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Las BUHEDERAS de Guillermo Fárber

VISITA el historial de artículos de análisis político que Guillermo Fárber ha escrito desde 1998 como columnista en diversos periódicos del país, aplicando su fino humor y haciendo gala de sus atinadas investigaciones. Su columna se titula: "BUHEDERA".

Explico el significado de la palabra. "Buhedera" (1884) o "buhera" (1630) es una voz castiza en desuso. Nombra a una tronera (agujero, ventanuco) en los muros exteriores de un castillo o fortaleza, desde la cual es posible "buhar" (observar, vigilar: verbo también arcaico) al enemigo y lanzarle flechas cuando se asome. (Otras voces afines: buhardilla, buhonero y obviamente, búho.) Una columna periodística es eso: una especie de buhedera que permite la labor del francotirador vigilante y asaeteador que debe ser por oficio todo columnista.

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EMAIL: gfarberb@gmail.com

GUILLERMO FÁRBER PRESENTÓ SU NOVELA ERÓTICA “TE VI PASAR” (Abril 2008)

Con casi 40 años en el medio, de los más de 30 libros que ha escrito, éste se distingue por ser su primera incursión en el género erótico.

Te Vi Pasar- Guillermo Farber (10 Abril 7pm) OK Crop.gif

México, D.F. a 14 de abril del 2008.- A punto de cumplir 40 años de trayectoria en el medio, Guillermo Fárber, reconocido periodista, comentarista y escritor, se vio acompañado el pasado jueves 10 de abril de un grupo de escritores como Sandro Cohen (Redacción sin dolor), Josefina Estrada (Joaquín Pardavé: El hombre del espectáculo) y Arón Gilbert (El último sobreviviente). El objetivo fue celebrar la publicación de la novela de Guillermo Fárber: Te vi pasar. Fungió como moderadora una cercana amiga del escritor, la Dra. Lidia Pérez López, ex-locutora del programa Lidiando el futuro y la nueva conciencia (Radio Red).

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Los participantes se dieron cita en un hermoso recinto cultural, Donceles 66 de el centro histórico, el cual lució impecable y perfectamente organizado. Francisco Vargas y Laura Bárcena de relaciones públicas del lugar fueron excelentes anfitriones. A pesar de los bloqueos obradoristas de ese día, la concurrencia se dejó notar al igual que los medios de comunicación.

De los más de 30 libros que ha escrito Guillermo Fárber, éste se distingue por ser su primera incursión en el género erótico. La velada suscitó polémica. Los presentadores y el público vertieron sus diferentes opiniones acerca de la historia contada en la novela, que está inspirada, por inverosímil que parezca, en una nota periodística que el autor leyó a finales de los años ochenta, sobre un incidente ocurrido en un pueblecito de Ecuador.

De esta manera, Ediciones del Ermitaño continúa con la publicación de nuevos títulos de la colección de Minimalia Erótica en la que alternan los textos de los autores con la fotografía de Alejandro Zenker, emanada del proyecto La Escritura y el Deseo, donde más 50 escritores han participado y más de 20 títulos han sido publicados.

Al final de la presentación, Laura Rojo de Ediciones del Ermitaño, anunció a la audiencia un video que mostraría al público la sesión fotográfica entre el escritor y la modelo Laetitia Thollot. Así, una a una fueron apareciendo, al ritmo cadencioso de Sur: Regreso al amor , un delicioso tango de Astor Piazzola, las imágenes provocadoras entre escritor y “musa”, muchas de las cuales ilustran este libro. Posteriormente se ofreció un agradable coctel, donde los invitados departieron con vino blanco alemán hasta las once de la noche, escuchando la música de los boleros que acompañan la novela Te vi pasar, citados por el autor en forma de pequeñas estrofas al final de cada capítulo.

Cabe mencionar que el mes pasado, la novela fue llevada a la Feria del Libro y las Artes 2008 de Mazatlán (FELIART), posteriormente se presentó entre un grupo de cercanos amigos al escritor en el DF. Esta vez tocó darla a conocer a los medios de comunicación y al público en general.

DISPONIBLE EN Librerías Gandhi del DF (Sucursales: Miguel Angel de Quevedo, Madero, Lomas , Bellas Artes), Guadalajara y Monterrey.

En Gandhi en la WEB también se puede pedir a domicilio en: http://www.gandhi.com.mx/index.cfm/id/Producto/dept/Libros/pid/333344

En Mazatlán: Librerías Caracol

Para mayor información:

Proyecto: La Escritura y El Deseo
http://www.solareditores.com/alejandrozenker/textos/la_escritura_y_el_deseo_en_una.php

OTRAS PUBLICACIONES de Guillermo Fárber

LIBROS• Quince cuentos de hoy (coautor), Cuadernos de lectura popular, SEP, México, 1970.
• Los medios de comunicación masiva en el pensamiento de Herbert Marcuse, tesis profesional, UIA, México, 1974.
• Elogio de la locura de un ave desairada, Ed. Costa-Amic, 1976.
• El mexicano, diseñado por el enemigo, Ed. V Siglos, México, 1976.
• El miccionario Morones, Ed. V Siglos, México, 1978.
• La computadora domada, Ed. Transtal, México, 1979.
• Roque Toribio Pingüino, Ed. V Siglos, México, 1981.
• El cerebrito de bolsillo (manual de la calculadora portátil), Ed. Posada, México, 1982.
• Al pie de la letra: algunas lecturas inevitables en teoría de la comunicación (compilación), Ed. Transtal, México, 1984
• Más diseños del enemigo, Ed. PAC, México, 1986.
• Más allá de lo imaginado (antología de ciencia-ficción mexicana), Fondo Editorial Tierra Adentro, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1990.
• Epidramas, Ed. Transtal, México, 1991.
• A imagen y semejanza (novela política), Ed. Siglo XXI, México, 1992.
• Epidramas (2a. edición), Ed. Claves Latinoamericanas, Méx, 1992.
• Política de Competencia en México: Desregulación Económica 1989-1993, Fondo de Cultura Económica, México, 1993.
• Te vi pasar (novela), Ed. Planeta, México, 1996.
• Francisco R. Serrano: un héroe desconocido de Sinaloa, Ed. El Colegio de Sinaloa, 1996.
• Tres candidatos en busca de una ciudad (coautoría), Edit. Cuatro Vientos, México, 1997.
• Adiccionario del chacoteo, Edit. Sansores y Aljure, México, 1997.
• Zorros, jaguares y chacales: crónica de la inseguridad pública en México, (coautor), Times Editores, México, 1997.
• Fobaproa: bomba de tiempo (coordinador y coautor), Times Editores, México, 1998.
• Recuentos del Éxodo (microficciones), Times Editores, México, 1999.
• Kubrick´s 2002 (cuentos), Ed. Grafik-La Tinta Indeleble, México, 2000.
• Recuentos del Génesis (minitextos nostálgicos), Ed. Grafik-La tinta indeleble, México, 2000.
• La nueva crisis de México (en colaboración), Ed. Aguilar, Colección Nuevo Siglo, México, 2002.
• ¡Déjate de Pendejadas!, Ed. Excélsior, México, 2003
• Botón Rojo: la Gran Depresión Mexicana, EDAMEX, México, 2003.
• Fox: A la Mitad del Camino (en colaboración), Ed. Aguilar, Colección Nuevo Siglo, México, 2003.
• ¡Déjate de Pendejadas!”, Ed. Gato Azul, Bogotá, Colombia, 2004
• Puente de plata, Ed.UNAM - Asociación Cívica Mexicana Pro Plata A.C., México, 2004
• Te vi pasar, Ed. del Ermitaño, 2a edición, México, 2008

PERIODISMO
Director del boletín escolar “El faro” en 1965. Miles de artículos, columnas y epigramas en diversas revistas y periódicos nacionales desde 1969: Excélsior, El Economista, Novedades, Últimas Noticias, Unomasuno, El Ciudadano, El Sol del Pacífico, El Sol de Acapulco, Verdades, Vuelta, Contenido, Plural, Eros, Él, La Capital, Teleguía, Natura, Época, Ciencia y Desarrollo, Revista de Revistas, Rhino, Rhumor, Surge, Umbrales, Estacosa, La Carpeta Púrpura, La Carpeta Política, Forum, A quien corresponda, 7Cambio, Ahí, Fax-lnternet, Viva, Perfiles Liberales, La Crisis, El Periodista, Paralelo 23, El Reto, La Soldadera, Luces del Siglo, ONG´s y Participación Ciudadana, Disfraz, Vértigo, Consensos, Noroeste, Por esto!, Tiempos del Mundo, Quehacer Político, Chihuahua Moderno, Libertas, etc.
Colaborador en sitios de internet como: mexico.com, presidenciables.com, vision.com, elreto.com.
Editor de Catálogo de Riesgos y Oportunidades Políticas para la Economía Mexicana, Ed. CAPEM-TRANSTAL, boletín de análisis político para uso de empresarios, por suscripción, 2000.
Cientos de entrevistas en radio y televisión, como entrevistado y como entrevistador.

TELENOVELAS
El Verano de los Jaguares, 2004 (inédita)

RECONOCIMIENTOS:
• Primer Lugar entre 105 ensayos en el “Premio Nacional Pro Plata”, 2004.
• Premio Nacional de Periodismo 1999, Club de Periodistas de México, por columna humorística en la revista “La Crisis”
• Premio Nacional de Periodismo 1998, Club de Periodistas de México, por cobertura radiofónica especializada.
• Reconocimiento de la Asociación de Columnistas Libres de México, A.C., 1992.
• Mención honorífica, segundo concurso de haiku en español, JAL, 1991.
• Primer lugar, Concurso internacional de ensayo, Instituto Cultural Ludwig Von Mises, México, 1989.
• Varias menciones honoríficas, Concurso Puebla de Ciencia Ficción, 1986-88.
• Varios premios al mejor cuento corto, Revista El Cuento, 1985-86.
• Segundo lugar, concurso de poesía, Grupo Seguros La Comercial, 1980.
• Segundo lugar, concurso de cuento corto, UIA, 1973.
• Mención honorífica, concurso de cuento juvenil, SEP, 1969.

CONFERENCIAS EN EL EXTERIOR
• “Las elecciones federales del 2000 en México y sus relaciones con los medios de comunicación”. Academia militar de West Point, Nueva York, octubre de 1999.
• Seminario de Planeación Estratégica en Seguros, Tegucigalpa, Honduras, mayo 2003.

TE VI PASAR de GUILLERMO FÁRBER EN LA FELIART EN MAZATLÁN (Marzo 2008)

En el marco de la X Feria de Libro y las Artes 2008 de Mazatlán, Guillermo Fárber presentó en ese puerto el 2 de Marzo pasado su novela Te Vi Pasar. De esta manera, Ediciones del Ermitaño continúa con la publicación de nuevos títulos de la colección de Minimalia Erótica en la que alternan los textos de los autores con la fotografía provocadora de Alejandro Zenker.

Guillermo Fárber fue invitado por José Luis Franco, representante de Cultura de aquella ciudad y principal organizador de esta feria, quien informó que el Instituto se ha esforzado para llevar, como todo los años, lo más significativo de literatura a nivel nacional. La FELIART se llevó a cabo del 29 de Febrero al 9 de marzo e inició con la presentación del libro ganador del Premio Mazatlán de Literatura otorgado este año a Mario Bellantin y la lectura del poema ganador del Premio Clemencia Isaura de poesía 2008 de la autoría de Leonel Rodríguez.

Te Vi Pasar está a la venta en en Mazatlán en Librerías Caracol y en la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara en Librerías Gandhi.

TE VI PASAR Y LOS AMIGOS DE GUILLERMO FÁRBER (Marzo 2008)

El pasado jueves 6 de marzo fue muy especial para Guillermo Fárber y su nutrido grupo de amigos .

Durante la comida tradicional de los jueves en el Hotel Maria Cristina de la Cuahutémoc, donde se reúne semana a semana un grupo de intelectuales y periodistas, todos amigos allegados, Fárber presentó la nueva edición de su novela erótica (pornotrágica, como él mismo la describe) Te vi pasar, editada por Ediciones del Ermitaño dentro de la colección Minimalia Erótica.

El panel de comentadores titulares fueron de lujo:

Ramón Ojeda Mestre
Claudia Luna
Raymundo Ramos
Bernardo González Solano
Antonio Rivera

La intención fue hacer una mesa mucho más interactiva que lo normal de rollos de los "expertos" y silencio del público. El propósito fue entablar un diálogo intenso, entre todos los asistentes, sobre el tema general del erotismo, y en particular en la literatura, extrapolado a su fina redacción de esta nueva publicación de Guillermo.

La velada se extendió hasta pasadas las 7 de la noche y fue todo una celebración en torno al amigo escritor y su novela Te Vi Pasar ,escrita con destreza y dominio del tema, la cual desencadenó una amena y excelente crítica por parte de la mesa del panel y en general de todos los asistentes.

La piel del Mundo (Claudia Luna Fuentes)

Comentarios de Claudia Luna sobre la novela erótica Te vi pasar de Guillermo Fárber . Editorial Minimalia Erótica. Hotel María Cristina, México, D. F. 6 de marzo del 2008 -

La primera vez que tuve entre mis manos un libro con atributos de erotismo –esa palabra la entendería más tarde-, fue cuando tenía nueve años. Frente a mi se abrían los breves estantes de la biblioteca materna. Entre sus libros, sobresalía uno, más grande que el resto, blanco, de pasta dura y con una cubierta de papel suave que le abrazaba. Lo tomé. Lucía dos manos entrelazadas en la portada, trazadas con el delicado oficio de un dibujante. Y debido a que hacía mis incursiones a esa pequeña biblioteca, de mañana, cuando mis padres o mi hermana dormían, aquel encuentro ocurrió en completa soledad. Al abrir sus páginas, al leer sus primeras líneas al azar, ese libro blanco me fue tejiendo el pecho, los ojos, bordó mis labios y un aleteo del corazón que cada vez era más intenso, se agolpó en mi garganta cerrada.
Este libro, ahora lo sé, fue la esencia que aromó en delante toda referencia erótica y amorosa. Sus palabras eran tan brillantes, tan nuevas; eran palabras minerales, palabras epidermis, palabras alimento y agua de los cuerpos. Y yo que pensaba que los vocablos servían para pedir cosas sencillas y necesarias que permitían estar en el mundo con los otros. Sí, en aquella edad de: "Agua, por favor" o "Mira. Me voy a subir a ese árbol", esa mañana, las palabras del libro contenían más significado del literal, cada una era la puerta a otras palabras o mejor dicho, a otras emociones que en ese momento me fueron reveladas. Mi espíritu se fue amasando con esas voces escritas; estaban tan llenas de vibraciones emotivas, que consideré su lectura algo oculto por necesidad, pues temía, si alguien me veía leer, que mis ojos delataran la intensidad de los mundos forasteros que cada palabra abría en mí. No, no permitiría que nadie siquiera osara ver cómo palpaba sus páginas de olor tan fresco o cómo veía los dibujos que de vez en vez, mostraban siluetas femeninas desnudas entre cazuelas, frutas y cebollas al amanecer, al atardecer y por la noche.
Como si mi infancia fuera apenas hace un instante, puedo leer con el mismo temblor en mis labios y en mis ojos aquellas líneas:
Estoy hambriento de tu risa resbalada,
de tus manos color de furioso granero,
tengo hambre de la pálida piedra de tus uñas,
quiero comer tu piel como una intacta almendra.
El hechizo de Pablo Neruda, me definió para siempre. Sus sonetos amorosos, eróticos, doloridos, gozosos, me hicieron desear experimentar esa veneración tan poderosa, ese erótico amor que nubla un ánima sensible.
Y parto desde esta memoria emotiva y literaria para hablar de la novela erótica Te vi pasar de Guillermo Fárber, porque este libro es también, para empezar, un objeto hermoso. Aquel era blanco, éste es negro con una portada que muestra el torso de una mujer a la que apenas se le percibe un rostro con los ojos cerrados, y un hombre, el autor, con mirada soñadora acaso o melancólica. En mi primer libro había dibujos y poemas, yo era una niña. Aquí hay fotografías y prosa, y la edad madura me ha marcado el cuerpo.
Ahora miro la piel del mundo: Su realidad erótica, es así, fotográfica, como la portada de este libro; y la sensualidad es un territorio atesorado en un cofre barroco, en espera del momento oportuno para abrirse. No pude evitar sentir una relación de intimidad con este nuevo libro, semejante al anterior, ya que ahora, al tenerlo entre mis manos, no deseaba que nadie, salvo mi pareja o mi hija, conocieran de mi aventura literaria, pues considero que la formación erótica -tan delicada para andar por el mundo revelándola sin que sea solicitada o sugerida- es una receta aconsejable a los seres queridos más cercanos, tan saludable como una caminata en la naturaleza, como un frutero colmado de mangos, ya que finalmente la vida erótica es alimento y colorido.
Debo de admitir, que al inicio, leí ataviada de mi universo de expectativas y obviamente desde el punto de vista femenino; y también confesar, que cierto ánimo me hizo ser reticente al imaginario masculino planteado por Guillermo Fárber. Sin embargo, pronto me di cuenta que ese feminismo del que estoy orgullosa y practico a mi modo, fue el mismo que me obligó, como un rayo, a reconsiderar la visión del otro, del diferente a mí, del complemento. Recordé una frase intensa que me permitió tirarme un clavado al cielo masculino, sin titubeos: "Ser uno mismo es condenarse a la mutilación pues el hombre es apetito perpetuo de ser otro". Esta claridad octaviopaciana me guió para adentrarme al mundo de un hombre, a un texto que desplegaba, como en una mesa con bocados dispuestos al atardecer, imágenes eróticas voluptuosas con una prosa exquisita y precisa, narrando los escenarios, con el cuidado de dar las pinceladas necesarias para que fueran perfectamente claros.
En la lectura, al fin, no encontré tan distintos los impulsos eróticos que nos motivan a mujeres y a hombres: Sí, esas fantasías juveniles que se quedan allí, grapadas en la entrepierna, como asignaturas pendientes, en espera de las condiciones adecuadas para florecer; ese mundo interior en el que se dejan de lado las construcciones legales, los horarios de oficina, todo lo concerniente al deber ser, y se plantea el uso de todas las edificaciones amatorias posibles, de ese caudal de deseo acumulado que también en comunión con otro, pero finalmente en soledad, uno decide que puede gozar o compartirse o compartirlo.
No obvio decir que leí vorazmente las páginas de la novela en cuatro sesiones, aún y con una agenda laboral saturada. Me era imperioso conocer el desenlace de esta pareja melliza, de conocer más a Fernanda, reflejada allí como la mujer que literalmente atrapa al hombre con su sexo. Esa mujer que continuó a lo largo de todas las páginas como un enigma, más críptico y más callado aún y en la vejación de saberse descubierta. Fernanda poseía el recurso de la arrogancia, ese modo de estar en el mundo que como escudo la protegía de cualquier indignidad.
Quiero destacar que una fuerza de la novela estriba en la ornamentación del escenario erótico, poblado de objetos antiguos, bocados exquisitos y juguetes sexuales es el marco que prepara para el lector las condiciones deseables en esta fantasía. Realmente forma y fondo sí importan. La forma como el ambiente pero también la forma al nombrar las cosas. Así lo hace saber Martín. Cito. (Página 57 primeros dos párrafos)
Te vi pasar, es uno de tantos registros eróticos que encarnan una piel colectiva, la piel del mundo desplegada sobre la cama. La postura desde donde se plantea la novela tiene qué ver con la civilidad, y partiendo de este concepto la novela se desboca luego arrebatada. Sí, la comunión carnal requiere necesariamente hacer gala de toda la civilidad posible aprendida en la cama, establecer acuerdos, límites, bordear fronteras. Una civilidad que permite avanzar, arriesgar y retroceder con el consentimiento o al menos con la consideración del ánima del otro. Cito: (Página 143. "La congelación del universo….,").
Hubo mucha civilidad también para sobrellevar su condición melliza. Cito: (Página 277. Hicieron otro ritual e indispensable…)
Hay cosas inquietantes para mí, como la escena en la cual Rogelio sabe de la necesidad de rescatar el honor de su mujer. Quien sabe cuántas veces lo había hecho antes. Rogelio refleja no sólo a un hombre poderoso que toma a las mujeres como bocados de la mejor clase, sino también a un solidario de la desventura de su mujer, esa mujer que se permitía experimentar una sexualidad conspiradora para vencer sus dificultades orgásmicas.
Más adelante en la novela, llama la atención que la esfera legal en la novela, ingrese como regulador de las pasiones humanas. Ya lo dijo Simone Weil: "Ciertamente las leyes son convenciones, pero son, con todo, positivas, por cuanto están del lado de aquello que limita, son un dique a lo ilimitado". Es bien sabido que el deseo sólo puede ser cercado por el esfuerzo de las leyes. Y este rasgo positivo de las leyes favoreció a Rogelio sin duda. El tono disectivo de la prosa que narra este trance es impecable, juguetón y por momentos, debido la fuerza de las descripciones, turbador.
Las situaciones que viven, Martín, Fernanda, Rogelio y Bertrand, el mayordomo, tocan el matiz de lo absurdo. Ya lo refería Paz: "la ironía y el humor son la gran invención del espíritu moderno", y en este sentido ambos componentes aderezan la novela otorgando giros cómicos en los que los protagonistas gozan y padecen los caminos que les abre el deseo. Este espíritu moderno le da gran agilidad narrativa y singularidad a Te vi pasar. Cito: (Página 197. "Por eso era natural que fuese Bertrand…")
Esta novela erótica me da las razones y motivaciones del otro, de ese Martín donjuenesco, reflejo del ideario masculino, a quien, como buen cazador, la emoción le estaba guardada en los retos, y también la presión a la que él mismo, por su condición de competidor, se sometía por propia voluntad para demostrar sus capacidades. Cito: (Página 49. "Porque tuvo qué reconocerlo…).
Estamos frente a una novela que muestra el punto de vista masculino. Con honestidad, el autor se viste de sus deseos, de los que a él le placen, no de los deseos o expectativas de otros, no de lo que debe ser o es más aceptado, y desde allí, desde su universo erótico, teje su escenario para el lector. Esta razón sería suficiente para leer Te vi pasar, pero también hay otras que considero valiosas: Para apreciar la pericia literaria de su autor, y también para mirar una parte de la sexualidad moderna que se auxilia de la imaginación y abre sus puertas literarias al mercado de los juguetes sexuales. Hay muchas concepciones por discutir que resultan de la lectura de este libro, tanto para hablar de los motivos y vida de la Dama de los Excesos justificados; de la don Rogelio Astuto de los Cuatro Apellidos y su ocasional trozo de bacalao noruego despatarrado en la cama; o de Martín, donjuanesca figura que termina entregando la mayoría del dinero recibido por su silencio, al asilo de su madre Leonor y a su mujer, Gabriela.
El desenlace, no puedo evitarlo, me hizo sentir extraviada. Esa fantasía de ocultarse, de nunca saberse descubierto, que al final, se rompe de la manera más abrupta y vergonzosa posible me impresionó profundamente. La fatalidad es un tejido que adereza la vida constantemente. Para tranquilizarme recordé lo que dicen los orientales: Mejor que padecer, sufrir o gozar la condición humana, es necesario comprenderla.

EL TANGO QUE BAILÉ SENTADO (Noviembre 2006)

Al respecto de su experiencia en la sesión fotográfica del proyecto La Escritura y El Deseo, previa a la publicación de su novela (Nov 2007) Te Vi Pasar dentro de Minimalia Erótica, Guillermo Fárber nos comparte este texto anecdótico el cual puede disfrutarse junto con un video que recaba parte de las imágenes captadas por la cámara de Alejandro Zenker, bailando al ritmo de un suave tango.


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Por Guillermo Fárber

Como me imagino que esta historia no sería creíble sobre la pura base de mi palabra, recurriré al único testigo insobornable que conozco: el cuerpo, la fisiología. En este caso, mi cuerpo, mi fisiología. Y el testimonio de ese testigo insobornable no deja lugar a dudas: en ningún instante de esa hora mágica experimenté la menor erección.
Segundo testimonio, y esto tendrás que creérmelo nomás porque lo digo yo (a menos que desees interrogar a Rosamaría al respecto, lo que sería levemente indiscreto y de indudable mal gusto): sí suelo experimentar erecciones. No tan frecuentes como antes, no tan vigorosas como antes, no tan prolongadas como antes, pero erecciones perfectamente aceptables para mi edad, dignas, casi presentables. O sea, nada como para presumir, pero tampoco nada como para avergonzarse. Clase media, digamos. También, espero, podrás ver por qué esa extraña no-reacción no fue “culpa” de nadie, sencillamente porque esa palabra no tiene lugar en el contexto.
Pasemos ahora a ver por qué es insólito que “eso” haya ocurrido (o más bien, no haya ocurrido) cuando ocurrió lo otro.
Lo otro fue una sesión de fotografía de una hora efectiva con una modelo desnuda. Sólo la modelo y yo. Y, bueno, claro, el fotógrafo, Alejandro Zenker. Y, sí, su compañera y ayudante, mi sobrina, Laurita, también con una cámara menos profesional, haciendo sus pinitos en ese oficio de voyeur tecnificado. Es decir, marcador empatado en el set: dos hombres y dos mujeres, dos frente a la lente y dos tras la lente, dos dando instrucciones y dos obedeciéndolas, dos iluminando y dos iluminados. Sólo había una diferencia ostensible y era la edad: el factor masculino sumaba casi el doble de años que el femenino. Eso le prestaba al ambiente, para mí, un cierto tufillo fáunico ligeramente incómodo, que superé casi en seguida.
Pero vayamos en orden. La cita era en el estudio de Zenker, viernes en el ocaso. Llegué temprano, como suelo hacerlo últimamente por temor al caos citadino; todo de negro, como me había pedido Alejandro. La modelo ya estaba esperando en la pequeña recepción. Nos presentamos. Se llamaba Laetitia, era francesa de Lyon, de figura y rostro agradables, tenía 24 años, llevaba un atuendo refinadamente europeo, hablaba un español con inconfundible acento, había venido a México a dar clases de francés tras terminar la universidad, y apenas se estaba iniciando en el modelaje, al que había llegado por accidente (para mí era igual que fuera novata o fogueada: era la primer modelo con la que yo conversaba en mi vida). Hablamos de algunos temas relativamente personales pero de ninguna manera íntimos. Me dio una buena impresión general, y tan sólo pensé, buscando algo en qué pensar, que debía ser algo osada para el estándar pequeñoburgués de su región. Me pregunté fugazmente qué podría ella estar pensando. De inmediato me cayó bien y me pareció que yo le caí bien. Sin embargo, no puede evitar sentir el abismo generacional entre nosotros: Laetitia era bastante menor que mis hijas y, de hecho, técnicamente (aunque forzando un poco las cosas) podría haber sido mi nieta: tengo 58. Traté de ignorar esa percepción abismal, que de algún modo consideré podría ser negativa para el efecto “que nos convocaba”.
Al poco rato salió Alejandro por nosotros y nos condujo al set, donde nos sentamos los tres a platicar en esa liturgia que se conoce como “romper el hielo” y que se estima indispensable en circunstancias de ese tipo. Unos minutos después llegó Laurita con una charola de bocadillos que yo agradecí enormemente porque no había comido (al parecer yo era el único tan básico pues nadie más se acercó a la charola). Seguimos charlando de todo y de nada, hasta que fue evidente que el descongelamiento no podría llegar mucho más lejos. Finalmente, ya estabilizados los cuatro en una meseta emocional y psicológico de razonable latitud, Alejandro nos pidió pasar frente a las cámaras.
Obedecimos: yo me quité la chamarra y Laetitia se quitó todo.
En la recepción y en la charla previa, Laetitia era una chica linda, menudita y circunspecta. Pero en cuanto se despojó de la ropa (con una gracia felina que Alejandro captó paso a paso en su cámara anticipada), Laetitia se convirtió de golpe en un una hembra deslumbrante, un mujerón que parecía tener el doble de las dimensiones físicas que lucía vestida, y era de golpe diez veces más bella, poderosa y fascinante. Como que al emerger en estado primigenio, se despojaba de moldes y limitaciones mucho más recias y sofocantes que hilos y texturas. Pensándolo bien, ¿no pasa así siempre, en diversos grados, en tratándose de mujeres? Cuánta razón tienen quienes dicen que invariablemente la ropa es un estorbo. Con más razón podrían añadir que usualmente también es algo peor: un lastre. También comprobé una vez más que si bien vestirse es casi siempre un acto de piedad hacia los demás, hay contadas excepciones: Laetitia era una de esas contadas excepciones."

Considero idiota e irrespetuoso intentar descripciones verbales; para eso están las fotos de Alejandro, ¿o no? ¿Cómo creer que puede haber palabras más eficaces que las imágenes para comunicar lo que esencialmente es una imagen, lo que se diseñó y trabajó para ser precisamente imagen, lo que no tiene otra justificación de ser que la de ser inequívocamente imagen? Sólo te daré unos cuantos datos que no puedes advertir en las imágenes: la temperatura era perfecta, el silencio era casi absoluto (salvo la música de fondo, que pasó de cantos gregorianos a baladas de moda), y la concentración de los cuatro actores de esa obra sin palabras llegó a ser por momentos tan obsesiva que a pesar de estar los cuatro profundamente imbricados en una trama frágil y caprichosa, parecíamos a la vez galácticamente distantes.
Y si la transformación de Laetitia vestida a Laetitia desnuda me pareció sorprendente, aún no había visto nada. Zenker nos pasó al set, que constaba sólo de una sólido sillón de brazos de madera oscura sobre un tapete negro, en el cual me hizo sentar. Me sentí como patriarca de la aristocracia pulquera mexicana del siglo XIX. No sé por qué, pero exactamente así me sentí. Yo era el primero de los escritores fotografiados por Alejandro en esta nueva era, con esta nueva modelo, y él había pasado muchas horas ensayando con Laetitia el estilo que deseaba imprimir a esta nueva era. Y vaya si ella estaba dispuesta a brindarle caudales de energía, entrega, inspiración, imaginación, a las peculiares exigencias del arte visual que ahora se suma a los muros de Solar.
En el instante en que yo me senté y Laetitia se desplegó frente a mí y comenzó a dejar constancia de que mi sensación patriarcal podía ser mucho más que una simple sensación de soberbias confusas y vagas posesiones efímeras, se dio ante mis ojos, como un Big-Bang encapsulado, la segunda metamorfosis, la inconcebible, y comenzó la hora mágica que quedó plasmada para siempre por la cámara de Zenker en episodios fugaces y entrecortados.
Siguiendo las horas de ensayo y sobre todo su intuición exuberante, la chica mesurada se transformó en pantera arrolladora. Yo simplemente traté de no ser arrastrado por el torrente giratorio, envolvente, intrusivo, procurando afanosamente no quedar demasiado rezagado. Porque no debía olvidarlo ni un instante: la semilla debajo de ese para mí inédito happening irrepetible era la entraña de mi novela pornotrágica “Te vi pasar”. No era una semilla galante, y menos aún pasional, sino de poder; de poder crudo, de poder... desnudo. Así lo platicamos antes y así lo vivimos después. Esa era la imagen que debíamos lograr; si lo conseguimos, sólo tú puedes decirlo.
Se dice que una de las mejores definiciones del tango es: un romance de tres minutos. Ahora puedo ver que eso fue lo que yo hice en esa hora mágica: bailar, sentado y con movimientos sumamente pausados dictados más por la conciencia que por el instinto, un tango de sesenta minutos. Un tango como son los tangos clásicos del desengaño que no se atreve a decir su nombre: sardónico, cínico, falsamente despectivo. ¿Fue una experiencia estética? Sí, rotundamente sí. ¿Fue erótica, preguntas presionándome mucho? Concedo para no pelear: tal vez, vagamente, pero desde luego no sexual, ni siquiera sensual sino eminentemente virtual. Por más que esto te parezca incongruente, una mirada superficial a las fotografías parezca proclamar algo distinto, y quizá tú creas que eso es menospreciable. En todo caso, podría admitir que fue de un erotismo insospechado por mí: un erotismo casi totalmente de neuronas y escasamente de hormonas. Lo cual, insisto, no es poca cosa.
En fin, puedes no creerme, pero un testigo insobornable custodia la paz de mi espíritu.

GUILLERMO FÁRBER (Biografía)

Nació en Mazatlán, en 1951 a los 3 años de edad. Estudió ciencias y técnicas de la información y una maestría en administración; se ha desempeñado como reportero, redactor, guionista en Televisión Independiente de México, comentarista político en Radio 13, Radio Fórmula, Radio ABC, conductor de ¡Cámara con los Grillos!, primer programa de periodismo puramente parlamentario en la historia de la radio mexicana, editor del portal mexico.com, columnista político en publicaciones como Vértigo, Excélsior, Noroeste de Mazatlán y Culiacán, Sinaloa, Por esto!, de Yucatán, comentarista de televisión en Canal 40, coordinador de Información en el Instituto de Desarrollo de Recursos Humanos del gobierno del Estado de México, y en un sinfín de puestos relacionados con la comunicación y la mercadotecnia. Entre sus publicaciones se encuentran, Elogio de la locura de un ave desairada, Costa-Amic, 1976; El mexicano, diseñado por el enemigo, V Siglos, 1976; A imagen y semejanza (novela política), Siglo XXI, 1992; Política de competencia en México: desregulación económica 1989-1993, fce, 1993; Adiccionario del chacoteo, Sansores y Aljure, 1997; Fobaproa: bomba de tiempo (coordinador y coautor), Times, 1998; La nueva crisis de México (en colaboración), Aguilar, 2002; ¡Déjate de pendejadas!, Excélsior, 2003; Botón rojo: la gran depresión mexicana, Edamex, 2003; Puente de plata, unam-Asociación Cívica Mexicana Pro Plata, 2004.

Entrevista en W RADIO a Guillermo Fárber (Audio)

Con motivo de la presentación de su libro Te Vi Pasar publicado por Ediciones del Ermitaño en la colección Minimalia Erótica, es que W Radio le hizo una entrevista a Guillermo Fárber el 7 de abril en la tercera emisión de Hoy Por Hoy en su segmento La Visita del Autor.

Lo entrevistaron: León Krauze y Hanna Palacios.

Para escuchar la entrevista dar CLICK aquí:.

http://www.wradio.com.mx/realarchi.asp?id=575313

Semblanza de Guillermo Fárber Bejarano

por Ramón Ojeda Mestre

Estoy seguro, absolutamente seguro, de que existen en México dos escritores que viven infelices. Bueno, tal vez todos los escritores se la pasan así porque es requisito sine qua non de los intelectuales verdaderos estar insatisfechos siempre y con todo. Si usted ve a alguien que un día no está refunfuñando, es que no es un auténtico hombre de pensamiento y de letras.

Pero hay dos, de cierto, que pasan los días corroídos por la envidia. Eduardo Luis Feher Trenschiner, el veracrúngaro nacido en Cacalilao y cuya agudeza e ingenio le hacen a la vez temible y apetecido en cuanta capilla literaria existe y que es uno de los veracruzanos que más libros han publicado en México, no sé, más de cincuenta sin chistar. El otro, un mazateco exiliado de ese Veracruz del Pacífico que es Sinaloa y que responde al riguroso nombre de Guillermo Fárber Bejarano y que no le va a la zaga al maestro Feher de la UNAM. Nómina est númina y los dos empiezan con F. Con F de farfulladores, de formulistas, de fortuna, de fantásticos.

Fárber, el maestro Guillermo Fárber Bejarano, ha de tener también medio centenar de libros publicados e igualmente de buena factura sobre temas variopintos o como decimos acá,de chile, de dulce y de manteca. Los dos son insoportablemente bien educados y caballerosos como niños aplicados de la clase. A pesar de que uno es de orígen judío y el otro de orígen naziprusiano son muy cercanos amigos y ambos integrantes de la Comisión Nacional para la defensa del idioma español en México junto con César Garizurieta alias el Tlacuache Jr., con García Medrano y otros como el que esto teclea furibundamente.

El hecho concreto es que estos dos competidores, pero principalmente Guillermo Fárber, odian a Honorato de Balzac el infinito francés nacido en Tours en la época de Benito Juárez o, mejor dicho, no lo aborrecen sino que lo envidian porque Balzac escribió más libros que cualquier otro escritor incluidos desde luego Alejandro Dumás padre, autor del Conde de Montecristo y de su homónimo hijo autor de la Dama de las Camelias. Sí, Honoré de Balzac escribió y publico más de cien libros. Sólo La Comedia Humana contiene 97 obras de lujo. Este servidor de Ustedes y de dios omnipotente prefiere la que se llama Un hombre de Provincia en París porque desnudo a todos los periodistas que en el mundo han sido. Hemos, dijo el mudo.

Guillermo Fárber es el autor de un conocido libro de Epigramas, pero es más famoso su libro sobre el Fobaproa, donde exhibió la más grande tranza de nuestra historia después de que los gringos nos robaran la mitad del territorio nacional durante la prolífica vida de Balzac aunque él publicita más otro cuyo nombre me repugna hasta La Rebelión de los Colgados y por ello no reproduzco su nombre. Su obra sobre el México diseñado por el enemigo es un clásico de la crítica política contemporánea. Fárber también es el fundador de dos grupos de chismosos inteligentes y discutidores que se reunen en el Hotel María Cristina, es asimismo periodista de radio y de revistas y lleva en el pecho como un baldón irreversible según narra, el haber sido un frenético foxista y funcionario de su gobierno en el Instituto Nacional de la Mujer. Y es que Fárber es de ultraderecha, es tan de ultraderecha que los de izquierda lo reconocemos como uno de los nuestros. No hay más ruta que la nuestra dijo el ingénuo de David Alfaro Siqueiros que por andar echando balazo de gruexo calibre a la casa de Leon Davidovich Trotsky, se convirtió en Polifórum.

Pero si Fárber no es tan cuantitativo como Honorato de Balzac, ni tan cualitativo tal vez en su literatura como aquel formidable negroide, si lo es en su condición humana y en su capacidad de procurar la amistad y la armonía entre todos los inteligentes e inteligentas que siempre le rodean. Si en lugar de Procuradurías del Ambiente hicieran procuradurías de la amistad y de la bonhomía, él sería designado por unanimidad, creo, aunque juegue mal el dominó y no sea hombre de copas, de cigarro o de antros table danceros (¡Cruz, cruz, que se vaya el diablo y que venga Jesús!), bueno, eso si don José Iturriaga, muy superior, no aceptara el cargo. En fin, que en este su aniversario de no se qué, vale la pena reconocerlo en vida como uno de los grandes valores del mayoriteo literario. Allá Usted y su mala cabeza si se le ocurre empezar a leer sus obras, puede no terminar nunca, porque tanto Fárber como Feher, publican un libro cada mes y a veces, hebdomadariamente. Se lo advierto.

Reseña “Te Vi Pasar” en UNO MAS UNO

Por: Héctor Delgado
hdelgadoraices@yahoo.com.mx

¡Ven… y!

"Doble es el beneficio de este libro: mover a risa y dar al hombre prudentes consejos para vivir bien": Fedro

Contemplar de pronto la visión de una madre juvenil que impulsa "una carreola de bebé como un módulo lunar", y descubrir que es la misma adolescente que nos conmovía cuando los estímulos de la testosterona eran infinitos e inacabables. Escuchar esa voz inconfundible, que ordena simplemente, perentoriamente, misteriosamente, enigmáticamente: "¡Ven!". Ni modo de no acudir. Nunca un título de novela fue mejor ubicado:
"Te vi pasar", de Guillermo Fárber (Editorial: Ediciones del Ermitaño, 2008. México, 337 páginas). Se disfruta literalmente desde la primera palabra, hasta la última (re)mirada obligatoria y cómplice a las bellísimas y arrobadoras 27 fotografías a dúo y trío sugerentes de la exquisita modelo Laetitia Thollot, producto de la concupiscente cámara profesional del artista fotógrafo Alejandro Zenker (www.alejandrozenker.com).

Corra respetado lector por su ejemplar, esta primera es una edición limitada. Excelente factura. Papel y tipografía que se agradecen, porque una vez que uno escucha la voz iridiscente de la protagonista, que nos dice ¡"Ven!", queda el murmulloso arpegio de las voces que infinidad de veces nos invitaron a "venir". A algunas fuimos, a otras no. Y quizás a las que no acudimos fueran –¡quizás!- las que nos ofrecerían los placeres de huríes, éstas que por la sola promesa de su improbable existencia fantástica se inmolan seres terrenales. ¡¿Será el paraíso?! O como el verdadero infierno, éste está aquí en la Tierra.

Dice Guillermo Fárber (sesentón, periodista moderno multimedia y anfitrión charlista interminable, con la picardía a flor de piel y de palabra), en "Te vi pasar":

"Imaginó a Fernanda desnuda detrás de esa pared. Evocó la primera vez que vio a una mujer en cueros, de cerca, de bulto, de cuerpo entero, de tiempo completo, desde una estratégica perforación hecha en el muro del cuarto de servicio de una casa vecina. Martín tenía doce años, había fantaseado mucho sobre eso, y el "Playboy" no mostraba el vello púbico: aún regía la prohibición "Keep of the grass". Así que fue aquella la sensación más fuerte de su vida hasta ese momento. Durante los eternos minutos que tardó la núbil mulata tropical en salir de la ducha, secarse y vestirse –todo ello con una inmensamente provocativa dignidad natural-, un rudo turbión de emociones lo recorrió, desde el pasmo y la fiebre hasta la decepción y el ahogo. De ahí salió corriendo…" (p.48).

Es una novela novedosa en su confección y concepción arquitectural. Tiene 102 partes que no capítulos. Algunos de cuatro líneas. Se puede leer en cualquier sitio –se me ocurrieron lugares ideales; podrían ser una casa de esas que dicen dirigía "La Bandida" o una cantina antigua o una pulquería-, hermoso populachero, con sinfonola, que tuviera melodías como "Amor perdido" o aquella que dice:

"Pasaste a mi lado con gran indiferencia/ tus ojos ni siquiera/ voltearon hacia mí" o varias de Agustín Lara: "Señora Tentación" o precisamente la que inspiró el título al escritor/periodista Fárber: "Hoy te he mirado/ Sin quererlo te he mirado/ a mi lado pasar./ Pasar muy cerca de mí./ Tenía tantas cosas que decirte/ Y tanto que contarte,/ Y no te pude hablar".

Yo tuve que leerla en el Metro, microbuses, Metrobús, salas de espera de postín y proletarias mientras esperaba cita de empleo; "colas" distintas, y mientras esperaba hubo miradas de reojo admirando las bellas poses de Laetitia, cómplices, naturales y estatuarias evocadoras del Kamasutra, realistas. ¡Cuánto debió haber sufrido/gozado el pobre autor hecho un hilacho mientras posaba "intelectualmente" durante esos lapsos agotadores con la modelo Laetitia Thollot.

Es "Te vi pasar", una obra bien escrita. Ágil. Con un manejo del idioma como lo quiere Gabriel García Márquez, "que todo mundo lo comprenda y lo disfrute", justamente por su agilidad periodística, este oficio que aparentemente no permite florituras inútiles, pero que forja estetas del idioma sin que se lo propongan. Ahí están precisamente Gabo o Kapuzintski o Carlos Fuentes. Además de que "Te vi pasar", es todo un poema en sí misma, esta novela recrea las fantasías psicosexuales de todo adolescente varón –no puedo imaginar cómo sentirán las lectoras, esas imágenes-. Porque "Te vi pasar" debe leerse –para disfrutarse a plenitud orgásmica- con espíritu abierto.

La novela es límpida. Para algunos(as) lectores que todavía no se inserten en el Siglo XXI, quizás los "inquiete", como a Sandro Cohen. A mí me encantó. Por eso la recomiendo. Por cierto –cito de memoria-, creo que fue Nervo, quien escribió este verso: "Si tú me dices, ven, lo dejo todo".


Amado Nervo
Si tú me dices "¡Ven!"

Si tú me dices «¡ven!», lo dejo todo...
No volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada...
Pero dímelo fuerte, de tal modo

que tu voz, como toque de llamada,
vibre hasta el más íntimo recodo
del ser, levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.

Si tú me dices «¡ven!», todo lo dejo.
Llegaré a tu santuario casi viejo,
y al fulgor de la luz crepuscular;
mas he de compensarte mi retardo,
difundiéndome ¡Oh Cristo! ¡como un nardo
de perfume sutil, ante tu altar!


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