ENTREVISTA a Josefina Estrada en ESCRIBO POR QUE SI.....
Entrevista realizada por: Yolanda Saasson
Guión de la entrevista: Jenie Ostrosky
http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar2008/educontinua/lengua_comunicacion/palabraescritor/iprincipal/escribo.htm
¿Por qué escribes?
Soy consciente de que el mundo puede vivir sobradamente sin mí y sin mi escritura, pero yo no puedo vivir en paz conmigo mismo si no escribo. Y si no estoy bien conmigo, ya no lo estuve con nadie. Escribo para vivir en armonía conmigo misma. Llega el momento en que no me hallo en ningún lado si no me siento a escribir. Dicen que el escritor es un inconforme, un ser a quien no le gusta la realidad que vive y necesita inventarse mundos nuevos. No sé si sean mejores los universos que creo, pero al menos puedo controlarlos, explorarlos, sin hacer daño a nadie.
¿Para quién escribes?
Para mí. Yo soy mi primera lectora. Si el texto no me gusta lo mando al cesto de basura de la computadora. O lo guardo por años. Todo escritor tiene, o debiera tener, cientos de cuartillas en el cajón. No por escribirlas ha perdido tiempo sino que ha adquirido oficio y redundará en mejores trabajos posteriores. Sólo cuando escribo cartas pienso en el remitente. Al escribir, uno debe olvidar el pudor y dejar a un lado la autocensura porque los resultados serían desastrosos: un texto más propio para leerse en el púlpito de una iglesia. La libertad es la única condición que me impongo al escribir. A final de cuentas se escribe a partir de nuestra propia moral y ética; serán más amplias en la medida en que nos apeguemos a la estética, a la belleza.
Para ti, ¿escribir es una profesión, un oficio o una afición?
Es una profesión que requiere oficio como cualquier otra. Aquel que escribe por afición, seguro tiene una profesión. O considera que hay que escribir cuando las musas lo distingan. He conocido a muchas personas que por el solo hecho de juntar palabras una detrás de otra, cree que sabe escribir. O porque ha conocido la maravilla de ordenar las vocablos bajo una especie de hálito divino, y por eso supone que su texto es literario. Y cuando se les señala errores de todo tipo se sienten lastimados y no desean corregir su texto porque lo consideran perfecto. Y si lo corrigen, entre más trabajan en él, más se aleja de la versión original y les resulta muy frustrante. Muchos abandonan la tarea. Lo que quiero decir es que la escritura es una tarea interminable y requiere mucha dedicación. Sólo puede llamarse escritor aquel que considera que al escribir realiza una actividad vital, que no puede vivir sin escribir, sin imaginar. Sin leer.
¿Cómo relacionas la escritura con la lectura?
No se da una sin la otra; van de la mano. La lectura perfeccionará siempre la escritura, el lenguaje y el pensamiento. Nuestra calidad humana. Pero si sólo se es lector y no se escribe, jamás se podrá dominar el oficio, es como el cirujano que no opera.
Al escribir, ¿piensas en el lector?
¿Cómo saber quiénes serán mis lectores? En todo caso, jamás los subestimo. Nunca hay que suponer que son tontos o inferiores. Siempre debemos suponer que su inteligencia es igual o superior a la nuestra. Solamente pienso en los lectores cuando me piden un texto para determinado tipo de público o para un libro colectivo con características muy definidas.
¿Tienes algún método para escribir?
Si lo que voy a escribir es un trabajo narrativo, primero escribo un esbozo del personaje, cómo debe empezar y terminar la trama. Durante algún tiempo pienso todo lo referente al personaje: su ambiente, su vocabulario, su físico. Y cuando ya lo estoy escribiendo, hago todo tipo de anotaciones en una libreta. Incluyo canciones, dichos, frases… En realidad, todas mis actividades, aun las más triviales, como ir al supermercado, las aprovecho para algún pasaje que esté trabajando. El universo que estoy creando se convierte en una obsesión que no puedo ni quiero abandonar. Y todos cuantos me rodean tienen que sufrir esa obsesión o, por consideración, debo guardar silencio. A esos momentos me refiero cuando digo que no hay sitio para mí en la tierra que no sea ante el escritorio.
Para escribir, ¿tienes algún horario o rutina?
Escribo a cualquier hora; prefiero hacerlo en mi estudio, a solas. Pero cuando estoy en la fase final de un trabajo largo mi dedicación es absoluta. Dejo de dormir y hasta de comer. ¡Hasta dejo de beber café! Lo digo yo, que sin café no puedo echarme a andar. Casi nunca escribo a temprana hora. Prefiero la madrugada y la noche para trabajar.
¿Haces manuscritos o trabajas en computadora?
Trabajo directo en la computadora y tomo notas todo el tiempo. Cada libro que he escrito le he destinado una libreta de apuntes. Mis primeros cuentos fueron escritos a mano y en hojas sueltas; los pasaba en limpio en máquina mecánica. Sobre las cuartillas hacía correcciones. Repetía este procedimiento decenas de veces para escribir un cuento de diez cuartillas, en su versión final. En computadora no sé cuántas sean las versiones de cada trabajo; tampoco me interesa conservarlas. Sólo cuando hago entrevistas o estoy observando una realidad concreta escribo anotaciones a mano. Escribo tan rápido, sin embargo, que corro el riesgo de no descifrar mis apuntes.
¿A quién se parecen los personajes de tus textos?
A nadie porque son la suma de mi personalidad y de la gente querida, desdeñada o temida por mí. Es posible que la gente cercana a mí descubra a la persona en quien me basé para crear a algún personaje; en términos generales me parece muy pobre el criterio de quien cree que trasladé literalmente la realidad sin darle tratamiento literario. Sólo algunos géneros periodísticos permiten esa transferencia. La literatura necesariamente surge de la realidad; es su fuente. Pero con suma frecuencia la realidad es demasiado inexplicable para que tenga el orden, el tiempo y el espacio en el que necesariamente está circunscrito cualquier texto literario.
¿Hay algún episodio o persona de la vida real que te haya impulsado a escribir?
Es probable que mi trabajo en la Dirección de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes haya sido determinante para que empezara a escribir. Tenía 20 años. Estaba rodeada de jóvenes que estaban iniciándose en las letras. Asimismo era cotidiano mi trato con escritores ya formados. Mi cercanía con Gustavo Sainz -director de Literatura y maestro en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)- también fue fundamental. Sin embargo, vi pasar a decenas de personas que ahí trabajaron y no se hicieron escritores. Además, conozco casos de jóvenes escritores que ya no siguieron escribiendo. Escribí mi primer cuento a los 22 años con la intención de obtener una beca para escritores por un año. La gané y así se inició mi trayectoria. No podría afirmar que me hubiese convertido en escritora si hubiera colaborado en otra institución. Pero es contundente que mi permanencia de 15 años en Literatura me permitió el contacto con las letras y el trabajo editorial de una u otra manera.
¿Escribir es una forma de conocimiento?
Por supuesto. Una manera de acercarse al ser humano. Y no hay ser humano más complejo y cercano que uno mismo. De nadie aprenderemos más y mejor que de nosotros mismos. De todos los demás aprenderemos si tenemos los canales abiertos para comprenderlos. Para elaborar ciertos personajes es necesario estudiar diversas ramas del arte y la ciencia. La investigación es más evidente cuando abordo los géneros periodísticos.
¿Crees en la inspiración?
Sí. En términos metafóricos puedo decir que es el resultado de la pasión. Sin ella no habrá inspiración. Y para vivir con pasión hay que saber convivir con diablos y ángeles. Y arcángeles, los más terribles, por su belleza extrema. Con almas en pena. Con los vivos y con los muertos. En un sentido más estricto puedo decir que la inspiración viene después de pensar mucho sobre el tema, de estudiarlo, de empaparse. Es entonces cuando las ideas empezarán a fluir aun en sueños. En los insomnios.
Algunos afirman que escribir es doloroso, ¿lo es para ti?
Rigurosamente no lo es. Lo que resulta doloroso es la experiencia punzante que se desea plasmar. No es sencillo narrar la tristeza, el desamor, el abandono, la decepción, pero en la medida en que se va hallando la palabra correcta para describir las emociones atormentadas, se irá perdiendo el origen del sufrimiento, y ya no estaremos en los terrenos de la literalidad, de lo personal, sino del sentimiento universal, común a todos los hombres.
¿Cuándo descubriste que eras escritor? ¿Cómo escribiste tus primeros textos?
De alguna manera ya lo respondí en la pregunta 10. Yo creo que tardé muchos años en decidir si quería ser escritora. Mis textos ya aparecían en antologías y yo seguía dudando. Puedo decir que a los 30 años decidí ser escritora profesional, y que a la escritura le iba a dedicar mis mejores esfuerzos, que sólo trabajaría en aquellas ocupaciones que me permitieran seguir leyendo, escribiendo, y pensando.
Mis primeros textos eran pésimos. Por ello, me provocaban una profunda depresión y frustración. Porque había ganado una beca para escritores, pero los meses pasaban y yo no conseguía escribir ningún cuento más. Tardé ocho años en terminar mi primer libro de cuentos. Y se publicó diez años después de haber ganado esa beca. Con el tiempo supe que para ser cuentista se requiere gran oficio y disciplina mental, y otras características que sólo con el ejercicio del género se van adquiriendo.
¿Cuáles han sido o son tus grandes problemas en la escritura?
Mi gran problema es escribir bien. Y cumplirlo lleva su tiempo. Nada me obliga a entregar a la imprenta asuntos mal elaborados. Ninguna empresa editorial me está correteando para entregar una novela que está nominada para un gran premio. Entonces, no tengo ansia de fama ni reconocimientos de relumbrón. Me interesa que cada libro mío sea un conocimiento para el lector, que el texto no envejezca. La aspiración es ambiciosa. Por eso trato de no ser condescendiente, de no regodearme en verbosidades que suenan bonito pero no dicen nada. A mí me gusta narrar, no hacer ejercicios sosos e intelectualoides. Los textos que son mera palabrería me aburren.
¿Te ha sido fácil dominar la gramática?
No. Creo que nunca la voy a dominar. No soy un estudioso de la gramática. No me apasiona ese conocimiento, como sí le sucede a mi esposo, Sandro Cohen, que le fascinan esos temas. Todas mis dudas son resueltas por él. Aprovecho su cercanía. No sé si está mal, pero aprendo mucho de sus observaciones. No puedo negar que a su lado me he ido formando como escritora. No quiero decir que bajo su tutela sino paralelamente, una de las muchas ramas de conocimiento que hemos emprendido juntos. Si me hubiera casado con un odontólogo no sé si me hubiera hecho escritora. ¿O me casé con Sandro porque quería ser escritora? Aunque él tuvo otra esposa que para nada le dio por la escritura…
Cuando estás en el proceso de escribir, ¿te retroalimenta la lectura de otros autores?
Me parece que siempre estoy en el proceso de escritura aunque no escriba. Cuando estoy profundamente dedicada a la hechura de un libro no tengo cabeza ni tiempo para leer nada ni a nadie. Cuando me saturo es cuando leo poesía o el periódico; curiosamente, siempre encuentro una idea relacionada con lo que estoy escribiendo. En términos generales he perdido la inocencia de lectora. Cuanto leo es en función de perfeccionar mi propia escritura, para adquirir malicia literaria.
Una vez que tu texto está terminado, ¿lo revisas?, ¿se lo das a leer a otros?
¿Qué piensas de la autocorrección?
Cuando termino un libro lo reviso varias veces y después se lo doy a leer a varias personas. Escucho atentamente las observaciones y regreso al texto para aplicarlas. En términos generales doy a leer el texto o libro ya terminado para aprovechar la impresión primera del lector. El último lector es Sandro. El texto llega a sus manos cuando ya está muy pulido y trabajado. Considero que mi escritura se enriquece mucho con las reflexiones de familiares y amigos.
Pese a todos mis cuidados, cuando se publica el texto veo de inmediato la falta y me da pena y coraje conmigo mismo. Se dice que se publica para dejar de corregir, pero en mi caso, a pesar de la publicación, yo sigo corrigiendo para la segunda impresión si fuera el caso. A veces, me sucede lo contrario: me sorprende lo bien que vislumbré conocimientos de vida que todavía no adquiría cabalmente.
¿Cuál crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
Son útiles para hallar retroalimentación y para conocer atajos. El coordinador da una guía para mejorar el texto, sugerir lecturas. Para dar una luz al principiante en un camino que a veces parece tan negro y solitario, que no puede sino conducir al abismo.
Si estuvieras en una isla desierta, ¿qué libro te gustaría que te acompañara?
La Biblia. Es un libro que siempre nos dará una lectura diferente, dependiendo de la experiencia de vida que vayamos adquiriendo.
¿Qué opinas de la relectura?
Como decía arriba, a la relectura de los clásicos vuelvo siempre porque constantemente nos dicen algo nuevo. En el caso de la propia literatura, a veces, como ya dije, resulta vergonzosa por lo errores que hallo. En otras, me sorprende la malicia, la inteligencia o la intuición sobre algunos temas. No quiero decir que busco la autocomplacencia sino que a veces es gratificante recordar que esos textos no fueron sencillos, que también costaron mucho trabajo, pero por el resultado pareciera que fue sencillo. Es bueno que a veces lo recordemos.
¿Cuál es tu experiencia más afortunada con la escritura?, ¿cuál es la más desafortunada?
Creo que todos mis libros tienen dosis de fortuna y contrariedad. No creo que los libros sean resultado de un pase de la varita mágica; en su escritura hay momentos de desaliento y naufragio. Digamos que es la norma de la escritura, de todo trabajo. Los más desafortunados, no los he publicado. Aquellos en que hallé la solución son los que vieron la luz. De esta manera evito la vergüenza pública. Por eso tardo tanto en entregar los originales a la imprenta.
¿Nos quisieras hablar libremente de tu obra? ¿Qué libros escritos por ti son tus favoritos y por qué?
He publicado varios libros de literatura y periodismo, entre los que se cuentan Malagato (cuento, Plaza y Valdés, 1990), que fue muy bien recibido por la crítica; el máximo halago que se decía por doquier era: "Es un libro tan bueno que parece escrito por un hombre". Varios de esos cuentos han sido antologados y traducidos. Para morir iguales (crónicas, Editorial Planeta, 1991) es una selección sobre personajes de ciudad que publiqué semanalmente en el diario unomásuno. En Desde que Dios amanece (novela, Joaquín Mortiz, 1995) desarrollo la relación de una mujer casada con su amante, un hombre gordo, simpático y cínico. El sentido del humor de la mujer transgresora no fue del agrado de la crítica; es mi libro menos reseñado, pero el que más ha inquietado a las mujeres y ha molestado a la vasta mayoría de hombres que creían poseer un amplio criterio. Virgen de medianoche (novela testimonial, Patria, 1996) versa sobre la vida de un prostituta judía, de la clase media alta; su lenguaje desenfadado y brutal ha cautivado a los lectores, especialmente a los jóvenes universitarios. Joaquín Pardavé. El señor del espectáculo (biografía, Clío, 1996) los tres tomos fueron escritos a partir de una prolija investigación documental y entrevistas. En 1999 tuve el honor de preparar el libro Breve antología. Ricardo Garibay, el cual fue obsequiado por la Asociación Nacional del Libro, el Día Nacional del libro de ese año. En el año 2000 publiqué en Editorial Colibrí y el Municipio de Nezahualcoyótl cuatro libros sobre los artistas de ese municipio. En la misma editorial, en julio de 2002, apareció el libro colectivo Mujeres de Oriente, del cual soy editora y antologadora; los textos fueron escritos por las mujeres del taller que impartía en el Reclusorio Femenil Oriente. En enero 2003 apareció Señas particulares. La muerte violenta en la Ciudad de México, el cual obtuvo el primer lugar del Concurso de Crónica Urbana Salvador Novo, 2002, convocado por la Secretaría de Cultura, la Sogem y la Caniem.
Mis libro preferidos son Malagato y Desde que Dios amanece por el trabajo que me costaron para conocer el género de cuento y de novela, respectivamente.
¿Deseas agregar algo a esta entrevista, o dar un mensaje a los jóvenes?
Quisiera decirles que la lectura de literatura les dará la posibilidad de vivir muchas vidas y universos que nuestra sola existencia no nos puede dar. Leyendo serán mejores seres humanos y estarán mejor capacitados para conocerse a sí mismos y a quienes los rodean. Pero si mi discurso no los convence, entonces les diré que podrán enamorar más y mejor a la persona amada.