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Carlos Mongar

Fragmentos sin fondo

La poesía de Mongar surge de la soledad y sus temas son los diversos rostros del tiempo, la muerte, el insomnio y la nebulosa incandescencia del erotismo.

La poesía nos permite contemplar desde diversos niveles de la conciencia el universo múltiple de la imaginación, y no pocas veces pone en crisis los principios de la lógica, sostén habitual de la razón. La poesía es, como asegura Carlos Mongar, poeta y ensayista: “semilla de luz infinita que abre sus ventanas polisémicas de los sentidos humanos hacia todos los sentidos”.

Mongar es prácticamente desconocido, tiene en su contra, además del aislamiento personal que se ha impuesto, la difícil construcción de su escritura. Su poesía surge de la soledad y sus temas son los diversos rostros del tiempo, la muerte, la soledad, el insomnio y, sobre todo, la nebulosa incandescencia del erotismo.

En Fragmentos sin fondo encontramos una interpretación personal del mundo que sintetiza obsesiones vitales del poeta, y un testimonio de la condición desgarrada que vivimos como hombres de fin de milenio.

La noche no tiene nombre La noche no tiene nombre sin ti; ciega, sorda y muda se ha reducido a un alarido del asco. Estoy y no estoy en tanta desenfrenada soledad, todo es como si en verdad no fuera porque la noche no tiene nombre sin ti.

Más fuerte que el amor
Perdóname, Flop, si dudo,
pero si dudo es porque te amo.
Quisiera amarte con la seguridad del odio
y no con las vacilaciones del amor.

Perdóname, Flop, el odio
pero es de la única manera que te amo,
si lo hubiera descubierto todo a tiempo
no sería hoy una fría bestia desgarrada.

Fragmentos sin fondo

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Hay un arriba y un abajo como el amor y el odio,
un día y una noche y siempre un día,
hay lo real y lo irreal y siempre más allá
lo profundo.

Cima y Sima 24 veces al día: día y noche.
Cima y Sima es Zima:
porque
la profundidad es superficie
y la superficie, profundidad;
y una palabra es puerta insólita que se abre
como raíz perdida de nuestro tiempo enamorado,
infinito rizoma donde el abismo
sólo es espejo de la vida
que vive para morirse y desmorirse,
y no podría ser de otro modo
sin que el espejo se rompiera.

A cada instante soy y no soy
verdadero-falso
no por lo que digo
sino porque lo digo.

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