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    <title>Alejandro Zenker ::</title>
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    <updated>2008-04-24T03:22:59Z</updated>
    <subtitle>Editor</subtitle>
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    <published>2011-04-24T03:17:40Z</published>
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    <summary> Visita mi página en Instituto del Libro y la Lectura AC ILLAC...</summary>
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        <![CDATA[<p><embed src="http://static.ning.com/illacmexico/widgets/index/swf/badge.swf?v=3.1.2%3A4415" quality="high" scale="noscale" salign="lt" wmode="transparent" bgcolor="#ffffff" type="application/x-shockwave-flash" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" width="206" height="64" allowScriptAccess="always" flashvars="networkUrl=http%3A%2F%2Fillacmexico.ning.com%2F&amp;panel=user&amp;username=3va8bzyeysgmu&amp;avatarUrl=http%3A%2F%2Fapi.ning.com%2Ffiles%2FU9baGxukckNELZ%2AjP4JdOxiV57CCFzmdo5MpjFzRMJ1zhcMSQbrSOo6FKwhKrqqp8labB65zRBcL3c571bn-rOUQh2GNA8C9%2FFotosLauvariosrolodos0077bw_resize.jpg%3Fwidth%3D48%26height%3D48%26crop%3D1%253A1&amp;configXmlUrl=http%3A%2F%2Fstatic.ning.com%2Fillacmexico%2Finstances%2Fmain%2Fembeddable%2Fbadge-config.xml%3Ft%3D1208776768" /> <br /><small><a href="http://illacmexico.ning.com/xn/detail/u_3va8bzyeysgmu">Visita mi página en <em>Instituto del Libro y la Lectura AC ILLAC</em></a></small><br /></p>]]>
        
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    <title>Alejandro Zenker: Editor... ¿o Fotógrafo?</title>
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    <published>2010-12-21T22:30:18Z</published>
    <updated>2008-04-24T02:37:25Z</updated>
    
    <summary>En esta página podrás conocer algo de la labor académica y editorial de Alejandro Zenker. Para conocer su labor fotográfica, haz click en el siguiente link: http://www.alejandrozenker.com/index.php...</summary>
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        <![CDATA[<p>En esta página podrás conocer algo de la labor académica y editorial de Alejandro Zenker. Para conocer su labor fotográfica, haz click en el siguiente link:</p>

<p><a href="http://www.alejandrozenker.com/index.php">http://www.alejandrozenker.com/index.php</a></p>]]>
        
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    <title>Perfil biográfico de Alejandro Zenker</title>
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    <published>2009-04-21T06:58:21Z</published>
    <updated>2008-04-24T02:36:45Z</updated>
    
    <summary>Alejandro Zenker. México, D.F. (1955). Editor, traductor y fotógrafo. Director general de Solar, Servicios Editoriales y Ediciones del Ermitaño, y director del Instituto del Libro y la Lectura....</summary>
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        <![CDATA[<p>Alejandro Zenker. México, D.F. (1955). Editor, traductor y fotógrafo. Director general de <a href="http://www.solareditores.com/digital/faq/preguntas_frecuentes_solar.php#130">Solar, Servicios Editoriales </a>y <a href="http://www.solareditores.com/editorial/faq/preguntas_frecuentes_de_edicio.php#109">Ediciones del Ermitaño</a>, y director del Instituto del Libro y la Lectura.</p>

<p><a href="http://www.solareditores.com"><img alt="cargadetrabajo.gif" src="http://www.solareditores.com/contenido/GIFS/cargadetrabajo.gif" width="235" height="55" /></a></p>]]>
        <![CDATA[<p>Entre muchos otros cargos y actividades fue fundador y presidente de la Asociación de Traductores Profesionales (ATP) y miembro del Consejo de la Federación Internacional de Traductores, en cuyo marco presidió el Comité para los Centros Regionales y fundó el Centro Regional de los Países del Norte de América (México, Estados Unidos y Canadá). Ocupó el cargo de Secretario general de la Sociedad Iberoamericana de Estudios sobre la Traducción (SIET). Fue director general del Instituto Superior de Intérpretes y Traductores, creador de las primeras licenciaturas en traducción e interpretación en México, y miembro de la mesa directiva de la Asociación Mexicana de Lingüística Aplicada (AMLA). Fue miembro fundador y secretario general de la Asociación de Editores Mexicanos Independientes (AEMI). Es director de la colección Minimalia y de la revista Quehacer Editorial. Promotor y director del Pabellón Tecnológico de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara en el 2001, ha sido entusiasta difusor del uso de las nuevas tecnologías en el medio editorial. Estudió pedagogía en Alemania y traducción en El Colegio de México. Fue becario en Alemania del DAAD. Ha publicado gran cantidad de artículos sobre traducción y quehacer editorial e impartido conferencias a nivel nacional e internacional. En el terreno artístico se ha desempeñado como <a href="http://www.alejandrozenker.com/index.php">fotógrafo</a> y participado en numerosas exposiciones. Ha retratado a infinidad de escritores y artistas. Sus fotos ilustran ya más de veinte libros en los que alternan con el texto de reconocidos escritores.</p>]]>
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    <title>Realidades y prejuicios en torno a la impresión digital: Cómo comprender un recurso “nuevo” que ya es “viejo”…</title>
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    <published>2008-09-27T07:07:39Z</published>
    <updated>2008-09-27T07:57:25Z</updated>
    
    <summary>Por Alejandro Zenker Conferencia dictada en el marco del Encuentro: Ediciones Alternativas Jueves 25 de septiembre Coordinación de Humanidades/UNAM Mi hija, que por algún extraño maleficio genético ha decidido ser editora, me critica todo el tiempo porque, según ella, cuando...</summary>
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        <![CDATA[<p><strong>Por Alejandro Zenker</p>

<p>Conferencia dictada en el marco del<br />
Encuentro: Ediciones Alternativas<br />
Jueves 25 de septiembre<br />
Coordinación de Humanidades/UNAM</strong></p>

<p>Mi hija, que por algún extraño maleficio genético ha decidido ser editora, me critica todo el tiempo porque, según ella, cuando explico algo suelo remontarme a la época de los dinosaurios. En este caso no hay peligro de tal desatino, puesto que el tema que hoy nos reúne no cumple aún dos décadas. O quizá sí, dependiendo de lo que entendamos por “ediciones alternativas”. Aunque, pensándolo bien, sí podríamos iniciar con los dinosaurios… al menos los de la edición, tan parecidos en su resistencia al cambio como nuestros políticos de la vieja guardia, pero me resistiré a la tentación. Lo que no resisto es someterlos a una breve tortura aritmética, aprovechando que apenas inicia este encuentro y que todos están frescos y despiertos. Se trata de una breve incursión en el cálculo editorial, inherente a buena parte de los temas que seguramente hoy abordaremos. Porque si de algo se trata cuando hablamos de nuevas tecnologías —que ya no lo son tanto—, es de su viabilidad económica  en comparación con las tecnologías tradicionales.</p>

<p><img alt="Encuentro Ediciones Alternativas UNAM Sep 08 #4380(1).jpg" src="http://www.solareditores.com/alejandrozenker/editorial/Encuentro%20Ediciones%20Alternativas%20UNAM%20Sep%2008%20%234380%281%29.jpg" width="600" height="800" /></p>]]>
        <![CDATA[<p>El ejercicio comienza así (y me brinco toda terminología contable para facilitar el razonamiento):</p>

<p>Toda obra tiene componentes básicos que contribuyen a la determinación del precio al público de un libro. Uno es el costo fijo, otro el variable. La suma de estos dos nos dan el costo integrado que, más los gastos generales, nos arroja el gran total al que, a su vez, aplicamos un factor multiplicador para llegar al precio al público.</p>

<p>Veamos un caso hipotético en la producción de un libro:</p>

<p>El costo fijo nos lo arroja el proceso de producción editorial compuesto de:</p>

<p>•	Traducción<br />
•	Diseño<br />
•	Revisión, cotejo y marcaje del original<br />
•	Tipografía y formación<br />
•	Lectura de pruebas<br />
•	Cuidado editorial</p>

<p>Supongamos que todo esto nos da un valor de 10 000 pesos.</p>

<p>Ahora debemos determinar el tiraje de la edición. Asumamos que no tenemos un estudio de mercado ni una estimación real de posibles compradores. Así pues, nos iremos por un mero razonamiento de costo con el que jugaremos para determinar el precio al público. ¿Cómo establecerlo? Generalmente aplicando un factor multiplicador que nos cubra, de tal suerte que al final del ciclo hayamos recobrado nuestra inversión de ser posible, e incluso con alguna ganancia.</p>

<p>Es decir, a esos 10 000 pesos de inversión inicial en el proceso de producción editorial hay que añadir:</p>

<p>•	Gastos generales<br />
•	Papel y cartulina<br />
•	Impresión y<br />
•	Encuadernación</p>

<p>Supongamos que esos gastos generales equivalen a 30% de nuestro costo de producción editorial, es decir, $3 000 pesos. Esto nos da una suma de 13 000. Aquí comienza, en realidad, el problema. ¿Cómo decidimos el tiraje?</p>

<p>Sabemos que este costo se va a repartir proporcionalmente entre los ejemplares producidos. A mayor tiraje, menor incidencia de ese costo de producción editorial sobre cada ejemplar. Es decir, si producimos 1 000 ejemplares, el precio final al público debe ser hipotéticamente menor que si sólo producimos 100.</p>

<p>Supongamos que nuestro costo por la producción de 1 000 ejemplares es de 10 000 pesos y que la producción de 100 es de 200. Insisto en que es sólo un ejercicio ilustrativo, no real, y que todo es un poco más complejo de lo que aquí expongo.</p>

<p>13 000 + 10 000 nos da 23 000 pesos de costo total vs.<br />
13 000 + 200, que nos arroja un total de 13 200.</p>

<p>23 000 pesos entre 1000 ejemplares nos da un costo unitario de 23 pesos.</p>

<p>13 200 pesos entre 100 ejemplares nos arroja un costo unitario de 132 pesos.<br />
¿Por cuál opción nos vamos?</p>

<p>Si a esto añadimos que una librería o distribuidor nos exige entre 40 y 65% de descuento, tenemos que aplicar un factor multiplicador de 5 o 7, idealmente. Quedémonos en 5 si bien en Ediciones del Ermitaño aplicamos generalmente un 3.5.</p>

<p>El libro producido en un tiraje de 1 000 ejemplares tendrá un precio al público de 115 pesos (23 x 5).</p>

<p>El libro producido en un tiraje de 100 ejemplares tendrá un precio al público de 660 pesos (115 x 5). Es decir, totalmente inasequible para el público.</p>

<p>¿Correcto?</p>

<p>Pues sí y no, pero ese razonamiento fue uno de los principales obstáculos para que la impresión digital se abriera camino en toda la industria editorial en México, y particularmente en los centros universitarios. Y es comprensible. Semejante diferencia hacía que cualquiera optase por… el tiro largo, aunque en realidad el tiro les salía por la culata ya que en lugar de gastar $13,200 y desplazar esos 100 ejemplares iniciales, gastaban (y siguen gastando) 23,000 pesos… Pero si el desplazamiento real del libro era de tan sólo 100 ejemplares vemos que tiraban al basurero del almacén nada menos que $9800 pesos… Hoy las cosas han cambiado mucho y los costos de producción offset vs. Impresión digital se han acercado mucho en tiros menores a los 1000 ejemplares.</p>

<p>Hoy las cosas han cambiado y los costos de producción offset vs. Impresión digital se han acercado mucho en tiros menores a los 1000 ejemplares, lo que hace más impactante el desperdicio cuando uno se equivoca al determinar el tiraje inicial de un libro. </p>

<p>El error estaba en pretender cargar a los 100 ejemplares todo el costo fijo de la producción editorial, es decir, </p>

<p>•	Traducción<br />
•	Diseño<br />
•	Revisión, cotejo y marcaje del original<br />
•	Tipografía y formación<br />
•	Lectura de pruebas<br />
•	Cuidado editorial</p>

<p><br />
Comprenderán ahora que cuando hace 14 años incorporé a nuestra empresa, Solar, Servicios Editoriales, la primera impresora digital dedicada a producir libros en México, el proyecto parecía no menos que una locura. El peso mexicano acababa de sufrir una fuerte devaluación y los costos de adquisición de la tecnología habían subido estrepitosamente. Por lo tanto, en ese entonces mi apuesta por las nuevas tecnologías era muy arriesgada. Estaba convencido de que era el inicio de un futuro que cambiaría la estructura de la industria editorial, pero ¿para qué ser pionero? </p>

<p>Dediqué muchos años a promover la impresión digital en México. La respuesta del medio era categórica: la impresión digital era la solución a un problema inexistente. ¿Por qué? Porque para hacer uso de ella, para aprovechar todo su potencial teníamos que romper mitos e inercias.</p>

<p>En la UNAM, por ejemplo, enfrentaba un contundente rechazo. Una de las ventajas de la impresión bajo demanda (POD) es que uno puede imprimir tantos ejemplares como necesita y deshacerse del almacén.</p>

<p>“¿Deshacernos del almacén?” —me increpaban mis interlocutores—. “¡No sabes lo que dices! El almacén no es un problema, lo tenemos, y el costo de administración tampoco, puesto que el personal encargado está sindicalizado y no lo podemos despedir.” </p>

<p>Así de fácil desacreditaban mis argumentos. Por otro lado, el tiraje del libro era un símbolo de estatus académico. Si un profesor había publicado un libro con un tiraje de 2 000 ejemplares, el otro, con más influencia, quería al menos 3 000. De nada servía explicarles que la institución no tenía la capacidad de distribución de semejantes cantidades y que la mayor parte de esos libros iría a parar a los almacenes. Había libros de los que se habían publicado 2 000 ejemplares, por ejemplo, de los que no habían desplazado más de 30. ¡Imagínense el desperdicio! Dinero y esfuerzo tirado a ese gran basurero llamado almacén.</p>

<p>Volviendo al razonamiento aritmético inicial: el principal obstáculo lo constituían las autoridades administrativas. Ellas llevaban con rigor prusiano el razonamiento: a más ejemplares, menor costo unitario. “¡Pero los libros acaban en las bodegas!”, les decía yo. “No importa —contestaban—, para eso están.” Un absurdo burocrático perfecto. Se producían libros “baratos” para embodegarlos.</p>

<p>¿Cuál era la salida? Comencé a cambiar la terminología en mis explicaciones. El costo de producción editorial, es decir, el que conforman los procesos de</p>

<p>•	Traducción<br />
•	Diseño<br />
•	Revisión, cotejo y marcaje del original<br />
•	Tipografía y formación<br />
•	Lectura de pruebas<br />
•	Cuidado editorial</p>

<p>constituye una INVERSIÓN. A ese costo no tiene uno que sumarle uno adicional, si es evitable. Es decir, mi propuesta era simple: asimilemos ese primer costo como inversión, hagamos un tiraje corto igual a la cantidad de libros que con seguridad desplazaremos y establezcamos el precio al público en función de un tiraje hipotético a largo plazo. La idea era hacer tiritititos una vez agotado el tirititito inicial. Pero las normas institucionales, no sólo en las universidades, sino también en las empresas editoriales, lo impedían.</p>

<p>En 1994 decidí predicar con el ejemplo. Ediciones del Ermitaño, editorial que dirijo y que es una división de Solar, había estado funcionando desde 1984, fecha en que se fundó de acuerdo con las normas de la industria, es decir, tirajes grandes con la intención de llegar a muchos puntos de venta y lograr un desplazamiento masivo de libros. Huelga decir que sucumbimos ante los innumerables problemas de distribución que enfrentamos. Debido a esta experiencia, al incorporar a Solar la impresión digital, decidí dar un giro, dedicarme a la publicación de literatura y producir mis libros en tirajes cortos. Desde entonces a la fecha hemos publicado más de 200 títulos de poesía, cuento y novela, siempre con un tiraje inicial de sólo 100 ejemplares. Para mí, esos 5 000, 10 000, 20 000 o 30 000 pesos iniciales que conforman el costo de producción de un libro, representan una inversión. Le apuesto a que el libro seguirá navegando con la colección a lo largo de los años. Así vamos a cumplir ya 15 años como editorial independiente que basa su producción enteramente en las nuevas tecnologías.</p>

<p>Solar, mientras tanto, se ha convertido en una empresa que brinda soluciones editoriales integrales para un manejo inteligente del documento. En nuestras instalaciones cubrimos todo el proceso que describí, desde la revisión del original, pasando por el diseño y la tipografía, hasta la impresión y la encuadernación.</p>

<p>En estos 15 años he visto de todo. Muchos de mis colegas que no comprendieron los cambios tecnológicos desaparecieron del medio. Otros surgieron, pero sin una escuela editorial que los respaldara, pues en México seguimos sin contar con estudios académicos formales de licenciatura y posgrado en las ciencias y artes del libro, fuera de algunos diplomados, cursos y talleres a todas luces insuficientes. Y es que cuando en un principio todo parecía indicar que las cosas se simplificarían, poco a poco el dominio del quehacer editorial profesional requiere de más habilidades y conocimientos.</p>

<p>Hoy se nos abre un amplio panorama complejo y prometedor. Lo que hoy estamos viendo no es sino el inicio de cambios aún más drásticos en toda la cadena de producción del libro. Desde la transformación del quehacer editorial mismo hasta la transfiguración del autor y del lector, nos falta mucho que ver. </p>

<p>Un aspecto importante es el libro electrónico. Como ustedes sabrán, al terminar el proceso de producción editorial tenemos un archivo electrónico equivalente a lo que antaño llamábamos “pruebas finas”. Ese archivo, generalmente un PDF, puede tener muchos usos. Es decir, no sólo es el que enviamos a las impresoras para la impresión digital; también es la antesala del libro electrónico. Con unos cuantos clics uno convierte ese archivo y lo deja listo para subirlo a internet. La facilidad con que se pueden crear libros electrónicos hoy en día y subirlos a la red de manera gratuita es sorprendente. Claro que hay muchos prejuicios vinculados con el libro electrónico. Los puristas y fundamentalistas del libro con soporte en papel hablan de que es insustituible. Sin embargo, en mi opinión no es más que un prejuicio que deja de lado la perspectiva histórica de las tendencias tecnológicas y los cambios generacionales que trasfigurarán al lector, como ya ha venido aconteciendo, querámoslo o no. El rechazo al libro electrónico, a la lectura en dispositivos electrónicos, parte de una experiencia personal, de una postura romántica, y no de conocimientos científicos, lamentablemente. De cualquier manera, el libro electrónico sigue en su infancia y falta mucho para que entre a la adolescencia. Pero “mucho” hoy en día se mide en cuestión de años, no de décadas.</p>

<p>Esta semana la empresa ADOBE sacó la nueva versión de sus aplicaciones que se han convertido en el estándar a nivel internacional: el CS4, en el cual encontramos entre otras herramientas el InDesign que cada vez más editores usamos, así como Ilustrator, Acrobat, Photoshop, etc. Esta nueva versión responde a los cambios drásticos que estamos viviendo: la multiplicidad de plataformas de las que los mortales hacemos uso: la PC de escritorio, la laptop transportable, la TVs con acceso a Internet en la recámara, iPods, iPhones, Blackberry y la Palm entre muchos otros, es decir celulares con conectividad de banda ancha con los que se puede ingresar a la web y hacer muchas cosas como escuchar música, ver fotos y videos, leer el periódico y sí, también leer libros.</p>

<p>A manera de ejemplo: yo también soy fotógrafo. Cuando surgió la fotografía digital, los fotógrafos profesionales, museógrafos, galeristas y curadores la vieron con desdén. En unos cuantos años, la fotografía digital se fue imponiendo, a tal grado que los fabricantes de cámaras, prácticamente sin excepción, se fueron retirando del mercado analógico para impulsar exclusivamente el digital. Hoy la gente se va desvinculando cada vez más de la foto impresa para migrar hacia álbumes digitales en la red. Suben sus fotos a Hi5, MySpace, Flickr, Facebook y tantos otros sitios gratuitos. Es la transfiguración del espectador. ¡Quién iba a decir hace unos años que hojear un álbum de fotos encuadernado iba a ser desplazado por una presentación en pantalla! Antes había sucedido lo mismo con la música, que pasó del LP al CD y de allí al mero archivo MP3 sin aparente sustento físico. Sin embargo, también la fotografía digital está en plena infancia… si acaso, entrando apenas en la adolescencia y lejos de madurar.</p>

<p>Cambios así se nos avecinan, y quien no esté preparado tendrá muchas dificultades en el terreno del quehacer editorial. Hay mucho qué estudiar. Es uno de los aspectos apasionantes de nuestra profesión: nunca se termina de aprender algo nuevo. Para orientar adecuadamente los pasos es necesario impulsar una labor sistemática de capacitación de los actores del quehacer editorial y de investigación en todos los terrenos, tanto de la creación de publicaciones destinadas a distintos dispositivos de lectura, como de los cambiantes procesos de lectura tanto lineal como no lineal. Para contribuir a eso con un granito de arena, hemos creado la revista Quehacer Editorial y hemos estado impulsando desde la sociedad civil iniciativas como el Instituto del Libro y la Lectura, A.C. (ILLAC) y la Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos (RIEPA), entidad a la que los invito a unirse. </p>]]>
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    <title></title>
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    <published>2008-09-12T06:57:49Z</published>
    <updated>2008-09-12T06:58:31Z</updated>
    
    <summary>Get your own - Open publication...</summary>
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        <![CDATA[<div><object style="width:425px;height:179px" ><param name="movie" value="http://static.issuu.com/webembed/viewers/style1/v1/IssuuViewer.swf?mode=preview&amp;previewLayout=white&amp;username=Zenker&amp;docName=www.solareditores.com&amp;documentId=080912054849-601f950449764fa991cf5f5f4c05970f&amp;autoFlip=true&amp;backgroundColor=ffffff&amp;layout=grey" /><param name="allowScriptAccess" value="always" /><embed src="http://static.issuu.com/webembed/viewers/style1/v1/IssuuViewer.swf" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" style="width:425px;height:179px" flashvars="mode=preview&amp;previewLayout=white&amp;username=Zenker&amp;docName=www.solareditores.com&amp;documentId=080912054849-601f950449764fa991cf5f5f4c05970f&amp;autoFlip=true&amp;backgroundColor=ffffff&amp;layout=grey" /></object><div style="width:425px;text-align:left;"><a href="http://issuu.com" target="_blank">Get your own</a> - <a href="http://issuu.com/zenker/docs/www.solareditores.com?mode=embed&amp;documentId=080912054849-601f950449764fa991cf5f5f4c05970f&amp;layout=grey" target="_blank">Open publication</a><a href="http://issuu.com/embed/guide?documentId=080912054849-601f950449764fa991cf5f5f4c05970f&amp;width=425&amp;height=301" target="_blank"><img src="http://static.issuu.com/webembed/previewers/style1/v1/m3.gif" border="0" /></a></div></div>]]>
        
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    <title>La sobreproducción editorial</title>
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    <published>2008-04-24T02:31:24Z</published>
    <updated>2008-04-24T02:35:47Z</updated>
    
    <summary>Invitado por Francisco Vargas, participé en el Encuentro del Libro y la Lectura con una ponencia sobre la supuesta sobreproducción editorial el pasado 22 de abril del 2008. Alejandro Zenker El tema de la llamada “sobreproducción editorial” es, sin duda,...</summary>
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        <![CDATA[<p><em><blockquote>Invitado por Francisco Vargas, participé en el Encuentro del Libro y la Lectura con una ponencia sobre la supuesta sobreproducción editorial el pasado 22 de abril del 2008.</blockquote></em></p>

<p>Alejandro Zenker</p>

<p>El tema de la llamada “sobreproducción editorial” es, sin duda, complejo y polémico, y no deja de tener tintes ideológicos y generacionales. Quienes hablan de “sobreproducción” y de la necesidad de regularla lo hacen desde la perspectiva de una industria que busca maximizar sus ganancias, pero enfrenta un problema crónico de agotamiento de la capacidad instalada de consumidores. Hoy por hoy, sólo un pequeño fragmento de la población lee. Ese universo limitado de lectores (y más que de lectores propiamente, habría que hablar, más bien, de compradores de libros, pues no siempre quien compra uno realmente lo lee) es el pastel que todos los editores queremos comernos. Si de eso se trata, por supuesto que hay una clara sobreproducción de libros (y una subexistencia de puntos de venta, idealmente librerías).<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>Pero plantearlo así, por otro lado, no deja de traer a mi memoria las discusiones sobre otras supuestas “sobreproducciones” a lo largo de la historia, pasada y presente. En un mundo en el que priva el hambre, de pronto hay “sobreproducción” de trigo, de maíz, de leche, de azúcar. Los precios bajan y los productores entran en crisis. Entonces intervienen los gobiernos, y no han sido pocos los casos en que cientos de toneladas de alimentos han sido destruidas para regular los precios del mercado, mientras millones de personas mueren de hambre.</p>

<p>Pero no quiero parecer un populista simplón y equipar la comida —artículo de primera necesidad, de supervivencia, de vida o muerte— con el libro, que no es de primera necesidad. Sin alimentos, sin agua, morimos. Sin libros podemos vivir tan o más felices que con ellos.</p>

<p>La actual producción mundial de libros con soporte papel supera la capacidad instalada de lectores. Como las políticas encaminadas a crear lectores no han obtenido los resultados deseados —y menos en países como el nuestro, donde los encargados de las políticas educativas y culturales carecen de una visión científica y de largo plazo del problema—, la industria editorial, entendida como aquella que monopoliza la producción de libros en gran escala, habla de “sobreproducción” y encara el problema de una competencia feroz y desgastante con enormes pérdidas financieras, o la utópica idea de la “autorregulación” del mercado.</p>

<p>Pero el problema es más complejo de lo que el grupo de tecnócratas de la vieja escuela pueden imaginar. Yo soy un editor atípico. Publico mis libros en tirajes cortos, aprovechando la tecnología de impresión digital con la que cuento. E innumerables instituciones públicas y privadas recurren a nuestros servicios para hacer lo mismo. Miles de títulos de editoriales pequeñas, medianas y grandes han emergido de nuestros talleres en tirajes pequeños, pero ésa es sólo una arista de la historia. La impresión digital en tirajes cortos es, sin duda, una de las opciones que los editores de vanguardia tienen a su disposición.</p>

<p>También, desde hace años, la emergente industria cibernética ha descubierto en la información en general un espacio amplísimo de oportunidades de negocio y crecimiento. La industria editorial establecida vio (y sigue viendo) con desdén los esfuerzos por impulsar la idea del libro electrónico. Con cada nuevo intento que emerge y, a la postre, fracasa, aplauden eufóricos vislumbrando que su industria, basada en los actuales paradigmas de libro papel-base instalada de lectores-monopolio de distribución-puntos garantizados de venta-capital de promoción y difusión-etc., durará más que Fidel Velázquez al frente de la CTM o Franco en España. Sin embargo, están cometiendo los mismos errores en que incurrieron quienes pensaron que la computadora jamás sustituiría y superaría al linotipo y la fotocomposición, que el fotolito nunca desaparecería y que la impresión digital basada en tóner y tintas se iría imponiendo por ningún motivo. Quienes carecieron de visión en el terreno de las artes gráficas, sucumbieron y nadie les lloró. Parecían gigantes inamovibles. No lo fueron. Los David que surgieron en los sótanos, es decir, los creadores de Microsoft, Yahoo y Google, por ejemplo, vencieron a los Goliat del capital y se hicieron del capital.</p>

<p>Hoy en día, el mundo editorial está viviendo cambios cuyas consecuencias aún no se vislumbran cabalmente. Ya son cada vez más las megaeditoriales que, previendo lo que se avecina, y de manera silenciosa, están convirtiendo todo su catálogo en libro electrónico. Echan pestes sobre el libro electrónico, pero lo cortejan. Microsoft y Google han digitalizado ya decenas de miles de títulos. Amazon se adelantó con su nueva apuesta: el dispositivo de lectura llamado Kindle.</p>

<p>De una población total de 6 600 millones de habitantes en el mundo, más de 19% ya tiene conexión a internet, es decir, cerca de 1 300 millones de habitantes. En América Latina hay una penetración (dicho sea sin albur) de más de 20%. Es significativo, aunque nada comparado con el 70% de Estados Unidos, 55% de Australia y Oceanía y 41% de Europa. La magnitud del fenómeno cibernético escapa al discurso de las megaeditoriales. Siguen basando sus pronósticos en el papel. Pero en la red, la realidad es otra. Simplemente en octubre de 2007, los cibernautas bajaron más de tres y medio millones de libros del sitio del Proyecto GUTEMBERG. Hay incontables espacios en los que los internautas comparten libros, como lo hacen con las canciones, por ejemplo, a través de los grupos, tipo google-groups. Es “piratería”, sin duda. Pero hoy en día hay que retomar el tema de los “derechos de autor”, cuya longevidad, legitimidad y sensatez pondría hoy en duda.</p>

<p>En fin, el mundo de la comunicación en general, y de la industria editorial en particular, está cambiando drásticamente. Más vale estar preparados.</p>

<p>¿Se vale hablar de “sobreproducción” cuando nos referimos al mundo cibernético? ¿Podríamos decir acaso que Google está produciéndonos demasiadas entradas bajo un mismo concepto? Si son demasiadas… ¿quién debería decidir cuáles hay que obviar?</p>

<p>El concepto mismo de la llamada “sobreproducción” me produce urticaria. De pronto imagino un Big Brother que querrá decidir qué es procedente y qué no.</p>

<p>En mi opinión, el llamado a la “autorregulación” del mercado editorial es no sólo una expresión del llamado “capitalismo voraz”, sino la antesala del fascismo cultural. ¿Quién va a decidir qué es “digno” de ser publicado y qué no? ¿Acaso esa élite de aristócratas ilustrados que pretende saber qué deben leer los demás y qué no? La historia está llena de ejemplos de esa intención espermaticida contra la cultura, contra la literatura. Hay una horda de imbéciles que pregonan la idea de que EQUIS cantidad de libros son los más importantes en la historia. ¿Importantes? ¿Para quién? </p>

<p>Yo publico libros en tirajes a veces de sólo 50 ejemplares. Por el gusto de hacerlo. Porque esos 50 lectores de ese poeta me parecen importantes. ¿Acaso el tiraje realmente refleja la importancia de un libro? ¿Cuántos bodrios no circulan en tirajes enormes sin que eso refleje su calidad literaria?</p>

<p>Ante eso, el fortalecimiento de Internet, de las redes de cibernautas que reclaman el derecho a la libertad de acceso a la información, a la literatura, a la cultura, me parece que marca la pauta. El surgimiento de blogs independientes, de infinidad de propuestas informativas, literarias y culturales nos dan idea de la dirección que tomarán las cosas.</p>

<p>Pero todo tiene su pero.</p>

<p>Yo soy editor independiente… ferozmente independiente. Independiente, por fortuna, de los mismos “independientes”, muchos (aunque no todos, por supuesto) zánganos de las limosnas gubernamentales. Desde un principio busqué formas alternativas de hacerle llegar a otros, de compartirles, lo que a mí me gustaba. Creé listas de distribución, por ejemplo. Durante años torturé a miles con mis envíos de un boletín poético que llamé Literalia. Fui creando páginas, blogs. Actualmente administro no menos de 20 espacios en Internet.</p>

<p>Sin embargo, ese mismo espacio que muchos creímos la panacea, el lugar donde habríamos de ejercer nuestra libertad irrestricta, se ha ido transformando. Aquellos que surgieron en los sótanos, en los garajes, se convirtieron en enormes conglomerados que rigen cada vez más la vida en ese ciberespacio. Nuevamente es el capital el que manda, el que nos censura, como me ha censurado a mí ene cantidad de veces.</p>

<p>En suma: ¿hay sobreproducción? En absoluto. Hay unos conglomerados que, en función de sus intereses, y sin atender para nada los intereses “supremos” de la humanidad, simplemente ven mermados sus ingresos. Son editores por azares del destino. Una vez que sus capitales ya no produzcan los que esperan, producirán condones, tuercas, clavos, marihuana o misiles, si allí está la plusvalía. Son capitalistas. No editores de corazón y vocación.<br />
Quienes sí lo somos —editores de vocación—, tendremos que buscar alternativas. La alternativa que vislumbrábamos, ya está siendo monopolizada por unos cuantos. De entrada, los intereses militares y de inteligencia de Estados Unidos… luego, los grandes gigantes imperiales y dueños de grandes partes del nuevo capital: Microsoft, Google, Yahoo… y sus subalternos, como Hi5, Facebook, MySpace, Spaces, blogspot, etc…</p>

<p>Pero sigo creyendo en la sociedad civil. En que sabremos encontrar formas de romper las barreras. Por mí, que los grandes conglomerados sigan haciéndose chaquetas mentales sobre la sobreproducción. Es su capital. No el nuestro. Y que sucumban. No merecen menos.</p>

<p>Mientras, hay que imaginar cómo crear nuevos espacios.</p>

<p>Quizá sin intereses de capital de por medio.</p>

<p>Aprendiendo a transmitir el gusto por la lectura. No el gusto por la compra del libro.</p>

<p>Termino:</p>

<p>No hay sobreproducción de libros… Hay sobreproducción de magnates del libro sin vocación por la lectura.</p>

<p>No hay sobreproducción de libros … Hay neofascistas culturales que desearían quemar libros para mantener los precios.</p>

<p>No hay sobreproducción de libros… Hay una carencia de inteligencia gubernamental a nivel mundial para propiciar el gusto por la lectura.</p>

<p>No hay sobreproducción de libros… Hay falta de imaginación.</p>

<p>Pero hay esperanza.</p>

<p><br />
Azh, abril 2008</p>]]>
    </content>
</entry>
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    <title>Notas sobre la creación de una red internacional de editores independientes</title>
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    <published>2007-11-19T20:41:27Z</published>
    <updated>2007-11-19T20:44:35Z</updated>
    
    <summary>Ponencia que presentó Alejandro Zenker en la mesa redonda celebrada el jueves 15 de noviembre de 2007 en la Casa Universitaria del Libro con motivo de la visita de un nutrido grupo de poetas y editores españoles, entre ellos Uberto...</summary>
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        <name>Alejandro Zenker</name>
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        <![CDATA[<blockquote><strong>Ponencia que presentó Alejandro Zenker en la mesa redonda celebrada el jueves 15 de noviembre de 2007 en la Casa Universitaria del Libro con motivo de la visita de un nutrido grupo de poetas y editores españoles, entre ellos Uberto Stabile, Angeles Alonso, Antonio Vizcaya, Antonio Orihuela e Inma Luna.</strong></blockquote>

<p>Vivimos en una época en la que sobrevivir como editor independiente es cada vez más difícil. En México, por ejemplo, los proyectos editoriales que no tienen una sustentabilidad económica más allá de la propia actividad editorial y de los recursos que se recaudan por concepto de ventas de libros, sucumben tarde o temprano.<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>Esa vida al filo del exterminio es lo que ha hecho que emerjan proyectos encaminados a agrupar a los llamados independientes ya sea a nivel nacional o internacional. Las agrupaciones nacionales tienen una visible dificultad para unirse, pues ante las carencias y dificultades, unos ven a otros como competencia.</p>

<p>Por cierto, ya en varios foros ha surgido un genuino cuestionamiento sobre el término “independiente” que suelen colgarse de epíteto las editoriales pequeñas. ¿Independientes de qué? Muchas dependen de subsidios gubernamentales, a través de la fórmula de la coedición, para subsistir. Y la dependencia económica es la peor de todas, pues en el medio editorial de la capacidad económica depende la posibilidad de impulsar proyectos. Por lo tanto creo necesario revisar el término. Quizás sería más propicio hablar de editoriales alternativas.</p>

<p>Como quiera que sea, los proyectos encaminados a agrupar a las editoriales, sucumben con facilidad al igual que las mismas editoriales si no surgen con principios y objetivos claros, con una estructura organizativa sólida y una clara definición de su sustentabilidad económica. Si quienes se unen no tienen los recursos para subsistir como proyectos, difícilmente los tendrán para financiar una entidad ajena si ésta no les reporta de inmediato ganancias. Así como he sido testigo del surgimiento y desaparición de numerosos proyectos editoriales, también lo he sido del desmoronamiento de proyectos de creación de organizaciones que agrupen a los editores alternativos.</p>

<p>Sin embargo, creo que las cosas están cambiando en algunos sentidos, lo que está propiciando un extraño fenómeno: la realización de cada vez más encuentros de editores a nivel internacional. Mientras que los intentos por crear una agrupación a nivel nacional pueden fracasar con relativa facilidad en aras de luchas intestinas por el poder o por la falta de recursos económicos y la carencia de un aparato administrativo, los encuentros internacionales generalmente cuentan con apoyo gubernamental sin que esto mine la independencia de quienes se reúnen. Por otro lado, al provenir los editores de puntos distantes y al no constituir uno competencia del otro, la concordia, el diálogo, el intercambio de ideas y experiencias suele ser el común denominador de los encuentros. <br />
 <br />
La disposición a colaborar en proyectos suele darse con más facilidad entre entidades separadas por un océano, que las que comparten un mismo país.</p>

<p>Este año tuve oportunidad de participar en dos encuentros internacionales de editores alternativos. El primero, en Punta Umbría, España, organizado por Uberto Stabile. La riqueza de experiencias que uno puede tener en un encuentro de esa naturaleza es sorprendente. A diferencia de otros en los que he participado, en los que toman parte entidades con similares características en tamaño y visión, en Punta Umbría convergen los proyectos más dispares. Esa enorme diversidad es la que permite enriquecerse con una gran variedad de visiones. El segundo al que asistí tuvo lugar en Santa Cruz de Tenerife, en Islas Canarias, España apenas unas semanas atrás, organizado por Angeles Alonso y Arturo Vizcaya. Con algunas características distintas al encuentro en Punta Umbría, este encuentro también se caracterizó por su gran diversidad. Curiosamente, una de sus debilidades, es decir, la carencia de público, se convirtió en una de sus mayores virtudes al propiciar un diálogo constante entre los participantes. Para quienes no han ido, ambos encuentros requieren del participante un aguante por encima de lo normal en todos los terrenos. Inician a las 9 de la mañana en Punta Umbría y a las 10:30 en Canarias, y duran hasta las 9 de la noche. Pero luego sigue un programa que llaman “en off” que inicia a las 11 de la noche y se prolonga hasta que el cuerpo aguante, o hasta que truene.</p>

<p>Como algunos de los que coincidimos en Tenerife ya nos veíamos por segunda vez, la comunicación fluyó con mayor enjundia. En una etílica charla a las afueras del recinto ferial, cerveza en mano, hablamos de la organización del viaje de este nutrido grupo español que hoy nos visita. Propuse allí que hiciéramos algo concreto: la publicación de un libro aprovechando que estarían con nosotros los tres poetas que mañana nos ofrecerán un recital, es decir, Inma Luna, Antonio Orihuela y el mismo Uberto Stabile. La propuesta fue acogida con entusiasmo y es así como hoy contamos con un libro que ellos llevarán a los distintos puntos en los que se presentarán. El libro es fruto de una colaboración entre la editorial Baile del Sol, de Tenerife, y Ediciones del Ermitaño, de México. Es una experimento que demuestra cómo en unas semanas se puede concretar un proyecto de colaboración. Claro, sin internet no habría sido posible. Esa herramienta de comunicación es la que nos abre un mundo de posibilidades.</p>

<p>Un libro como éste es fruto de la unión de voluntades de un conjunto de individuos. Y es una herramienta de trabajo. Es sólo una pequeña muestra de lo que una red de editoriales alternativas, como la que propone Uberto, puede lograr.</p>

<p>Estamos viviendo, en mi opinión, un refrescante auge de encuentros en los que la compartición de visiones está dando por resultado nuevas búsquedas en varios frentes. La gran ventaja es que quienes estamos participando, lo hacemos por convicción, por un impulso natural. Nadie nos paga por hacerlo, nadie nos obliga. Es la acción de lo que en México llamamos la sociedad civil, esa que es crítica, que actúa y que trabaja exigiendo que se le dé el aire, la libertad que requiere, con apoyo pero sin intervenciones por parte del gobierno, sin condicionamientos.</p>

<p>Y creo que esa sociedad civil, ese concierto de editores, autores y creadores, está demostrando ser más universal de lo que habríamos supuesto tiempo atrás.</p>

<p>Lo que Uberto y Ángeles están haciendo debe hacer renacer en nosotros la esperanza. Esa que nunca muere, que nunca debe morir. Menos ahora, que estamos asistiendo al alumbramiento de proyectos que, estoy seguro, nos sorprenderán gratamente en los años venideros.<br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>El editor y la traducción literaria</title>
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    <published>2007-10-20T16:25:02Z</published>
    <updated>2007-10-20T16:26:46Z</updated>
    
    <summary>Alejandro Zenker Encuentro Internacional de Traductores IFAL, 18 de octubre de 2007 Cuando Danielle Zaslavsky —que fue mi condiscípula en El Colegio de México— me invitó a participar en esta mesa hace poco más de una semana, acepté gustoso pensando...</summary>
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        <name>Alejandro Zenker</name>
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            <category term="Ponencias" />
    
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        <![CDATA[<p><strong>Alejandro Zenker<br />
Encuentro Internacional de Traductores<br />
IFAL, 18 de octubre de 2007</strong></p>

<p>Cuando Danielle Zaslavsky —que fue mi condiscípula en El Colegio de México— me invitó a participar en esta mesa hace poco más de una semana, acepté gustoso pensando que el tema era, como quien dice, pan comido. Estudié traducción, formé traductores y soy editor. Sin embargo, al abordar las preguntas que ella me envió y al tratar de ordenar mis ideas, me percaté de lo complejo que resultaría exponerlas en los escasos minutos disponibles en el marco de una mesa redonda. Así que decidí escribir unas líneas polémicas.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Acabo de regresar de las Islas Canarias, España, adonde fui invitado a participar en la feria del libro y en un encuentro de editores independientes para hablar sobre la profesionalización del editor y los problemas de la distribución del libro independiente, entre otras cosas. Este año ha sido muy activo. Meses atrás había participado con una ponencia en otro encuentro de editores independientes en Punta Umbría, España, y semanas después viajé a Corea, donde se realizó un encuentro internacional de editores y traductores de literatura coreana, en el que participamos ponentes de seis países: Corea, Alemania, Estados Unidos, Rusia, China y México. <br />
 <br />
Esta actividad habla de la efervescencia que hay en todo el mundo en torno a la edición. Los encuentros se multiplican, y un común denominador es la interdisciplinariedad y la internacionalización. La industria está en una suerte de “crisis” por los grandes cambios que se han dado a lo largo de los últimos decenios y que se están viendo acelerados por los procesos de globalización y concentración de capitales.<br />
Estos cambios, que afectan toda la cadena de producción y a todos los protagonistas de la industria editorial, es decir, a las pequeñas, medianas y grandes editoriales, de igual manera han venido transformando la manera en que, quienes componen todo el engranaje editorial, se vinculan con su quehacer a la máquina de producción.  Hay, sin lugar a dudas, diferencias entre la manera de abordar las cosas dependiendo del tipo de proyecto editorial de que se trate. Podríamos quizá distinguir seis prototipos básicos, con infinidad de puntos intermedios:<br />
1.	El editor artista que produce libros objeto.<br />
2.	El editor independiente que produce libros sin otra infraestructura que su vocación y entusiasmo.<br />
3.	El editor independiente que logra crear una pequeña infraestructura de producción y administración.<br />
4.	El editor independiente profesionalizado con una estructura productiva y administrativa más o menos bien armada.<br />
5.	La editorial mediana que ya cuenta con una división del trabajo y una estructura profesional productiva y administrativa.<br />
6.	La gran industria editorial trasnacionalizada, globalizada y voraz.<br />
Cada uno de estos proyectos aborda de manera distinta cada eslabón del proceso editorial, incluida la traducción.<br />
Aquí hago un paréntesis. Danielle Zaslavsky nos pidió que habláramos del quehacer editorial real del editor. Es decir, de cómo enfrenta, modifica la traducción literaria, cómo ejerce la crítica, con qué criterios, cómo evalúa la calidad, etc. No cómo DEBERÍA hacerlo, sino cómo lo HACE. El DEBERÍA es una categoría teórica. El HACE es una afirmación práctica. Partiendo de estas categorías, deberíamos hablar de cómo enfrenta cada uno la traducción literaria. Y eso nos llevaría horas. Cabría preguntarnos… ¿cuál categoría de editor abordamos?<br />
 <br />
Yo llevo más de 22 años de producir libros, no sólo los propios, sino los de infinidad de entidades editoriales, desde académicas y paraestatales, hasta privadas. Mi experiencia en materia de producción editorial va desde la concepción misma de un proyecto editorial y su redacción, hasta la producción de libros partiendo de un original en lengua extranjera o en español, su revisión, cotejo y marcaje, tipografía y formación, hasta la impresión, encuadernación, distribución y venta.<br />
Déjenme explicarles, o más bien enunciarles, cuáles son los pasos por los que pasa una traducción en una editorial cuando bien le va:<br />
1.	Dictamen de la obra partiendo del original o de la traducción.<br />
2.	Traducción (cuando no la hay).<br />
3.	Revisión técnica en libros científicos o técnicos, no literarios.<br />
4.	Revisión y cotejo de la traducción desde el punto de vista de la corrección de estilo, ortográfica y gramatical.<br />
5.	Ajuste del texto a las normas de la editorial.</p>

<p>LUEGO</p>

<p>6.	Al realizar la formación tipográfica, el libro pasa por varias etapas, por ejemplo, revisión de lo que llamamos “galeras”, y luego primeras y segundas planas, hasta llegar a la contraprueba.<br />
7.	En esas revisiones, el texto vuelve a sufrir cambios (en ocasiones de estilo o gramaticales) con objeto de ajustarlo a criterios normativos o estético-tipográficos. Para esto hay que tomar en cuenta un aspecto que muchos desconocen. El libro no pasa sólo por las manos de UN corrector, sino de varios. La norma establece que cada una de las idealmente cinco fases de revisión la realice una persona distinta. Quien hace la revisión inicial, el corrector de estilo propiamente, marca la pauta. Pero luego, los correctores de galeras, planas y contraprueba meten su cuchara. Lo ideal es que al final o durante el proceso, el traductor intervenga. Pero no siempre sucede o puede hacerse.<br />
En la primera etapa, en ocasiones el editor escoge al traductor, en otras, la traducción misma es sometida a su consideración. ¿Cómo escoge un editor al traductor? En el mejor de los casos, por sus capacidades, considerando la lengua de partida, el género y la complejidad, así como la disponibilidad y, ojo, la tarifa del traductor, precio que incide sustancialmente en el costo de producción del libro.<br />
Para esto hay que incorporar varios factores de juicio:<br />
El costo fijo de producción del libro se distribuye entre la cantidad de ejemplares producidos. Es decir, a menor cantidad de ejemplares, mayor incidencia del costo en el precio final al público. <br />
 <br />
En mi editorial, gran parte de los libros los produzco con un tiraje inicial de sólo 100 ejemplares, modelo que muchas editoriales pequeñas, medianas y hasta grandes están reproduciendo. Si un libro tiene 100 cuartillas, y al traductor se le paga, malbaratándolo, 100 pesos por cuartilla, el costo de traducción sería de 10,000 pesos. Si a este costo añadimos el de revisión y marcaje, tipografía, formación, lecturas, impresión y encuadernación, le sumaríamos digamos unos $12,000 pesos. Es decir, tendríamos un costo de 22,000 pesos que dividiríamos entre 100 ejemplares. Nos arroja un precio de producción por ejemplar de $220 pesos. Pero resulta que el distribuidor o librero le exige al editor entre el 50 y el 65% de comisión. Tenemos que aplicar un factor multiplicador para salir con alguna ganancia. Un factor multiplicador bajo es igual al 3.5. Si lo aplicamos a $220 x 3.5 nos da un resultado de $770 pesos de precio al público que, descontando el 65% que exigen algunos distribuidores, le deja al editor un ingreso hipotético de $269.50, es decir, apenas $49.50 de ganancia. Pero… olvidamos al autor, a quien habría que pagar entre el 5 y el 10% de regalías. Es decir, sobre un precio al público de $770 pesos, el autor se lleva entre $38.50 y $77 pesos. ¿Y el editor? Prácticamente nada. <br />
 <br />
Esto pone de manifiesto la imposibilidad de que un editor independiente pretenda publicar obras traducidas aunque le pague relativamente poco al traductor. Porque… ¿quién pagaría $770 pesos por un libro de, si acaso, 100 páginas? Así las cosas, la traducción queda casi exclusivamente en manos de las grandes editoriales que mayoritariamente publican best sellers o de editoriales medianas o pequeñas con subsidios. </p>

<p>Una crítica que hemos hecho las editoriales independientes a lo largo de los últimos años tiene que ver, precisamente, con esa bestsellerización del mercado. Sólo obras que tienen la posibilidad de vender grandes cantidades de ejemplares justifican su inmersión en la cadena de producción. Pero eso atenta contra la bibliodiversidad, es decir, contra el derecho que tenemos de acceder a la literatura universal.<br />
Lo anterior da pie a cuestionarnos cuál es la función del traductor literario en el medio editorial. Desde hace muchísimos años hemos pugnado porque al traductor se le dé trato de autor o coautor y porque se le pague decorosamente. Sin embargo, cada vez es más evidente una marcada tendencia a que el traductor literario, y ojo, recalco LITERARIO, realmente se vea como autor y que se conciba como tal.<br />
Y eso significará probablemente trabajar sin cobrar, aspirar a un pago menor de regalías y sentir la satisfacción de ver su obra o co-obra publicada.</p>

<p>Concluyo:<br />
Como editor, desearía contratar al mejor traductor en función de sus capacidades vinculadas al tipo de obra; modificaría la traducción sólo en mancuerna con el traductor por razones de norma editorial o de justificadas objeciones a las soluciones que haya encontrado, partiendo de que la traducción tiene múltiples posibilidades; criticaría la traducción basado en el conocimiento del original y de la calidad de lo que me ofrece; basaría mis criterios y la evaluación de la calidad en mis propios conocimientos o en los de mis colaboradores, ya sea internos o externos; tomaría en cuenta la complejidad de la obra, la riqueza literaria que nos arrojara el traductor para acercarnos al original desde una multiplicidad de aspectos léxicos, gramaticales, culturales, etc.; confiaría en el resultado de una mancuerna entre el traductor y el corrector de estilo, y buscaría como corrector de estilo a quien sabe dialogar y valorar los intrincados problemas de la traducción; <br />
 <br />
buscaría a veces al traductor-escritor en función de sus habilidades, pero por lo general al traductor profesional, y confiaría, más que nada, en una labor conjunta, en una mancuerna, en un trabajo de equipo. </p>

<p>El traductor que cree ser la crema y nata y no está dispuesto a dialogar y escuchar a quienes están en un proceso de producción complejo, generalmente es un mal traductor, o un traductor soberbio con quien uno no querrá trabajar de nuevo. La traducción no es todo, como tampoco el proceso de creación. Autor, traductor y editor deberían ser parte de un triángulo amoroso para producir el coito perfecto: el libro.</p>

<p>Pero la realidad es otra. Y nos toca luchar por transformarla.<br />
La bestsellerización es el coitus interruptus. La bibliodiversidad es el nirvana literario.<br />
Muchas gracias.</p>

<p></p>

<p>* azh, 17/10/07</p>]]>
    </content>
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<entry>
    <title>¡Que muera el libro, que viva la lectura! Conferencia de A. Zenker en Veracruz</title>
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    <published>2007-10-20T16:20:54Z</published>
    <updated>2007-10-20T16:49:04Z</updated>
    
    <summary>El pasado 6 de octubre, Alejandro Zenker, director de Solar y de Ediciones del Ermitaño, dictó una conferencia en la Universidad Veracruzana titulada &quot;¡Que muera el libro, que viva la lectura! ¿Extinción o transfiguración del lector?&quot;, en la que analizó...</summary>
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        <![CDATA[<p>El pasado 6 de octubre, Alejandro Zenker, director de Solar y de Ediciones del Ermitaño, dictó una conferencia en la Universidad Veracruzana titulada <a href="http://www.solareditores.com/editorial/blog/que_muera_el_libro_que_viva_la.php">"¡Que muera el libro, que viva la lectura! ¿Extinción o transfiguración del lector?", </a>en la que analizó el presente y el futuro del libro en virtud del avance de las nuevas tecnologías. Inició diciendo: "El tema que voy a abordar constituye sin lugar a dudas el más polémico de los que se tocan cuando se habla de la crisis de la industria editorial y de las transformaciones del libro y por tanto de su futuro y del de la lectura misma."</p>]]>
        
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    <title>Traducción, publicación y difusión de la literatura coreana en México</title>
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    <published>2007-04-24T08:34:48Z</published>
    <updated>2007-05-15T23:59:50Z</updated>
    
    <summary>Ponencia preparada por Alejandro Zenker para el Instituto de Traducción de Literatura Coreana (KLTI) Corea, Junio 2007 El año pasado, durante la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, México, llegó al stand de la editorial que dirijo, Ediciones del Ermitaño,...</summary>
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        <![CDATA[<p>Ponencia preparada por Alejandro Zenker para el Instituto de Traducción de Literatura Coreana (KLTI)<br />
Corea, Junio 2007</p>

<p>El año pasado, durante la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, México, llegó al stand de la editorial que dirijo, Ediciones del Ermitaño, Ko Young-il para hablar conmigo sobre la posibilidad de publicar algunas obras de literatura coreana, propuesta que llamó mucho mi atención. Mi sorpresa fue en aumento cuando me enteré de que en Corea existe un instituto para la traducción literaria. ¿Por qué? Ahora les explicaré mi interés personal.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Entre otras cosas, estudié traducción en una prestigiosa institución de educación superior llamada El Colegio de México a finales de los años setenta. Al terminar mis estudios, propuse crear una asociación de traductores, ya que no existía ninguna en México. La fundamos entre varios e iniciamos una larga lucha por el reconocimiento del traductor como profesional. Nos incorporamos a la Federación Internacional de Traductores, en la que ocupé varios puestos que me permitieron adquirir una visión cada vez más amplia de la situación que guardaban la traducción y los traductores en el ámbito mundial. Promoví, entonces, un acuerdo trilateral entre las asociaciones de México, Estados Unidos y Canadá que nos llevó a crear un Centro Regional en el marco de la Federación Internacional de Traductores. Poco después me nombraron director general del Instituto Superior de Intérpretes y Traductores. En aquel entonces, en México se impartía la traducción tan sólo como un diplomado con carácter de posgrado y a nivel técnico, de suerte que decidí recorrer el largo camino académico y burocrático que nos llevaría, finalmente, a elevar el nivel de los estudios al grado de licenciatura.</p>

<p>Elevar el nivel académico era tan sólo uno de los pasos necesarios. Faltaba hacer una labor de difusión y concientización académica, social y cultural para que se reconociera que la traducción debía ser llevada a cabo por profesionales, y que estos debían emerger de instituciones académicas. Decidí entonces impulsar coloquios internacionales sobre la traducción literaria, así como la creación de reconocimientos a los traductores literarios, actividades que nos permitían acceder a los medios de difusión, radio, televisión y prensa, y hablar de nuestro quehacer profesional.</p>

<p>A casi 30 años del establecimiento de esa asociación, las condiciones que prevalecen en México en el terreno de la traducción son radicalmente distintas. Ya tenemos licenciaturas y maestrías en traducción en varias universidades, y la labor del traductor profesional es cada vez más reconocida.</p>

<p>¿Por qué explico todo esto? Porque cuando Ko Young-il me propuso publicar literatura coreana en español, lo primero que me pregunté fue: ¿quién la va a traducir? ¿Y cómo la vamos a producir?</p>

<p>Hace más de 20 años que me fui retirando de la traducción para dedicarme cada vez más a la edición, al frente de mi propia editorial, que ya tiene más de 22 años de existencia y que se ha especializado en la edición de libros de literatura, es decir, poesía, novela, cuento, teatro, etc.</p>

<p>Siempre tuve el proyecto de publicar traducciones literarias, pero aquella profesionalización por la que luché desde la trinchera del traductor, aunada a una mejor remuneración, se volvió en mi contra como editor. Traducir es caro. Por lo tanto, la traducción de literatura de autores desconocidos o poco conocidos se convierte en una aventura editorial terriblemente riesgosa. Sobre todo porque el costo de la traducción, sumado al costo de producción y al pago de derechos de autor, se divide finalmente entre un número reducido de ejemplares, porque los tirajes no pueden ser grandes. Por fortuna, cada vez más países reconocen la importancia de dar a conocer su literatura y han aprendido que, para hacerlo, tienen que apoyar precisamente el proceso inicial: la traducción, y en ocasiones también la producción misma, a fin de hacer viable la publicación y, por lo tanto, la difusión de las obras.</p>

<p>La labor del editor de literatura —y más la de un editor independiente que apuesta a lo nuevo, a lo desconocido— es realmente difícil. Si la publicación de literatura de escritores nacionales significa un reto financiero en el que el retorno del capital invertido es, en muchos casos, poco probable, la publicación de literatura traducida se convierte en una labor poco menos que imposible si el mismo editor es quien tiene que afrontar los costos de la traducción.</p>

<p>Este problema no sólo perjudica a México, sino a gran parte del mundo. La situación que describí afecta, en particular, a las editoriales independientes de pequeñas o medianas proporciones. Las grandes editoriales viven una realidad distinta. Apuestan a los grandes tirajes y a campañas mediáticas y mercadotécnicas para llamar la atención del pequeño universo de lectores. Un universo millonario y de millones, pero proporcionalmente muy pequeño en relación con la población mundial total. <br />
La editorial independiente, por el contrario, no puede sino apostar a tirajes medianos, pequeños o cortos, y a una labor hormiga en busca de puntos de venta y de lectores-compradores. </p>

<p>El año pasado participé en un encuentro internacional de editores independientes realizado en México, cuyo tema giraba en torno a la bibliodiversidad. Los participantes, provenientes de Asia, África, Europa y América Latina, retrataron —todos— un escenario similar. Un mercado acuñado de acuerdo con los intereses de las grandes corporaciones editoriales, leyes poco favorables a la creación de librerías y otros puntos de venta, pocos o nulos incentivos para la promoción de la lectura.</p>

<p>En el mundo se ha impuesto la “bestsellerización”, es decir, la publicación casi exclusiva de obras que tienen ganada, hasta cierto punto, la batalla de las ventas, al grado de hacer rentable su edición. Muchas, muchísimas obras, quedan fuera de esa lógica. En México, por ejemplo, escritores ya clásicos y muy reconocidos están enfrentando una situación insólita: las editoriales les están cancelando los contratos debido a que sus obras ya no venden lo suficiente para justificar una reedición. Pareciera que estamos corriendo el riesgo de perder la memoria histórica de la literatura universal en aras de los intereses económicos de quienes dirigen el gran mercado editorial mundial.</p>

<p>Se habla ya de los demasiados libros, es decir, aparentemente se producen más libros de los que los lectores dispuestos a comprarlos pueden leer. En España, por ejemplo, los grandes conglomerados han estado hablando incluso de la necesidad de una “autorregulación” del mercado, es decir, que ante la sobreoferta habría que reducir la cantidad de obras publicadas.</p>

<p>Por otra parte, aflora cada vez con mayor fuerza la conciencia de que es imprescindible impulsar políticas de fomento de la lectura. Caeríamos en el engaño si supusiéramos que detrás de eso hay un genuino interés por elevar el nivel cultural de la población, cuando en muchos casos hay un perverso contubernio entre una industria editorial voraz y gobiernos burocráticos e ignorantes para los que el libro no difiere en valor de un clavo, un tornillo o un zapato. La industria, la GRAN industria, requiere más lectores o, mejor dicho, más consumidores, más compradores. Por eso todo sigue enfocado al tema de los best seller, es decir, libros de gran impacto mediático, fácil venta y con un retorno de capital rápido.</p>

<p>Pero, ¿queremos un mundo en el que se publique tan sólo un número limitado de títulos, de obras que apelen al interés de un común denominador de lectores que justifiquen los razonamientos económicos de los grandes conglomerados de la industria editorial?</p>

<p>Yo creo que caer en esa lógica acarrea grandes peligros para la cultura universal. Por eso, cada vez hay más editoriales independientes que buscan nuevos caminos, que exploran otros paradigmas que logren romper ese círculo vicioso.</p>

<p>Desde hace muchos años, por ejemplo, la publicación de poesía ha venido decayendo. Este género quizá nunca vendió tanto como la novela, pero tenía su público. Nunca un público masivo como el que las editoriales grandes pretenden tener hoy. Así pues, la publicación de poesía ha ido quedando cada vez más relegada a las editoriales independientes.</p>

<p>Con este razonamiento vuelvo al inicio de esta ponencia: la publicación de la literatura coreana. Una cosa es colocar uno o varios títulos que respondan a criterios comerciales que garanticen su venta masiva, y otra muy distinta que se ponga a disposición de la comunidad de lectores un acervo amplio y representativo de la literatura coreana en español, por ejemplo. Creo que el éxito de una nueva propuesta literaria, como la difusión de la literatura coreana en México y América Latina, tendría que dejar de lado el principio del bestseller y concentrarse en el longseller, es decir, el libro o conjunto de libros que se van abriendo camino, que llegan a sus lectores naturales poco a poco, pero que también encuentran a sus nuevos lectores y que, por la vía de la recomendación, van ampliando su espectro de difusión. Claro, hay excepciones.</p>

<p>La literatura infantil coreana es de excepcional calidad y tiene gran futuro en los mercados mundiales por su naturaleza misma. Los niños, vivan donde vivan, tienen intereses, vivencias, quizá hasta cosmovisiones similares o, al menos, la capacidad de imaginar cualquier escenario, cualquier cosmos que se le proponga. No ocurre lo mismo con el adolescente, y menos con el adulto. Nos vamos volviendo perezosos, y las nuevas tecnologías, los medios, compiten cada vez más con el libro, aparentemente estático, con el que no se interactúa. No sé si sepan que una reciente investigación determinó que el mexicano lee, en promedio, 2.9 libros al año. Pero ésa es una gran exageración. En realidad, muchas personas mienten en las encuestas. Y la división matemática hace aparecer a los lectores voraces como ignorantes, y a los ignorantes como lectores. Lectores, lo que se dice lectores, hay pocos en México, pero también en América Latina, en África y en Asia. Y sin duda en Estados Unidos y en muchos países de Europa. En fin, la falta de hábitos de lectura es un mal mundial. </p>

<p>Partiendo de esa realidad he ido estructurando mi editorial. Ediciones del Ermitaño tiene una historia de más de 22 años. Los primeros diez intentamos competir en el mercado de la manera tradicional, con tirajes largos de 10 000 o más ejemplares. Sufrimos muchos descalabros y vimos que el universo de obras publicables siguiendo ese esquema era menor al de nuestras pretensiones. Finalmente, en 1995 decidí incorporar en México la producción basada en la impresión digital, con tirajes cortos, mejor conocida como impresión bajo demanda o Print On Demand (POD). Fuimos los pioneros y nos tocó llevar a cabo una larga y desesperante labor de “evangelización” para convencer a otros editores de que el esquema de producción y comercialización que proponíamos era viable. A partir de entonces, gran parte de la producción de nuestros libros se basó en ese principio: quiero longsellers, libros que estén permanentemente disponibles y que pueda producir de acuerdo con su propia lógica de desplazamiento. Porque en el terreno comercial, ningún libro es igual. Así, nuestro actual catálogo vivo, de más de 150 títulos, se desplaza de manera constante, y cada vez son más las editoriales que, convencidas de que los viejos paradigmas ya no son viables, están recurriendo a nuestros servicios, porque, dicho sea de paso, nos convertimos también en una empresa que brinda servicios integrales de producción editorial.</p>

<p>Creo que las grandes editoriales son inevitables, porque hay necesidades que hay que cubrir en el plano de los libros de amplia difusión y que requieren esos gigantescos aparatos de producción, administración y comercialización, pero dejar la cultura literaria en sus manos es poco más que un suicidio. Es imprescindible su contraparte.</p>

<p>Independientemente de que algunos títulos de literatura coreana sean publicados en esas grandes editoriales, creo que sería muy benéfico que se considerara la creación de una colección que abarque novela, cuento y poesía, y que esté permanentemente disponible con una visión de largo plazo. Creo también que la creación de una colección de esa naturaleza requiere de una labor sistemática en varios frentes:</p>

<p>1.	La formación de traductores profesionales del coreano cuya lengua materna sea el español. <br />
2.	La conformación de un equipo de correctores editoriales que se especialicen en los problemas de la edición de traducciones del coreano. <br />
3.	La labor de difusión sistemática de la cultura coreana y de las virtudes de su literatura y su vinculación con las culturas de lengua hispana. <br />
4.	La presencia constante y sistemática de esa literatura en los principales foros, como ferias y coloquios, encuentros y conferencias sobre traducción. </p>

<p>Las editoriales independientes funcionamos muchas veces a manera de “trampolín”. Es decir, obras que publicamos en ediciones limitadas brincan en ocasiones a ediciones grandes, ya sea porque se pactan coediciones con instituciones gubernamentales, o porque editoriales grandes se interesan en una edición especial. Les doy un ejemplo: uno de mis autores es el escritor Gustavo Sainz. Sus obras han sido publicadas en cientos de miles de ejemplares y traducidas a numerosas lenguas. Se cuentan por cientos las tesis sobre su obra en todo el mundo. Sin embargo, la editorial que tenía contratada la publicación de gran parte de sus textos le rescindió el contrato de gran parte de sus libros porque las ventas ya no son las que ellos esperan. Así pues, establecimos un convenio para que yo publique sus obras completas, labor a la que estamos entregados. Esto no impide que él publique un libro en un tiraje grande, como ocurrió recientemente. Él decidió, independientemente de esos “golpes de suerte”, que desea contar con un editor que le garantice la perdurabilidad de toda su obra en el mercado.</p>

<p>Creo que hay mucho camino por andar. A la profesionalización del traductor también le debe seguir la profesionalización de una nueva generación de editores independientes. La tecnología avanza a pasos agigantados. Nosotros hemos optado, por ejemplo, por que todos nuestros títulos estén disponibles en Google para la realización de búsquedas, al igual que en Amazon, en formato PDF, para su previsualización antes de que el lector potencial realice el pedido, así como en las librerías virtuales nacionales.</p>

<p>¿Qué más hace falta para que un proyecto de publicación de literatura coreana sea exitoso? Una colaboración muy estrecha de las diversas partes, aunada a mucho entusiasmo, constancia, pasión y profesionalismo. </p>

<p><br />
*azh, abril 2007</p>]]>
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    <title>Edita 2007: El espíritu matador de Uberto Stabile</title>
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    <published>2007-04-24T08:26:00Z</published>
    <updated>2007-05-25T02:01:21Z</updated>
    
    <summary>Una reflexión sobre el XIV Encuentro Internacional de Editores Independientes, Punta Umbría, España. Alejandro Zenker Así como el pequeño Oscar de Günter Grass decidió dejar de crecer al cumplir los tres años, un día yo decidí ya no subirme a...</summary>
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        <![CDATA[<p><strong>Una reflexión sobre el XIV Encuentro Internacional de Editores Independientes, <br />
Punta Umbría, España.</strong></p>

<p><em>Alejandro Zenker</em></p>

<p>Así como el pequeño Oscar de Günter Grass decidió dejar de crecer al cumplir los tres años, un día yo decidí ya no subirme a un avión. Rompí ese despropósito cuando, consumido por el deseo, fui a visitar a una amiga en Cancún que, a la postre, se convirtió en mi compañera. Pero este año, por algún complot de la vida, surgieron invitaciones que no podía rechazar. La primera, sobre la que reflexionaré aquí, me llevó de México a Madrid, España, de donde me desplazaría en tren a Huelva y, de allí, a Punta Umbría, donde se realizó el XIV Encuentro Internacional de Editores Independientes del 27 al 30 de abril de 2007. Yo había participado con anterioridad, en 2005, en el Encuentro de Editores Independientes del Mundo Latino y la Bibliodiversidad que se realizó en el marco de la FIL de Guadalajara, México. Pensaba que me encontraría en España con un perfil similar de organizaciones editoriales. Pero se trató de un encuentro de características totalmente distintas.<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>El encuentro realizado en México contó, por un lado, con el apoyo de la UNESCO, además de numerosas instancias gubernamentales. Las editoriales participantes eran de pequeñas a medianas proporciones, todas batallando con las circunstancias desiguales impuestas por los grandes conglomerados editoriales. Dicho a grandes rasgos: se trata de proyectos empresariales que se asumen como “independientes” simplemente por el hecho de no pertenecer a ninguna transnacional de la industria editorial pero muchos de los que, paradójicamente, dependen de subsidios gubernamentales.</p>

<p>En Punta Umbría, por el contrario, el encuentro se debe al entusiasmo, a la perseverancia y a la visión de un individuo: Uberto Stabile, y se lleva a cabo con recursos muy modestos y el apoyo del gobierno local. Los participantes, en su mayor parte, más que empresas editoriales constituyen proyectos editoriales, llamémosles “alternativos”, empujados más que nada por la creatividad en ocasiones alucinante de sus protagonistas. Mientras que en México el modelo del encuentro era acartonado, con lectura de una ponencia tras otra, en Punta Umbría hubo pocas lecturas formales y muchas presentaciones de proyectos y publicaciones. Algunas de manera improvisada y escueta, otras con inclusión de multimedia o performance. Muchos de los que participaron traían entre manos libros-objeto pletóricos de imaginación. Mientras que en México el encuentro fue un plañidero de quejas y lamentaciones, en Punta Umbría florecieron las propuestas. Yo llevaba una ponencia titulada “La profesionalización del editor independiente”, que continuaba con las reflexiones que había yo hecho en el encuentro en México. Sin embargo, desde que inició el encuentro me fui dando cuenta de que mi planteamiento no encajaba bien en el contexto en el que estaba. Malo como soy para improvisar, adapté y reduje mi ponencia a ese entorno que encontré. Tal como lo presentía, algunos no se identificaron con lo que dije; y no tenían por qué. Su proyecto va por otros caminos. Pero sí hubo quienes se pusieron el saco y a quienes gustó lo que expuse, y que publiqué en esta misma página.</p>

<p>Uberto Stabile tiene un espíritu matador. Las sesiones iniciaban en el despampanante Teatro del Mar, ubicado en la Casa de Cultura de Punta Umbría, a las 10:30 de la mañana y terminaban a las 21:00 horas. Pero allí no acababa todo. A partir de las 23:00 horas continuaba el encuentro en El Viejo Café con el segmento, llamémosle, cultural, aunque en parte era continuación de las sesiones matutinas y vespertinas. Recitales de poesía, performance, música. Un agotador maratón que terminaba hasta la madrugada y que uno sobrevivía armado de una cerveza Cruzcampo o vino tinto y tapas.</p>

<p>Así, el encuentro reunió a más de 200 participantes provenientes de Andalucía, Aragón, Asturias, Canarias, Cantabria, Castilla de la Mancha, Castilla de León, Cataluña, Ceuta, Extremadura, Galicia, Madrid, País Vasco, Valencia, Portugal, México, Chile, Cuba, Perú, Brasil y Puerto Rico.</p>

<p>¿Valió la pena? Sin lugar a dudas. Es una maravillosa reunión de talentos e inquietudes, de feroz independencia y rebeldía, de búsqueda de nuevos caminos, de experimentación y exploración, de intercambio y aprendizaje. Sin lugar a dudas a muchos les vendrían bien más conocimientos del oficio, de las ciencias y las artes del libro que componen el quehacer editorial. Sin embargo, las virtudes del imaginario que este encuentro crea superan con creces las “deficiencias” que podríamos encontrar en algunos proyectos planteados. Ese conglomerado de feligreses de la creatividad constituye la esperanza para el mundo bestsellerizado. Allí está la verdadera bibliodiversidad. Allí conversa con la vida, allí revive la esperanza.<br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>Una nueva reflexión sobre la profesionalización del editor independiente</title>
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    <published>2007-04-24T08:25:20Z</published>
    <updated>2007-05-15T23:59:50Z</updated>
    
    <summary>EDITA 2007 Punta Umbría, España Encuentro Internacional de Editores Independientes Abril 2007 Ponencia de Alejandro Zenker Hace dos años, en el marco de un encuentro internacional de editores independientes en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, me pidieron que...</summary>
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        <![CDATA[<p>EDITA 2007<br />
Punta Umbría, España<br />
Encuentro Internacional de Editores Independientes<br />
Abril 2007<br />
Ponencia de Alejandro Zenker</p>

<p>Hace dos años, en el marco de un encuentro internacional de editores independientes en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, me pidieron que hablara sobre el mismo tema que abordaré el día de hoy, es decir, la profesionalización del editor independiente. Al reflexionar hoy al respecto, me pregunté si algo ha cambiado en este tiempo que ameritara escribir algo distinto. Después de revisar el punto del que partí y las variables inherentes al tema, concluí que no. Que lo planteado en ese entonces sigue siendo igual de vigente ahora.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Trataré de contextualizar. Mi editorial, Ediciones del Ermitaño, tiene más de 20 años de existencia, y yo más de 35 de seguir el surgimiento, esplendor, decadencia y desaparición de innumerables proyectos que nacieron en buena medida como los que hoy veo emerger. Gran parte de las editoriales llamadas independientes nace de un mismo concepto: el deseo de un individuo, o grupo de individuos, de impulsar un proyecto editorial que, en el mejor de los casos, busca abrir puertas a propuestas literarias que los grandes conglomerados editoriales han decidido rechazar. Ese es un común denominador de las editoriales independientes. Sin su existencia, sin nuestra existencia, el universo de libros publicados se reduciría notablemente, y nuestro propósito de lograr que la bibliodiversidad se extienda se vendría abajo para dejarles a los grandes consocios editoriales globalizados el futuro de una humanidad cultural y literariamente empobrecida, sujeta a esa bestsellerización que cunde por el mundo.</p>

<p>Hasta aquí, tal vez, todos podríamos estar de acuerdo. </p>

<p>El tema es la profesionalización del editor independiente. Aunque, en mi opinión, lo “independiente” lo podríamos dejar momentáneamente de lado, pues de igual manera las grandes editoriales requieren profesionalizar su labor en muchos sentidos. Sin embargo, las pequeñas editoriales enfrentan una situación peculiar. Como decía antes, en gran parte del mundo son fruto del deseo de un individuo, o de un grupo de individuos, de impulsar un proyecto editorial. Pero ese deseo, más que obedecer a un plan de trabajo o de negocio, bien articulado, se basa en el voluntarismo. <br />
A veces el editor tiene buenos contactos que le permiten intuir que podrá librar los escollos financieros del proyecto, en ocasiones cuenta con patrocinadores para superar los difíciles inicios del negocio… a veces… Pero quedémonos en el tema “negocio”.</p>

<p>Toda empresa, aunque su propósito sea cultural, debe concebirse como negocio. El principal problema no es propiamente producir el libro, sino comercializarlo, es decir, saber hacerlo llegar al lector, de tal suerte que el capital invertido regrese en el menor tiempo y arroje las mayores ganancias posibles. Esto, que es el principio del que parten las grandes editoriales, motivo por el cual apuestan al best seller, debería regir a las pequeñas editoriales. A menos que sepan darle la vuelta al problema e inventar nuevos paradigmas que hagan sus proyectos no sólo cultural, sino también financieramente rentables.</p>

<p>El problema es que los editores independientes, y no me refiero a los que están aquí, sino a los que no vinieron, carecen de muchas bases y conocimientos. Conozco a muchos colegas en México, por ejemplo, que viven un total desastre organizativo. No tienen contratos firmados con los autores; su contabilidad es un caos; no han presentado sus declaraciones de impuestos y, por lo tanto, no han pagado adecuadamente sus impuestos y deben más de lo que imaginan al fisco; no están al corriente en el pago de derechos de autor; no tienen un control efectivo de inventarios, producen más de lo que pueden colocar en los puntos de venta que les dan espacio y sus inventarios los aplastan porque carecen de bodega, los libros se almacenan en todos los rincones de la casa, incluyendo el baño y debajo de la cama; lo colocado en librerías se vende, pero olvidan pasar a cobrar o carecen de un sistema administrativo que les permita hacerlo, en fin, están técnicamente al borde de la quiebra o, si las autoridades hacendarias se lo proponen, de la cárcel. Podríamos decir que ese es precisamente el encanto del editor independiente. Pero partamos, para darle sentido a esta intervención, de que realmente queremos hacer algo por cambiar esa situación.</p>

<p>Entonces necesitamos profesionalizar nuestro oficio. La pregunta es… ¿se puede? ¿Cómo?</p>

<p>Parto de dos escenarios:</p>

<p>1.	El inmediato: es decir, el de los editores que hoy están ejerciendo como tales o aquellos que están a punto de ingresar al negocio y necesitan urgentemente capacitación y…<br />
2.	El futuro: el de la legión de editores que el mundo necesita para enfrentar los retos venideros.</p>

<p>Hasta aquí he hablado del hoy que nos es familiar, pero, ¿qué hay de lo que se avecina? Me he encontrado en el camino, y hablando de lo “inmediato”, a editores que acometen sus tareas de manera tradicional en todos los sentidos. Tengo, por ejemplo, un par de amigos que producen sus libros utilizando monotipos y prensas planas y que han logrado crear un mercado para sus libros, que son caros y que producen en tirajes mínimos. Pero ésa, más que una labor editorial comercial, es una labor artística. La mayor parte de los pequeños editores usan las mismas herramientas, hasta cierto punto “modernas”, que los “grandes”, es decir, programas de cómputo para diseño y formación, impresión en offset y encuadernación rústica cosida o hot melt. Pocos han explorado las nuevas tecnologías y muy, muy pocos, comprenden sus ventajas y las saben aprovechar alternándolas con las tecnologías convencionales. El mercado del libro está cambiando a velocidad vertiginosa. El editor actual tiene que aprender a paso acelerado para adelantarse a los cambios, y el futuro editor tiene que formarse académicamente, de tal suerte que el mundo de la edición esté, cada vez más, en manos de profesionales del libro.</p>

<p>Quizás aquí, en Europa, este planteamiento les parezca exagerado porque en varios países cuentan con opciones para la formación universitaria de editores, pero en México y en gran parte de América Latina las ciencias y artes del libro se aprenden en la práctica. Para que se den una idea: hace más de veinte años organicé en México los primeros seminarios para la formación de editores. En aquel entonces mi planteamiento respecto a la necesidad de crear carreras para la formación de editores con nivel universitario causaba sonrisas entre la concurrencia. Quince años después, más o menos, se creó la primera maestría en edición en la Universidad de Guadalajara, que fracasó tras pocos años y sólo consiguió, si mal no recuerdo, dos egresados. Hoy se imparten infinidad de cursos de capacitación para editores impulsados particularmente por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), y un diplomado. Sin embargo, los cursos son demasiado caros para los editores independientes, que viven al día y no tienen siquiera los recursos para pagar su cuota a la Cámara, y el diplomado es muy absorbente para quien tiene que atender su negocio y muy general, equivalente apenas a una introducción al quehacer editorial.</p>

<p>Pero no me malentiendan. Los cursos son imprescindibles, aunque hoy se impartan de manera inconexa y estén pensados más para paliar deficiencias de quien ya ejerce alguna labor en el terreno editorial que para dotarlo de sólidas bases integrales para su profesionalización. ¿Y qué significa esa profesionalización? Lo resumiría en los siguientes 10 puntos:</p>

<p>1.	Saber definir un proyecto editorial a partir de estrategias claras, previa investigación del mercado, con una clara definición del nicho al que uno quiere dirigirse.<br />
2.	Saber planear el trabajo a corto, mediano y largo plazo en función de los objetivos planteados, acorde con un presupuesto bien estructurado.<br />
3.	Saber trabajar protegiendo los activos, estableciendo con los autores contratos que protejan los intereses de ambas partes.<br />
4.	Saber organizar la estructura de la empresa, por pequeña que sea. Esto puede significar, en el caso de la empresa unipersonal y a falta de personal qué administrar, la adecuada planeación del tiempo.<br />
5.	Saber llevar a cabo un análisis constante del comportamiento de las operaciones en cuanto a producción, colocación y venta de libros.<br />
6.	Saber qué publicar una vez definido el nicho que uno quiere abordar, ya sea adquiriendo derechos o propiciando el desarrollo de obras.<br />
7.	Saber ser gerente y agente de ventas, pues el libro no se vende solo, y aprender a desarrollar nuevas estrategias de venta ante la feroz competencia que se da en el mercado por los nichos de venta.<br />
8.	Saber elaborar un programa de producción, previo conocimiento de las diversas tecnologías disponibles; es decir, saber aprovechar las tecnologías para desarrollar nuevas formas de producción, comercialización y venta.<br />
9.	Saber estimar adecuadamente los costos y, en función de éstos y del conocimiento que uno debe tener de la cadena de comercialización, establecer el factor multiplicador que permita que el retorno de capital no signifique pérdida, como en muchos casos, sino al menos recuperación, aunque preferentemente ganancia que permita el crecimiento de la empresa y la acumulación de capital.<br />
10.	Saber administrar la empresa, donde esto significa saber elaborar contratos, estimar costos, controlar gastos, cumplir con el pago a proveedores, elaborar  declaraciones hacendarias y pagar impuestos, controlar la distribución y venta y saber, finalmente, cobrar pronta y oportunamente.</p>

<p>Esto suena, quizá, como un esquema para formar a un administrador y no a un editor. Y es cierto. Creo que el éxito o fracaso de una empresa editorial radica no sólo o, al menos, no fundamentalmente en un buen catálogo, sino en una buena administración. Conozco catálogos que son unos bodrios, pero bodrios exitosos.</p>

<p>Sin embargo, la profesionalización del editor debe partir también de sólidas bases en materia de lo que le es inherente a la producción editorial, y que resumo en los siguientes cuatro puntos:</p>

<p>1.	Conocimientos sólidos de tipografía y de diseño editorial basados en el dominio del proceso de preproducción y producción en su conjunto.<br />
2.	Conocimiento del proceso de preproducción, es decir, de los recursos para realizar las lecturas propias del cuidado editorial en cada uno de los pasos que lleva convertir un original en plana formada, la tipografía, la formación, y la creación de lo que se llamaba “prueba fina” y que hoy es, generalmente, un archivo electrónico en formato PDF.<br />
3.	Conocimiento de los diversos recursos de producción, desde el libro electrónico, el aprovechamiento de las nuevas tecnologías de impresión digital basadas en tóner o en tintas, la utilidad de las tecnologías de impresión tradicional, como el offset, y la sabia combinación o alternancia entre ellas.<br />
4.	Y, finalmente, el conocimiento de las diversas opciones de encuadernación y acabados.</p>

<p>Yo, como supongo que muchos de ustedes, me formé en la práctica, pero tuve la fortuna de tener buenos maestros y de empezar cuando aún se usaba el linotipo, para luego llegar a las primeras fotocomponedoras y la composer de IBM. Fui de los primeros en México en explorar y usar la computadora, armada de programas como Pagemaker, Ventura y Corel Draw, para formar libros. También me tocó la carrera tecnológica para incrementar la resolución de las impresoras láser de 300 a 400, luego a 600, 800 y 1200 puntos. Enfrenté la resistencia de los editores de aquel entonces que rechazaban lo nuevo y desconocido, hasta que vieron sus ventajas y se familiarizaron con ellas, sólo para volver a su testarudez cuando, en 1995, introduje por primera vez al mercado editorial mexicano el uso de la impresión digital para promover la impresión en tiros cortos. Tal fue la resistencia a lo nuevo, que decidí reorientar mi propio sello, Ediciones del Ermitaño, hacia esa nueva tecnología. Creé la colección Minimalia, que desde entonces produzco en tirajes iniciales de sólo 100 ejemplares. Fueron al menos diez años muy duros, años de “evangelización” en torno a las nuevas tecnologías, de infinidad de pláticas y conferencias, de asesorías que impartí en numerosas instancias; años en los que a duras penas conseguía el trabajo necesario para justificar económicamente las impresoras digitales que había adquirido, hasta que finalmente más y más editores se dieron cuenta de sus ventajas y muchos comenzaron a explorar la alternativa que durante 10 años les había estado ofreciendo.<br />
 <br />
Desde que surgió mi empresa editorial, hace 22 años, he visto surgir y sucumbir infinidad de proyectos editoriales. Y he visto cambiar el mercado. Pero sé que lo que he visto no es más que el inicio de transformaciones más profundas. Y precisamente para enfrentar los cambios que se avecinan es que es imprescindible realizar una labor de profesionalización del medio.</p>

<p>“Para ilustrar el problema se me antoja hacer un paréntesis e importar un ejemplo que me tocó vivir hace más de 20 años, cuando fui director de una institución que tenía por objetivo formar traductores e intérpretes. La situación de esas profesiones era similar a la que viven los editores. Se trataba de una labor que carecía de reconocimiento profesional y que, por lo tanto, cualquiera podía desempeñar impunemente. Es decir, los jefes encargaban las traducciones a sus secretarias, supuestamente “bilingües”, que a duras penas dominaban su propio idioma, lo mismo que hoy se encarga la producción de un libro a insensatos impostores, diseñadores gráficos en el mejor de los casos, que confían en la automatización de los programas de diseño y composición tipográfica, ignorando las más elementales reglas del oficio. Había quizás en aquel entonces una ventaja en el terreno de la traducción e interpretación: ambas se impartían como carreras técnicas y ya existían estudios con características de posgrado. A mí me tocó elevarlas al grado de licenciatura y encabezar la lucha por el reconocimiento profesional de traductores e intérpretes en México. Con anterioridad habíamos creado la Asociación de Traductores Profesionales, que batalló por lograr el reconocimiento social de la profesión. De entonces a la fecha, la situación de traductores e intérpretes ha cambiado notablemente.</p>

<p>Extrapolando esa experiencia, diría que hoy enfrentamos en el terreno del quehacer editorial un reto similar. Necesitamos, por un lado, profesionalizar esa labor y, por otro, lograr el reconocimiento social del profesional vs. el improvisado. Sé que esto puede sonar ofensivo para quien hoy ejerce profesionalmente el quehacer editorial sin una formación académica, forjado sobre la base de la experiencia. Lo mismo pasaba en el terreno de la traducción e interpretación. Quienes ejercían ambas actividades se habían forjado en la práctica. Esos profesionales empíricos tuvieron que convertirse en los teóricos y profesores de las futuras generaciones de licenciados en traducción e interpretación. Hoy, los editores empíricos tenemos frente a nosotros un reto similar: formar a las futuras generaciones de licenciados en las ciencias y artes del libro, a los futuros editores.</p>

<p>Sin embargo, la creación de carreras profesionales, de estudios técnicos, de licenciatura y de posgrado en el terreno del quehacer editorial no es más que el inicio de una larga batalla que debemos librar por profesionalizar nuestro medio, porque es una labor a largo plazo que debe ir de la mano de la creación de conciencia social acerca de la necesidad de que, quienes tengan en sus manos convertir los textos de los autores en libros, sean profesionales calificados. El segundo frente de esta batalla por la profesionalización de nuestro medio reside en el hoy y el ahora. </p>

<p>Concluyo: la labor sistemática de capacitación profesional del editor es vital e impostergable. Vital, porque su función es crucial para mantener viva la bibliodiversidad en el mundo. Impostergable, porque muchos vamos atrás de las transformaciones, y hay que saber ir adelante. Pero también es impostergable impulsar la creación de carreras profesionales en el terreno de la edición a niveles de licenciatura, maestría y doctorado, apuntaladas por una labor constante de investigación en torno al cambio de paradigmas en los procesos de la lectura en las nuevas generaciones, cada vez más apegadas a las nuevas tecnologías. </p>

<p>Tiempo atrás me invitaron a dar una conferencia en el Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas de la UNAM que intitulé: “¡Que muera el libro, que viva la lectura!”, que escandalizó y molestó a más de uno. Estoy convencido de que el contenedor del texto que hoy llamamos libro, y que ha sufrido muchas transformaciones a lo largo de la historia, está por vivir cambios importantes que llevarán a modificar también nuestro concepto de tipografía, formación y diseño de los libros y, a la postre, nuestra manera de leer, de apropiarnos del texto. Hoy tenemos no sólo la tarea de capacitarnos para competir cada vez mejor en un mercado difícil, sino también de prepararnos profesionalmente para lo que se avecina. Tenemos la obligación social y cultural de preparar nuevas generaciones de editores que dominen las ciencias y las artes del libro.</p>

<p>Mientras lo logramos, bienvenidos sean los editores independientes, innovadores, los kamikazes del oficio editorial, que innovan, enriquecen nuestra cultura. Profesionalizar no debe significar perder esa frescura ni nuestra desmadrosa forma de ser, dicho en buen mexicano. El sentido de profesionalizarnos es simple y sencillamente aprender a perdurar, a prevalecer, a sobrevivir y, quizás, a crecer.</p>

<p>*azh, abril 2007<br />
</p>]]>
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    <title>De paso por Punta Umbría, mi reencuentro con Madrid</title>
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    <published>2007-04-24T02:39:14Z</published>
    <updated>2007-06-19T01:42:40Z</updated>
    
    <summary>Fue en 1982 cuando acudí por última vez puntual a mi cita con Madrid. Celebramos allí el I Congreso Iberoamericano de Traductores (que por cierto presidió el Rey Juan Carlos I) en el que acordamos fundar la efímera Sociedad Iberoamericana...</summary>
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        <![CDATA[<p><strong>Fue en 1982 cuando acudí por última vez puntual a mi cita con Madrid.</strong> Celebramos allí el I Congreso Iberoamericano de Traductores (que por cierto presidió el Rey Juan Carlos I) en el que acordamos fundar la efímera Sociedad Iberoamericana de Estudios sobre la Traducción (SIET). Franco había muerto, y estábamos en el estertor del inicio de la transición. Allí conocí a Valentín García Yebra, cuya obra <em>En torno a la traducción</em>, que originalmente dio a conocer Gredos, publiqué en Ediciones del Ermitaño con muy mala suerte, por cierto, pues nunca logramos la distribución y venta que habíamos imaginado.</p>]]>
        <![CDATA[<p>En esa ocasión tuve la oportunidad de conocer Madrid en condiciones privilegiadas. Hotel cómodo, visitas guiadas, recepciones en numerosas sedes reales, gubernamentales y diplomáticas, comidas, cocteles, actos culturales. Años atrás había visitado la ciudad. Mi ignorancia me hizo pasar malos ratos a manos de auténticos “gachupines” que de la cortesía y afabilidad mexicana no sabían nada. Trato rudo era la consigna entre algunos. Pero Madrid siempre supo cautivarme.</p>

<p>Ahora, es decir, en abril y mayo de este año 2007, Madrid volvió a deslumbrarme. Hice el vuelo trasatlántico para participar en un encuentro de editores independientes en Punta Umbría. Llegué a Madrid agotado y, si bien mi trayecto me hacía continuar hasta Sevilla, decidí quedarme y visitar a mi buen amigo Jorge Valdés, de quien tengo un espléndido libro publicado en la colección erótica de Minimalia y quien, cuando esto escribo, dirige el Instituto de México en España. Era un día lluvioso y fresco. Mi llamada lo despertó pero, con su amabilidad de costumbre, me invitó a irme a refugiar en su departamento. Llegué en taxi y subí mis maletas que pesaban más de 60 kg, pues llevaba libros para exponerlos en el encuentro. Jorge salió a mi encuentro con cara de desvelado. Había estado chateando con su hijo, que estudia en Miami, hasta altas horas de la madrugada. Nos quedamos platicando hasta que tuvo que partir a su oficina. Me quedé en su departamento platicando con su encantadora esposa Martha, que es psicoanalista. Traté de recordar, en la plática con ella, mis estudios de psicoanálisis en Alemania y después en México, con Rafael Estrada, quien dirigía el Instituto Wilhelm Reich. En esa ocasión también tomé un curso de hipnosis clínica en el IMSS. Los conocimientos que adquirí los puse en práctica luego en el instituto de Estrada y, más adelante, en Alemania, donde estudié pedagogía. Pero estoy divagando.</p>

<p>Martha nos preparó una deliciosa comida. Gazpacho, por supuesto. Después de degustar los platillos y de conversar un buen rato, Jorge y yo nos echamos una reparadora siesta. Para entonces su secretaria ya me había encontrado boletos para ir a Huelva, donde Uberto Stabile, organizador del encuentro de editores, me recogería para llevarme a Punta Umbría. Tomé un taxi a la estación de trenes de Atocha. Cargar esas cuatro maletas con sus sesenta kilos de peso fue un suplicio. Pero nada comparado con lo que seguía.</p>

<p>El tren salió puntual. Me senté junto a una linda joven. Permanecimos en silencio hasta que, de pronto, sonó mi celular. Era una llamada sin importancia desde México. ¡No mames! Dije en voz alta. La chava a mi lado volteó sorprendida (seguro por el vocablo y por el énfasis). Le expliqué que acababa de contestar una llamada de México que seguramente iba a costar una fortuna. Ni idea tenía yo que las llamadas se enlazan ya con tal facilidad de un continente a otro sin necesidad de hacer petición expresa al respecto. El hielo se rompió y las siguientes dos horas de trayecto nos la pasamos platicando gratamente. Ella era originaria de Punta Umbría.</p>

<p><br />
Punta Umbría</p>

<p>Al llegar a nuestro destino, Huelva, nos despedimos. Uberto Stabile había ofrecido ir a recogerme a la estación de trenes. Como no nos conocíamos, me quedé en el andén escudriñando, hasta que la misma muchacha vino con Uberto. Le había visto cara de que buscaba a un editor mexicano. Y acertó.</p>

<p>Con maletas y los consabidos más de 60 kg a cuestas, fuimos caminando a un bar en el que se realizaría la presentación del encuentro al que iba. Allí conocí a Xabier Vila-Coia, con quien sostuve largas pláticas, aunque nunca las suficientes. ¡Qué fauna la que logró reunir Uberto Stabile en ese encuentro! Los que no ladrábamos, maullábamos, mugíamos, bueno, hasta hablábamos. Después de un recorrido por barco conversé, por ejemplo, con Rodolfo Franco. ¡Todo un personaje! Me acaba de enviar sus poemas experimentales. Sus juegos con los palíndromos, con los anagramas, con sus mándalas videográficos. Con su talento. Me invitó una cerveza, pero alguien se le adelantó y me pusieron enfrente una Corona con un limón incrustado, cuando me moría por una Cruzcampo.</p>

<p>El encuentro se llevó a cabo en el Teatro del Mar. El primer día me hospedé en un hotelito distinto. Uberto, habiendo recogido a los que tenía que anfitrionar esa noche, preguntó que quién deseaba irse a tomar una copa. Me apunté. Traía la desvelada del viaje con las 8 horas de diferencia, las toneladas de equipaje y el estrés del vuelo. Caminamos a buscar un bar abierto. Comencé a imaginar que éste iba a ser un viaje de mucha caminata.</p>

<p>Cuando regresé al hotel, el cuarto estaba ocupado por unos cinco humanoides mexicanos que estaban hasta las chanclas. El cuarto lleno de humo. Pinches compatriotas, me dije, ya váyanse a dormir. Pero me ofrecieron un tequilita. Me sirvieron medio vaso. Y los perdoné. Se fueron los que sobraban al poco rato. Me acosté para descubrir que mi compañero de cuarto roncaba como locomotora desrielada. Me tomé un último chorrito de tequila y caí… dormido… muerto.</p>

<p>Desperté al día siguiente tarde. Me bañé, me peiné, me cambié de ropa. Salí. Nadie a la redonda. Hambriento, sediento, aún cansado. Me había dicho Uberto que debía cambiar de hotel. Es decir, trasladarme a un maravilloso hostal al lado del mar. Eso de estar al lado del mar me llamó la atención y no repelé. Pero nadie me sabía decir cómo llegar. ¿Algún taxi? Hallar un taxi en Punta Umbría es más difícil que encontrar un político honesto en México. Es decir: cero esperanzas. Pero me dijeron que el hospicio estaba allá, nomás “tras lomita”… bueno, pero en umbriano. Así que me lancé tras la lomita, y caminé, y caminé, y caminé bajo el sol, aún develado, con los tequilas encima, con los consabidos 60 y pico de kg de equipaje, y nada. De pronto me senté en medio de la nada y me pregunté: ¿qué chigaos haces aquí? Como nadie me respondió, seguí caminando. Hasta que hallé el hospicio. Y me llevaron a mi celda.</p>

<p>Sé que suena mamón. ¿Celda? Un cuarto de unos dos por tres metros, quizás un poquititito más. Un baño compartido con otra celda, digo, cuarto. Me acordé de mi amigo Fernando Valdés, editor encarcelado injustamente en México. Claro… él en una de las prisiones más atroces de México. Yo en un lugar turístico de España. ¿Qué pedo? Bueno, confieso: mi lado burgués estaba tomando el mando.</p>

<p>Al día siguiente, ya recuperada mi espalda con una escoliosis y tres hernias de disco después de arrastrar 60 kg de materia fecal (así lo veía yo a esas alturas), me dispuse a ir al Teatro del Mar, donde se llevaría a cabo el encuentro. Salí, y caminé… y caminé… y ya muerto de cansancio me detuve en un changarro para desayunar algo. Pedí una tortilla española y un zumo. El precio comenzó a espantarme.</p>

<p>Del Encuentro en sí hablo en otra nota en este blog. Fue extraordinario. Pero fuera de serie fue, para mí, la posibilidad que Punta Umbría me ofreció de caminar con libertad. Quien no conoce la Ciudad de México, no sabe lo que es vivir ya sea enclaustrado, o en el ácido diario de qué te podrá suceder (asalto, violación, desastre). Si bien nací en México, tuve la oportunidad de ir a estudiar a Alemania la prepa y la Universidad. Allí degusté no sólo las caminatas, sino las largas travesías en bicicleta. De eso me olvidé al regresar al DF. Puros trayectos primero en delfines y ballenas, luego en peseros, en Metro, y finalmente en mi vocho. Adiós a las caminatas.</p>

<p>Ir a Europa, a NY, significaba para mí en el pasado fundamentalmente recobrar mi derecho a caminar sin temor tanto de día como de noche. Punta Umbría significó lo mismo, y poco a poco lo fui descubriendo. Caminar. La posibilidad de deambular con libertad. Deben comprender que soy un habitante de la Ciudad de México. Salir de la casa con cierto terror no es inusual. Dicen que morir balaceado a las afueras de tu propia casa es más probable que morir porque tu avión se estrella. Y probablemente es cierto. Lo que por supuesto no contribuye a que supere mis fobias a los aviones.</p>

<p>Conforme fueron pasando los días, mi organismo se volvió a habituar a las caminatas. Me fui percatando del grado de deterioro en que se encuentra mi cuerpo a mis 52 años de edad. La caminata del Hostal al Teatro del Mar me pesó al principio. Pero al paso de los días comencé a degustarla. Del Teatro me iba caminando al otro punto de la ciudad, donde atracan los botes de los pescadores, y a caminar por una hermosa calle peatonal donde encontré un restaurante cuya cocina acabó por cautivarme y al que acudí cuantas veces pude, aunque en ocasiones tuve que esperar turno por la afluencia de comensales. Calculo que, finalmente, habré estado caminando diario mas de 12 km. Nada mal para un viejo huevón como yo.</p>

<p>Cuando terminó el Encuentro, empaqué mis chivas, pero le dejé a ese fantástico personaje que es Uberto Stabile una colección de los libros de Minimalia. Ha estado formando una biblioteca que a la fecha cuenta ya con más de 10,000 títulos donados por los editores que han acudido a su llamado a lo largo de 14 años. Hice nuevos amigos y recobré mi gusto por la sencillez y por los viajes. El Hostal me comenzó a gustar cada vez más, y mi celda se convirtió en cuarto, pese a los discursos y ronquidos nocturnos de mi vecino a dos desvencijadas puertas de distancia. A fin de cuentas, cuando regresaba a dormir estaba tan cansado de las largas horas de caminata sumadas a las cervezas que consumía en el camino, que simplemente caía muerto y no revivía sino hasta el día siguiente a la hora del desayuno.</p>

<p><br />
Madrid</p>

<p>Para cuando todo terminó, ya había encontrado finalmente dónde había taxis. Le pedí a un taxista que me recogiera al día siguiente temprano para tomar el tren, y acudió puntual a la cita. Llegué a la estación, me despedí de Punta Umbría, puerto con el que ya me había encariñado, y subí al tren. Esta vez no me acompañó ninguna hermosa madrileña. Me propuse disfrutar la vista, pero caí dormido. Desperté cuando los altavoces anunciaban nuestra llegada a Madrid. El viaje se me hizo brevísimo.</p>

<p>Mi retorno a Madrid tenía la intención de reencontrarme con mi hija, que estudia en Alemania y a quien no había visto desde la Navidad pasada que nos visitó en México. La convencí de que nos viéramos en Madrid, para que luego nos fuéramos puebleando hasta la ciudad de Aachen, en Alemania, cruzando Francia y haciendo escala en París. Sin embargo, Jorge Valdés me había sugerido que aprovechara que estaba en Madrid para recorrer con mi hija la ciudad los días que me quedaban libres. Cuando llegó mi hija Xiluén, le sugerí ese plan, pero ella quería que yo fuera a Alemania con ella, pues deseaba presentarme sus espacios y amigos. Decidimos discutirlo armados de una paella. Encontramos un restaurante llamado La Paella Real, que unos madrileños que encontramos a la salida del Museo del Prado nos sugirieron. Pedimos la paella de mariscos y una botella de vino tinto. Rioja, por supuesto. Tras degustar la paella y el vino, mi hija cayó rendida ante los encantos de Madrid. Nos trasladamos al día siguiente del hotel en que estábamos, lejos del centro, a otro que estaba en la Calle Arenal, es decir, en plena avenida peatonal, cerca de la Puerta del Sol y de la Plaza Mayor. Un hotel gallego, diría mi hija con su habitual sarcasmo. El Petit Palace High Tech. Incluía conexión permanente a Internet. Pero el inodoro estaba conectado a la toma de agua caliente, de manera que al sentarse, recibías un baño sauna en el culo. Por supuesto, las tomas de agua caliente y fría estaban invertidas, de manera que si nos descuidábamos, acabábamos recibiendo un baño helado o hirviendo, inversamente proporcional a lo que habíamos deseado. Madrid está lleno de esos hoteles, todos con idéntico nombre, de manera que en un descuido, te metías a un hotel que no era el tuyo. </p>

<p>Durante seis días recorrimos las calles madrileñas. Arenal, Gran Vía, Paseo del Prado y Paseo de Recoletos, el Jardín Botánico, el Parque del Buen Retiro y el Palacio Real. También exploramos el Metro como medio de transporte. Por supuesto nuestros pasos nos llevaron a la fuente de las Cibeles,  a la Puerta de Alacalá y a Atocha. También llevé a mi hija a conocer el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, donde nos esperaban Dalí, Picasso, Juan Gris, Miró, Chillida y Tàpies, entre muchos otros. Al llegar al Guernica, apenas pude ocultar esas lágrimas que también fluyeron cuando vi ese maravilloso y estrujante cuadro de Picasso por primera vez. Pero recorrimos más calles, bares y restaurantes, que museos. Aunque no dejamos de ir al Escorial, donde nos recibió un viento helado combinado con lluvia que nos caló hasta los huesos. Armados con nuestras cámaras fotográficas recorrimos los rincones de la ciudad, descubrimos luces y sombras; experimentamos. Desde que nació mi hija, hace más de 18 años, soñaba con una convivencia así. Largas caminatas hasta altas horas de la noche, interminables conversaciones, cero conflictos. Degusté Madrid como nunca, y me sentí como pavo real caminando orgulloso, contento, feliz con mi hija del brazo en ese último reencuentro en Europa antes de que retorne a México a continuar sus estudios y a integrarse a la familia y a nuestro proyecto editorial.</p>

<p><br />
*azh, mayo 2007<br />
</p>]]>
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    <title>Un nuevo horizonte informativo y cultural</title>
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    <published>2007-04-21T21:40:26Z</published>
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    <summary>Nota de Alejandro Zenker publicada en el periódico Reforma con motivo de la décima encuesta anual sobre consumo cultural y de medios Reforma, Abril 2004 Al inicio de la revolución tecnológica impulsada por la aparición de las computadoras personales y...</summary>
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        <![CDATA[<p>Nota de Alejandro Zenker publicada en el periódico Reforma con motivo<br />
de la décima encuesta anual sobre consumo cultural y de medios<br />
Reforma, Abril 2004</p>

<p>Al inicio de la revolución tecnológica impulsada por la aparición de las computadoras personales y de Internet, muchos no imaginaban su capacidad de diseminación y popularización en el corto tiempo, mientras que otros, viendo más la amenaza que la oportunidad, negaban su importancia y trascendencia. La décima encuesta anual sobre consumo cultural y de medios de REFORMA pone de manifiesto tendencias que no dejan de sorprender (y de confirmar suposiciones previas) y que perfilan lo que se nos avecina. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Hay un crecimiento significativo en el uso de la computadora y de Internet. En unos años, los hombres usuarios de computadoras mayores de 50 años que usan Internet pasaron de 33 a 80%. Eso significa que se convierten en promotores de su uso, lo que inducirá a que las jóvenes generaciones, ya de por sí más proclives al uso de las nuevas tecnologías, se adentren en éstas con mayor facilidad y apoyo. Es notable, en materia de género, que las mujeres han avanzado porcentualmente a la par que los hombres en el uso de la computadora y de Internet en sólo cuatro años, con lo que nos acercamos a una universalización del aprovechamiento e intercesión a favor de las nuevas tecnologías. Si bien en materia de escolaridad, a mayor nivel mayor uso de computadoras, la diferencia porcentual en el uso de Internet entre los usuarios de computadoras no es tan significativa. Otro elemento destacable es, en este contexto, el tiempo de uso diario de la computadora: 3 horas y 15 minutos, y el de navegación por Internet: 1 hora 47 minutos. Probablemente el uso de la computadora y de Internet como espacio de esparcimiento está desplazando lentamente a la televisión entre los usuarios de estas tecnologías. Un porcentaje elevado manifiesta usar preponderantemente Internet para consultar información (82%) y un nada desdeñable 34% para chatear “con algún desconocido”. Este fenómeno, el del establecimiento de relaciones sociales a través de Internet, es el que cada vez cobra mayor auge. Las páginas dedicadas a enlazar personas (búsqueda de pareja) son las que mayor crecimiento están registrando, incluso por encima de las que son de contenido sexual. Finalmente, cabe destacar que 59% de los usuarios de computadora tiene correo electrónico.</p>

<p>Todo esto nos permite suponer, más allá de las cifras estadísticas, un cambio cualitativo en importantes segmentos de la población (sin soslayar aquellos amplios y mayoritarios sectores totalmente marginados de este proceso). Se trata, en este caso, de una investigación realizada en el DF y área conurbada. Sin embargo, la tendencia es a la baja en el precio de los equipos, a la aparición de opciones cada vez más económicas de enlace a Internet, al ofrecimiento de facilidades para la adquisición de equipos y conexión a la red. Los impedimentos por falta de cableado telefónico desaparecerán conforme se amplíen las coberturas inalámbricas satelitales de Internet (similar a lo que ocurre con la telefonía digital). </p>

<p>Si consideramos que las cifras que nos arroja esta encuesta se refieren a un periodo histórico muy breve, podemos imaginar que los cambios que las nuevas tecnologías nos deparan en los próximos 10 años serán sustantivos dado que se vislumbran avances tecnológicos notables que harán su uso más fácil, accesible e imprescindible, y que alcanzarán a mayores segmentos de la población, incluso en áreas rurales hoy alejadas de estos fenómenos. Falta sin duda mucha labor educativa y un mayor esfuerzo por difundir las nuevas tecnologías y hacerlas más accesibles a quienes tienen escasos recursos económicos. Estamos lejos, muy lejos, de lograr que a la revolución tecnológica le siga una revolución cultural y económica en toda la población, tanto urbana como rural, tan necesaria en un país como el nuestro. Pero las tendencias son alentadoras.</p>

<p>Por lo pronto, es evidente que estos avances no sólo tienen repercusiones en la forma de hacer las cosas y de acceder a la información. También amplían enormemente el horizonte informativo y cultural, rompen barreras y ayudan a crear una nueva conciencia universal. Con la computadora e Internet, el usuario va en pos de la información, la analiza y la procesa. Rompe así el paradigma de asimilación pasiva de estímulos visuales y auditivos unilaterales de la televisión, propicios para la manipulación política y cultural. Nos acerca, por tanto, a una sociedad más abierta, crítica y democrática.</p>]]>
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