Para mis propias novelas yo hablo mucho con mujeres y con hombres. Ellas me dicen que el gran problema ya no es la prohibición externa sino el egoísmo masculino”.

Vii. Bodas y espejos

“¿Quieres que te hable de esta colección?”, pregunta Alberto Ruy Sánchez con cierto brillo en la mirada al tiempo que muestra la portada de La huella del grito, publicado en Minimalia Erótica. El también director de Artes de México explica que la colección les ha representado a los escritores “la oportunidad de continuar la obra acompañada de imágenes que verdaderamente representen una boda entre la ilustración y el texto. Por mi parte traté de llegar a un erotismo abstracto, si ves bien esto es casi un cuadro abstracto”, dice mostrando una foto del libro donde aparentemente hay dos espirales. “Pero está la piel y se ve que son un hombre y una mujer. Somos prisioneros de la imagen, todos los actos amorosos pueden ser vistos como si fueran una película o fotografía erótica. Visto desde fuera, el erotismo de los espejos, por ejemplo, todo se vuelve el mismo acto mecánico mientras que lo importante es que uno está delirando completamente. Yo trato de describir eso y cuando me propusieron hacer lo mismo con fotografía, me di cuenta que lo único equivalente es tratar de llegar a un acto erótico abstracto a partir de una pareja. Y, claro, el cuerpo se vuelve metáfora de sí mismo. Esta imagen, donde es evidente que se fotografiaron dos manos, puede ser mucho más fuerte que otras más obvias porque el cuerpo se vuelve escritura, una dimensión importante en el arte. El erotismo no está muerto porque hay vida, porque seguimos haciendo el amor y no sólo enamorándonos sino deseando locamente otros cuerpos. Lo importante es encontrar nuevas maneras de describirlo, nuevas maneras de pintarlo y retratarlo para encontrar nuevas dimensiones”.

VIII. ¿Censura afrodisíaca?

“Escribo La estética de lo obsceno para contrarrestar aquel movimiento de De La Madrid que se llamaba la renovación moral, una bomba de tiempo que le había dejado López Portillo (q.e.p.d.), motivo de un escándalo de intelectuales porque había un reglamento donde no se podía ver ni cine ni teatro ni libros ni nada. A esta edición le pongo que estamos en un tiempo similar con Fox y Abascal, pues ha habido la persecución de la maestra que dio a leer Aura de Carlos Fuentes. Y es que lo que molesta es el erotismo inteligente”, remata Huberto Batis, de pie en su estudio junto a una reproducción fotográfica en tamaño natural de Bibi Gaytán. Cierra su Estética de lo obsceno (y otras exploraciones pornotópicas) y explica que “pornotopía es el topos uranus cambiado a topus eroticus y pornotopía es el país del erotismo”. Luego nos muestra el efervescente collage de fotografías eróticas que hizo hace 30 años en el techo del sótano de su casa. Desde allí nos despide Meche Carreño con su picante sonrisa de los años 60. Ni dudarlo. México es ya otro país.

Minimalia erótica

La modelo sin liguero
Desde hace un par de años el público lector se ha acostumbrado a ver por ahí las imágenes fotográficas de ciertos escritores mexicanos acompañados de una bella muchacha desnuda que se llama Leda Rendón. No sólo eso, también las escritoras figuran al lado de la modelo, en la colección Minimalia Erótica de Ediciones El Ermitaño. Todo comienza con la colaboración entre Alejandro Zenker, director y fotógrafo de Solar Ediciones, y la editora Ivonne Gutiérrez Obregón. Esta última, viendo que Zenker hacía ensayos fotográficos con Leda Rendón, pensó en invitar a los escritores a las sesiones para que después escribieran algo. ¿Por qué no un modelo masculino para las mujeres?, pregunta MILENIO Semanal. “Lo han pedido Margo Glantz y otras escritoras primero”, responde Gutiérrez, “y primero se lo propuse a Demián Bichir, quien mostró empatía hacia el proyecto pero no quiso desnudarse. Después he pensado en gente anónima, pero no ha habido el modelo que me entusiasme”. En marzo aparecerá el título Las medias fantasmas de Leda R., de José de la Colina, asiduo colaborador de Milenio desde su fundación en el 2000. “El erotismo está más vivo que nunca”, enfatiza Zenker, “el que nosotros estemos trabajando en una colección tan sabrosamente cachonda como ésta lo demuestra”. Termina: “Nos concebimos como un cuarteto transgresor —fotógrafo, editora, modelo y escritor— que vive un proceso muy interactivo”.

¿Literatura erótica para hombres?

Leda Rendón Trocherie es la modelo de la colección Minimalia Erótica en donde se han publicado 46 títulos eróticos acompañados de las fotografías de Alejandro Zenker, director de la editorial. En cada libro Leda y el escritor en turno experimentan con la desnudez para que emane de esa experiencia un relato o poema. En esta entrevista Leda cuenta su experiencia de casi tres años con toda clase de escritores vestidos y desvestidos. Un experimento en el que han participado gustosos los miembros de varias generaciones —como Alí Chumacero y José de la Colina— y que no deja de parecer poco serio, más bien mercadotécnico, a varios de los que no quisieron participar.

¿Qué significa para ti Minimalia Erótica?

Primero que nada ha sido un acercamiento al mejor conocimiento de mi persona, de mi expresión como mujer y como actriz. Este proyecto lo tomé como un ejercicio actoral en donde lo que sucedía en las sesiones de fotografías era como lo que sucedía en el escenario: estaba haciendo una puesta en escena de un acercamiento entre la cámara y otra persona. Significó explorar otra forma de teatralidad con mi cuerpo y mi expresión facial. En varios de los libros se hizo una pequeña puesta en escena, como con Hernán Lara Zavala que quería escribir sobre una mujer lisiada que él conocía en el Metro y con la que tenía un romance como en la película de Crash. Yo traía un collarín, una muleta, una prótesis para el brazo y él se puso un parche negro. Ha sido una forma de teatralidad lo que me ha dejado este ejercicio que duró casi tres años.

¿Hay alguna diferencia en el comportamiento entre hombres y mujeres durante la sesión?

Justo ahora estoy haciendo mi tesis sobre feminismo. Aunque hay una mujer que está proponiendo algo, sigue siendo una mujer desnuda a los ojos de esta sociedad. Este mundo literario mexicano tan efervescente giró un poco en torno a este proyecto, pero quiero que quede muy claro que es una propuesta muy femenina y abierta.

¿Te sirvió para conocer más tu sexualidad?

Me enseñó a conocer mi capacidad de querer y mimetizarme con la otra persona. Eso es más enriquecedor. El amor y la entrega me ayudaban en las sesiones.

Los lectores masculinos querrán saber si hubo escritores que te atrajeran sexualmente...

Sí, claro. Teníamos qué poner cosas picantes, ¿verdad? Bueno, Alberto Ruy Sánchez es muy sexy. Tiene una plática totalmente seductora y yo decía “Dios mío, qué voy a hacer cuando tomemos las fotos”. La primera sesión estuve supernerviosa porque Alberto quería hacer un baile y agarrarme fuerte las nalgas. “No, no”, decía yo. Fue muy complicado.

Publicado por zenker, 24.02.2004, 10:56 PM


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