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    <title>Alejandro Zenker ::</title>
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    <published>2011-04-24T03:17:40Z</published>
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    <summary> Visita mi página en Instituto del Libro y la Lectura AC ILLAC...</summary>
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        <![CDATA[<p><embed src="http://static.ning.com/illacmexico/widgets/index/swf/badge.swf?v=3.1.2%3A4415" quality="high" scale="noscale" salign="lt" wmode="transparent" bgcolor="#ffffff" type="application/x-shockwave-flash" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" width="206" height="64" allowScriptAccess="always" flashvars="networkUrl=http%3A%2F%2Fillacmexico.ning.com%2F&amp;panel=user&amp;username=3va8bzyeysgmu&amp;avatarUrl=http%3A%2F%2Fapi.ning.com%2Ffiles%2FU9baGxukckNELZ%2AjP4JdOxiV57CCFzmdo5MpjFzRMJ1zhcMSQbrSOo6FKwhKrqqp8labB65zRBcL3c571bn-rOUQh2GNA8C9%2FFotosLauvariosrolodos0077bw_resize.jpg%3Fwidth%3D48%26height%3D48%26crop%3D1%253A1&amp;configXmlUrl=http%3A%2F%2Fstatic.ning.com%2Fillacmexico%2Finstances%2Fmain%2Fembeddable%2Fbadge-config.xml%3Ft%3D1208776768" /> <br /><small><a href="http://illacmexico.ning.com/xn/detail/u_3va8bzyeysgmu">Visita mi página en <em>Instituto del Libro y la Lectura AC ILLAC</em></a></small><br /></p>]]>
        
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    <title>Alejandro Zenker: Editor... ¿o Fotógrafo?</title>
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    <published>2010-12-21T22:30:18Z</published>
    <updated>2008-04-24T02:37:25Z</updated>
    
    <summary>En esta página podrás conocer algo de la labor académica y editorial de Alejandro Zenker. Para conocer su labor fotográfica, haz click en el siguiente link: http://www.alejandrozenker.com/index.php...</summary>
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        <![CDATA[<p>En esta página podrás conocer algo de la labor académica y editorial de Alejandro Zenker. Para conocer su labor fotográfica, haz click en el siguiente link:</p>

<p><a href="http://www.alejandrozenker.com/index.php">http://www.alejandrozenker.com/index.php</a></p>]]>
        
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    <title>Perfil biográfico de Alejandro Zenker</title>
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    <published>2010-04-21T06:58:21Z</published>
    <updated>2009-04-24T18:49:04Z</updated>
    
    <summary>Alejandro Zenker. México, D.F. (1955). Editor, traductor y fotógrafo. Director general de Solar, Servicios Editoriales y Ediciones del Ermitaño, y director del Instituto del Libro y la Lectura....</summary>
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        <![CDATA[<p>Alejandro Zenker. México, D.F. (1955). Editor, traductor y fotógrafo. Director general de <a href="http://www.solareditores.com/digital/faq/preguntas_frecuentes_solar.php#130">Solar, Servicios Editoriales </a>y <a href="http://www.solareditores.com/editorial/faq/preguntas_frecuentes_de_edicio.php#109">Ediciones del Ermitaño</a>, y director del Instituto del Libro y la Lectura.</p>

<p><a href="http://www.solareditores.com"><img alt="cargadetrabajo.gif" src="http://www.solareditores.com/contenido/GIFS/cargadetrabajo.gif" width="235" height="55" /></a></p>]]>
        <![CDATA[<p>Entre muchos otros cargos y actividades fue fundador y presidente de la Asociación de Traductores Profesionales (ATP) y miembro del Consejo de la Federación Internacional de Traductores, en cuyo marco presidió el Comité para los Centros Regionales y fundó el Centro Regional de los Países del Norte de América (México, Estados Unidos y Canadá). Ocupó el cargo de Secretario general de la Sociedad Iberoamericana de Estudios sobre la Traducción (SIET). Fue director general del Instituto Superior de Intérpretes y Traductores, creador de las primeras licenciaturas en traducción e interpretación en México, y miembro de la mesa directiva de la Asociación Mexicana de Lingüística Aplicada (AMLA). Fue miembro fundador y secretario general de la Asociación de Editores Mexicanos Independientes (AEMI). Es director de la colección Minimalia y de la revista Quehacer Editorial. Promotor y director del Pabellón Tecnológico de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara en el 2001, ha sido entusiasta difusor del uso de las nuevas tecnologías en el medio editorial. Estudió pedagogía en Alemania y traducción en El Colegio de México. Fue becario en Alemania del DAAD. Ha publicado gran cantidad de artículos sobre traducción y quehacer editorial e impartido conferencias a nivel nacional e internacional. En el terreno artístico se ha desempeñado como <a href="http://www.alejandrozenker.com/index.php">fotógrafo</a> y participado en numerosas exposiciones. Ha retratado a infinidad de escritores y artistas. Sus fotos ilustran ya más de veinte libros en los que alternan con el texto de reconocidos escritores.</p>]]>
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    <title>La bibliodiversidad, la crisis y el aprovechamiento sustentable de los recursos tecnológicos  en el quehacer editorial</title>
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    <published>2009-04-23T18:45:05Z</published>
    <updated>2009-04-24T18:48:19Z</updated>
    
    <summary>Ponencia presentada en la UNAM con motivo del Día del Libro México, D.F., 23 de abril de 2009 Alejandro Zenker Instituto del Libro y la Lectura, A.C. Para empezar, quisiera remontarme a inicios de los años ochenta del siglo pasado,...</summary>
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        <![CDATA[<p><strong>Ponencia presentada en la UNAM con motivo del Día del Libro</p>

<p>México, D.F., 23 de abril de 2009</p>

<p>Alejandro Zenker<br />
<em><a href="http://www.illac.com.mx">Instituto del Libro y la Lectura, A.C.</a></em></strong></p>

<p>Para empezar, quisiera remontarme a inicios de los años ochenta del siglo pasado, cuando era director de una institución de educación superior para intérpretes y traductores y propuse al FCE y al INBA realizar un Seminario para la formación de editores. Ambas instituciones accedieron con entusiasmo y llevamos a cabo tres cursos, de los cuales el primero fue paradigmático. Quienes estaban entre el público superaban con mucho la experiencia de quienes figurábamos en el podio.</p>]]>
        <![CDATA[<p>A lo largo de los días que duró ese primer ejercicio de reflexión, las ideas fluyeron de un lado hacia el otro: ponentes-público-ponentes. Ya, en aquel entonces, un tema ocupó especialmente la atención de los participantes: la computadora y sus alcances. Las descalificaciones de esa nueva herramienta fluyeron con singular desparpajo. <br />
Quienes tratábamos de imaginar el futuro, muy jóvenes aún, pero audaces, teníamos algunas dificultades quizás para precisar las ideas. A fin de cuentas, el futuro era mera ciencia ficción. El libro era EL libro. No había posibilidad de imaginar leer una novela en un monitor monocromático que sólo desplegaba caracteres ASCII, y tampoco de visualizar lo que, años después, sería nuestra realidad: libros formados en computadoras usando lo que, en aquel entonces, comenzamos a percibir como “complejos” programas de diseño y formación: Page Maker y Ventura, por ejemplo. En ese entonces tenía yo menos de 30 años. La traducción automatizada estaba en etapa embrionaria.<br />
Desde entonces, las cosas se han ido transformando vertiginosamente. En 1994 introduje en México el uso de la primera impresora digital aplicada a la industria editorial e inicié la publicación de libros en tiros cortos de sólo 100 ejemplares. Comenzamos a trabajar con Xerox y Adobe en torno a la idea del libro electrónico, con los derechos de autor protegidos mediante un manejador cibernético de contenidos. Era la época en que todos me decían que estaba ofreciéndole al mercado una solución a un problema inexistente. Hoy, en 2009, en medio de una crisis mundial de mayúsculas proporciones, asistimos al nacimiento del otrora problema inexistente que, incluso, enfrenta muchos otros nuevos problemas que, entonces, ni siquiera entraban en el imaginario colectivo.<br />
Hoy sigo encontrando la misma apreciación cuando hablamos del libro electrónico, de la trascendencia de la red y sus implicaciones, de la transfiguración de la lectura y del lector. Pero con una modalidad: al libro electrónico se le ve ya no como una utopía, una ilusión, una posible opción, una oportunidad, una solución a muchos problemas, sino como una especie de competidor precoz que amenaza a su hermano mayor: el libro con soporte en papel. A fin de cuentas, amenaza a una industria cuyos intereses se cifran en miles de millones de dólares en el mundo. Se trata de una concepción equivocada, basada primordialmente en la incapacidad de comprender el tamaño del problema que enfrentamos en todos los planos: tecnológicos, políticos, culturales, humanos, ideológicos… Estamos ante un escenario real: la extinción de los dinosaurios de la edición y el surgimiento de nuevas especies.<br />
Comencemos por lo que hoy nos reúne: el Día del Libro, y por el tema en torno al cual me pidieron que disertara: la bibliodiversidad. El libro tuvo que inventar su día al igual que la madre, el padre… bueno, hasta la secretaria y el compadre. En este día murieron Cervantes y Shakespeare, pero no los recordamos a ellos… Entonces… ¿qué festejamos? ¿Qué es el libro? <br />
La UNESCO es un referente obligado en este caso. En 1964 lanzó una definición que tuvo su función y razón de ser hasta fines del siglo pasado. El libro, decía sucintamente, es una obra impresa de más de 50 hojas, manuscrita o pintada en una serie de hojas de papel, pergamino, vitela u otro material, unidas por un lado (es decir, encuadernadas) y protegidas con tapas, llamadas cubiertas. Hoy, la UNESCO advierte que nos encontramos en un proceso de rápida transformación, por lo que esa definición está sujeta a discusión debido a la aparición del libro electrónico como medio opcional de contenidos multimedia con rasgos totalmente diferentes. <br />
Hay que identificar los momentos históricos. La Ley de Guayaquil estableció esas definiciones y políticas, que debían ser adaptadas a cada realidad nacional, en una época en que era lógico hacerlo. Esas políticas clásicas de estimulación de la creación, de establecimiento de condiciones fiscales y financieras propicias, de fomento del comercio y la distribución mediante la supresión de impuestos a la importación, tarifas postales y aranceles aduaneros, tenían su justificación en el contexto del periodo comprendido entre 1948 y 1990. Pero lo que en los años ochenta se vio como una posibilidad remota, en los noventa adquirió notoriedad para pasar a ser, en el nuevo milenio, de indiscutible actualidad. <br />
Mientras que en el mencionado periodo de 1948 a 1990 el mundo seguía regido por el proteccionismo y el nacionalismo, la globalización cambió por completo las perspectivas en todos los planos, incluido el cultural. El reclamo al derecho a la bibliodiversidad (entendido como el derecho al acceso a la totalidad de obras, y que el acceso a ellas dependa no del aparato mercadotécnico, sino de la capacidad de búsqueda y decisión del lector) se universalizó, y con él la pregunta: ¿cómo logarlo? A fin de cuentas, Internet había roto las fronteras.<br />
El reclamo de contar con acceso a esa bibliodiversidad va de la mano con la búsqueda de la universalidad del conocimiento y del acceso a él, y con la ruptura de las fronteras nacionales y nacionalistas a partir, sobre todo, de la disponibilidad que tenemos de una enorme diversidad de contenidos a través de Internet. Las grandes editoriales —bueno, los conglomerados, las transnacionales de la edición— han aprovechado hasta ahora la globalización, pero en sentido inverso. Han acuñado el mercado en función de sus intereses mercantiles: lanzan a la venta relativamente pocos títulos, en grandes tirajes, bestsellers de poca duración (“libros yogurt”, como algunos los llaman, con fecha de caducidad). Con todo y precio único o fijo, las librerías que surgen, sólo exhiben y venden en su mayor parte más de esos libros que bestsellerizan la lectura. La enorme cantidad de libros que son publicados en una sociedad civil cada vez más inquieta y activa, no tiene acceso a ese mercado de librerías o puntos de venta que, dicho sea de paso, probablemente está destinado a desaparecer. </p>

<p>Volvamos al reclamo de la bibliodiversidad, a nuestro derecho a escoger libros de entre ese universo infinito de obras existentes, mas no todas disponibles. ¿Qué libro es para nosotros? ¿Tenemos el derecho de elegirlo? ¿O debe haber alguien que nos muestre el camino? <br />
Una de las grandes tonterías de nuestra época es la de los pretendidos eruditos que intentan establecer las 10 o 100 obras supuestamente más importantes, supuestamente imprescindibles, que todo humano debería leer. ¿Realmente las hay? ¿Realmente debemos permitir que alguien dicte nuestras lecturas? La lectura debería darse, si acaso, por placer, no por obligación, aunque esto ya es un axioma muy trillado. Pero si la lectura debe ser por placer… ¿hay que dejar que otros la dicten? <br />
La escolarización de la lectura es el sepulcro del gusto por la lectura misma. Como bien saben, años atrás hicieron en México una encuesta nacional de lectura según la cual el mexicano lee un promedio de aproximadamente 2.9 libros al año. Al ser un análisis cuantitativo, pasa por alto el aspecto cualitativo (es decir, con qué calidad leemos). Además, a los que leen más, les quitan libros, y a quienes no leen nada, se los suman. <br />
En una reciente encuesta realizada en Inglaterra sobre las encuestas mismas y la respuesta que daban los encuestados a la pregunta de qué libros habían leído, los interrogados confesaron haber mentido. Querían impresionar al encuestador como desean impresionar a la novia, a los amigos, a los padres y a los hijos. Quizás esos 2.9 libros de promedio se reduzcan a una fracción más preocupante en el caso de México.<br />
Uno de los principales problemas para acceder a la lectura es la dificultad que hay para llegar al libro mismo ante la falta de bibliotecas y librerías en general y bien surtidas en particular. Y esto se debe en buena medida a las propias dimensiones físicas del libro con soporte en papel: es decir, su tamaño y su peso. El tamaño en particular impide que las librerías exhiban la bibliodiversidad existente. <br />
Para darnos una idea del problema, tomemos como ejemplo la Feria Internacional del Libro de Frankfurt, donde el año pasado fueron exhibidos más de 400 000 libros, de los cuales más de 123 000 fueron primeras ediciones. Si suponemos un ancho de lomo promedio de tan sólo 2 cm, los 400 000 libros requieren de 8 000 metros lineales de espacio de exhibición, 8 km, y las 123 000 novedades, 2 460 metros, casi 2.5 km. Y estamos considerando sólo los lomos. Si quisiéramos exhibir las portadas y partiéramos sólo de un tamaño promedio, media carta, es decir, de 13.5 cm, estaríamos hablando de 54 km de espacio de exhibición. Y ésta es sólo una fracción de los libros “vivos”. <br />
Para ilustrar nuestro pesimismo, la UNESCO registra un total de 1 004 725 títulos publicados en un total de 78 países en un solo año, partiendo del último registro disponible entre 1990 y 2005. Ese año, 2005, en Inglaterra se publicaron 206 000 títulos y en Estados Unidos, 172 000. En el 2009 llevamos ya, en el mes de abril, más de 289,000 títulos publicados según la UNESCO. Y podemos suponer una cantidad igual o incluso mayor de títulos que escapan a todo registro. ¿Dónde y cómo albergar semejante riqueza científica, técnica y literaria? ¿Cómo tener acceso a ella? Y eso que sólo mencionamos estadísticas de lo “medible”, de las que escapa el inmenso universo de las publicaciones independientes y de los libros de autor que no entran en la lógica del ISBN y, por lo tanto, de una de nuestras instancias burocráticas más perniciosas en México, como lo es Indautor, que con su pretensión rectora ha causado enormes estragos a la industria editorial en nuestro país. <br />
La única manera de albergar todo eso en un espacio con millones de puntos de acceso en todo el mundo, tantos como computadoras con conexión a internet puede haber, es, por lo pronto, mediante la digitalización. Porque, ¿podríamos imaginar librerías y bibliotecas en cada punto de nuestra República con esos kilómetros de espacio de exhibición? ¿Espacios a los que pueda llegar toda nuestra población? Necesitaríamos miles. Ni siquiera ese mausoleo del libro llamado Biblioteca Vasconcelos los tiene.</p>

<p>Hay, pues, muchos elementos que nos permiten presumir que, entre otros muchos factores, las características físicas del libro con soporte en papel, tan sensualmente acogedoras al tacto y a muchas de nuestras miradas, constituyen el principal obstáculo para tener acceso a la bibliodiversidad. Quizá por eso los visionarios tecnócratas vienen trabajando, desde hace muchos años, en la digitalización del acervo bibliográfico de la humanidad e invirtiendo infinidad de recursos en ello. En primer lugar Google, que acaba de ganar un juicio importantísimo para o contra la industria en el ámbito mundial, dependiendo de cómo se le vea. A partir de este año, los cientos de miles de títulos disponibles en la red, parcial o totalmente, de manera gratuita o mediante pago previo, seguirán allí, enriqueciéndose con otros tantos de manera exponencial. <br />
La digitalización del universo bibliográfico conocido está en camino. Y a las nuevas generaciones no les importan nuestras opiniones: están leyendo en formato digital. Es más accesible y está disponible por la vía de las diversas versiones de bibliotecas libres. Más importante aún: es relativamente gratuito. Por ejemplo, la misma UNESCO, en colaboración con la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y la Biblioteca de Alejandría, lanzó ya, en estos días, su Biblioteca Digital Mundial (www.wdl.org) en siete idiomas —inglés, árabe, chino, español, francés, portugués y ruso—, con relativamente pocos contenidos hasta ahora si se comparan con los cientos de miles de títulos que ofrece Google, pero ha ofrecido a las naciones integrantes apoyo para la digitalización de sus acervos nacionales. Ahora podemos conocer muchos incunables a través de estas redes, y los fondos reservados están saliendo a la luz gracias a estas iniciativas.</p>

<p>¿Qué nos depara el futuro? Eso es precisamente lo que se le preguntó a más de mil especialistas de todo el mundo el año pasado con motivo de la celebración de la Feria Internacional del Libro de Frankfurt. El 70% consideró que la industria editorial está preparada para hacerle frente a la digitalización; 40% pensó que, para 2018, el libro electrónico superará en ventas y penetración en el mercado al libro con soporte en papel, si bien 60% especula que la industria tardará al menos cinco años más en adaptarse a la nueva realidad del libro electrónico. Y aunque pocos creen factible que el libro electrónico se abra camino en el corto plazo, prevén un cambio generacional importante en los próximos 10 años, que hará que los consumidores se inclinen cada vez más por el libro digital. <br />
En cuanto al dominio en el campo de la digitalización, la mitad de los especialistas consideran líder a Estados Unidos (51%), seguido de Japón (15%) y luego a Europa (11%). Pero una de las cosas más sorprendentes es que un número creciente de especialistas intuye que, en el corto plazo, será China quien asuma la delantera en este terreno.<br />
En este contexto, los temas que nos ocuparán en estos años serán:<br />
1.	Derechos de autor.<br />
2.	Administración de los derechos digitales (DRM).<br />
3.	La estandarización de los formatos (por ejemplo, epub).<br />
4.	El precio único o el desorden de los mercados<br />
En cuanto a los problemas que enfrentan sus propias editoriales, la percepción de estos especialistas es:<br />
1.	Falta conocimiento de las implicaciones de estas tecnologías y las estrategias que hay que adoptar.<br />
2.	Hay que establecer nuevas alianzas.<br />
3.	Falta infraestructura técnica.<br />
Ya se prevé que será necesario que las editoriales establezcan nuevas alianzas pero con otros protagonistas hasta ahora ajenos al mundo del libro. O que quizá sean otros quienes asimilen el quehacer editorial, pues éste pasará de manos de los llamados “editores” a las de quienes dominan las tecnologías, en particular la red y las telecomunicaciones (tipo no sólo Google y Amazon, sino también Telmex, Movistar, Televisa, etcétera). <br />
Es probable que la industria cinematográfica, la de los juegos y la de la música, asuman un papel cada vez más preponderante en el manejo de los contenidos digitales llamados “libros”. Un aspecto muy interesante es que los especialistas consideraron que la más importante innovación en los últimos 60 años ha sido, precisamente, el comercio electrónico del libro, las nuevas reglas del marketing, así como la transformación de las ferias y de las cadenas de librerías. Pero, de igual manera, muchos prevén que las librerías minoristas no sobrevivirán en los siguientes 60 años, como tampoco los agentes literarios ni los mismos editores.  <br />
Si bien esto se desprende no de una investigación científica sino sólo de una encuesta realizada entre los más destacados especialistas del libro en el mundo, es interesante ver cómo la negación que hasta hace poco permeaba el medio, ha admitido la posibilidad de una profunda transformación de la cadena del libro, hasta el punto de la desaparición de la industria y sus protagonistas tal como hasta ahora los conocemos. <br />
En medio de todo esto, da gusto ver cómo los editores pequeños aprovechan las nuevas tecnologías y se abren paso con entusiasmo cuando los grandes protagonistas comienzan a presagiar su propio desmoronamiento. Las nuevas tecnologías abren la puerta a la bibliodiversidad tan anhelada y, con ello, emergen infinidad de interrogantes que requieren serios trabajos de investigación, no sólo en materia de las ciencias y artes del libro, sino también en lo que respecta a la transfiguración del lector y la lectura. <br />
El motor de estas transformaciones lo constituirán los mismos editores y los tecnócratas, pero sobre todo los nuevos editores, los autores y los mismos lectores que serán, en última instancia, quienes determinen si asimilan o no las nuevas propuestas y entierran el libro con soporte en papel y asumen las nuevas ofertas. </p>

<p>Contemplando todo este panorama, quizás el mayor temor debe residir en que, al final del día, sólo unos cuantos protagonistas se queden con el mercado: aquellos visionarios con el capital y control de ese espacio otrora libertario que era Internet. La censura se cierne sobre nosotros. Y, asimismo, el control por parte de unos cuantos capitales de lo que hoy se nos abre como espacio de inmensa libertad, para catapultarnos al mundo tenebroso de Orwell. Lamentablemente los tiempos corren rápido, y es muy probable que muchos de nosotros vivamos para contarlo.</p>

<p>*azh, 21/04/2009<br />
</p>]]>
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    <title>La transfiguración del editor, del libro y de la lectura en época de cambio y recesión</title>
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    <published>2009-02-24T18:38:05Z</published>
    <updated>2009-04-24T18:43:22Z</updated>
    
    <summary>Alejandro Zenker Artículo publicado en la versión digital de la revista &quot;Libros de México&quot;, publicada por la CANIEM Open publication - Free publishing - More promocion La época de las predicciones aventuradas sobre el futuro del quehacer editorial quizá ya...</summary>
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        <name>Alejandro Zenker</name>
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        <![CDATA[<p><strong>Alejandro Zenker</strong></p>

<p><em>Artículo publicado en la versión digital de la revista "Libros de México", publicada por la CANIEM<br />
</em></p>

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La época de las predicciones aventuradas sobre el futuro del quehacer editorial quizá ya pasó. Las nuevas tecnologías dejaron de ser “nuevas”; la fuerza e importancia de internet, para quien lo dudara, quizá quedó demostrada definitivamente en unas elecciones de las que salió triunfante el primer presidente afroamericano en la historia de Estados Unidos, quien basó buena parte de su estrategia electoral mediática en ese nuevo recurso que ya tampoco es tan nuevo; la viabilidad del libro electrónico como medio alternativo o primordial también ha dejado de ser cuestionada. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Las grandes editoriales han venido preparando sus acervos para migrar al formato electrónico. Mientras, quienes están en el vértice de la comercialización ya han lanzado o están por lanzar sus portales para la venta de libros con ese soporte (en México Librisite y Gandhi, por ejemplo). Grandes gigantes pusieron a la venta sus dispositivos de lectura, como Amazon y Sony. También el iPhone apostó por el libo electrónico. Con una gran sorpresa: sus ventas de libros en ese formato para una pantalla tan pequeña superan toda expectativa. Por supuesto, la impresión digital en tiros cortos o medianos se ha convertido en un recurso indispensable en muchos entornos. Y en medio de tantos cambios, la economía mundial se encuentra en recesión o franca depresión. ¿Qué sucede? ¿Hacia dónde vamos? Hagamos un breve recuento y planteémonos unas cuantas interrogantes.<br />
1)	¿Los “demasiados libros”? <br />
Cuando Houghton Mifflin Harcourt, una de las editoriales más prestigiosas de Estados Unidos, que cuenta en su escudería con figuras como Philip Roth y Günter Grass, anunció en noviembre de 2008 que congelaba, con excepciones, la contratación de nuevos manuscritos literarios, parecía haber confirmado la teoría de los “demasiados libros”. Con anterioridad la industria editorial en España había iniciado una discusión sobre la necesidad de que el mercado se “autorregule” en virtud de que el tamaño del pastel (los lectores) no ha crecido al ritmo que la industria escupe títulos. ¿Es el congelamiento de nuevos títulos o la autorregulación la solución al problema? ¿O lo es la implementación de nuevas y más audaces y creativas políticas de promoción de la lectura lo que hace falta? ¿O quizá los lectores están migrando a otros soportes, como los libros electrónicos que consultan mediante un pago o gratuitamente en internet?<br />
2)	El autor<br />
La actual situación ha hecho que los mismos autores, nuevos y consagrados, se encuentren ante un panorama inusual. Las editoriales sólo publican lo que comercialmente se justifica. Libros de autores clásicos que no justifican comercialmente su existencia, desaparecen de los catálogos. Nuevos títulos con dictámenes aprobatorios se abren dificultosamente camino ante presupuestos limitados, ya que los libros no sólo tienen que ser publicados, sino que también necesitan una costosa campaña publicitaria. Así las cosas, los autores buscan oportunidades en editoriales pequeñas, se autoeditan o se conforman con dar a conocer sus escritos sin fines comerciales a través de blogs personales en internet. La facilidad de la publicación electrónica, de la autoedición en tirajes cortos, hace cada vez más veraz la burlona aseveración de que pareciera que hay más escritores que lectores. Los autores han tenido que reaprender su oficio porque, para ser exitosos, más que seguir una simple vocación tienen que profesionalizarse. El autor-editor-promotor-vendedor es cada vez más común. Los autores exitosos publicados por las grandes casas editoriales, cual boxeadores o futbolistas, son pocos. Muchos lo son no por la calidad de sus obras, sino por obra y magia de la mercadotecnia.<br />
3)	La editorial “tradicional”<br />
Enfrentada a un mercado cada vez más competido, la editorial tradicional, por llamarla de alguna manera, ha perdido cada vez más su encanto de antaño para convertirse en una máquina comercial que, para tener éxito, tiene que seguir escrupulosamente las reglas que marca la lógica del mercado. Agotado el modelo, reducidos los espacios ante un decreciente mercado lector disponible, buscan un reacomodo. Los grandes consorcios se comen a los pequeños, muchas veces sólo para aniquilar la competencia y rescatar una pequeña porción “comercial” del acervo editorial de quien es devorado. La internacionalización de las operaciones comerciales, los monstruosos  capitales con que son adquiridos los derechos de obras de autores que garantizan ventas millonarias, la transnacionalización de la producción que permite abatir costos para inundar los mercados, hacen que quienes siguen el camino tradicional vean cada vez más estrecho su campo de acción. Es lógico que de allí se desprenda el clamor por una autorregulación que no se puede dar. ¿El canibalismo editorial continuará?<br />
4)	Los nuevos editores<br />
En medio de todo esto, surgen nuevos modelos editoriales. Si es imposible competir en las grandes ligas, lo lógico es contender en la segunda división. Con acervos más cuidados, con un “rescate” de los nichos abandonados, como lo son los clásicos que venden poco, pero de manera constante, con mayor capacidad de maniobra y velocidad de adaptación a nuevas circunstancias, las editoriales medianas contienden con mayor o menor éxito, dependiendo de su visión y profesionalismo al buscar nichos no explotados, como los proyectos que gozan de apoyos gubernamentales. Con mayor versatilidad aprovechan la diversidad de tecnologías existentes: offset para tiros largos, impresión digital para tiros cortos, libros electrónicos. No obstante, suelen levantarse exitosas sólo para… ser compradas por las grandes. ¿Confirma esto que el quehacer editorial se lleva a cabo cada vez menos por vocación y cada vez más como una exploración de un nicho comercial “cualquiera”?<br />
5)	Los editores “independientes”<br />
En los últimos diez años han emergido cada vez más editores pequeños a los que se ha dado en llamar “independientes”, si bien el término no encaja con todos ni es el más preciso. Algunos no son más que zánganos de los recursos gubernamentales, de los que dependen totalmente para la producción de sus libros, pero hay muchos otros que emergen con un entusiasmo y una diversidad sorprendente. En muchos casos impelidos por una genuina vocación y devoción por el libro, este sector es sin duda el más innovador y de su amplitud sólo tenemos una vaga noción, pues se mueven en los submundos de la cuasi clandestinidad. Sin embargo, los encuentros nacionales e internacionales cada vez más frecuentes que los congregan dan fe de su riqueza y singularidad. De ellos emergen títulos de nuevos talentos literarios que han ido creando esa otra literatura que otros desprecian, pero que responde  a nuevas realidades. También los libros de artista y los libros objeto, las revistas y publicaciones electrónicas. Con escasísimos recursos, ¿podrán sobrevivir? Infinidad de proyectos de esta naturaleza emergen sólo por poco tiempo y sucumben ante la falta de recursos y conocimiento del oficio. Quizá sea éste el segmento que más apoyo requiere no tanto en el terreno de la producción, sino para su profesionalización.<br />
6)	El Estado editor<br />
En México, la función editora que ha ejercido el Estado ha causado gran polémica. Al encargarse de la publicación de los libros de texto, se convierte en el mayor editor del país, lo que “sustrae” a la industria editorial privada de un jugoso negocio. No obstante, la objeción que se ha manejado es el peligro que entraña para la educación la publicación en manos de las empresas privadas que, en aras de la necesidad de una creciente plusvalía, encarecería excesivamente los libros. Hasta cierto punto es cierto, pero… ¿no oculta de cualquier manera el Estado en sus cuentas el costo del aparato que hace posible la producción a bajo costo? ¿No contradice ese monopolio del libro de texto la libertad que debe prevalecer al impedir la variedad de opciones y la filosofía del “libre mercado”? Quizá la retórica de las preguntas, de los cuestionamientos, carezca ya de sentido en virtud de que muy pronto la edición electrónica será mucho más económica para el segmento educativo, lo que reducirá los precios drásticamente y pondrá en manos de los educandos un mundo de opciones a través de la red. Aunque… ¿lo permitirán los grandes intereses económicos y políticos involucrados?<br />
7)	La función del Estado en el apoyo a la edición<br />
Independientemente de su labor editora, ¿no debería el Estado cumplir sobre todo con una función “equilibradora” de los desajustes que provoca un sector editorial regido exclusivamente por la lógica del lucro del capital? Si el único criterio para publicar o no un libro es la viabilidad económica… ¿dónde quedan los intereses culturales de la nación? El FCE (Fondo de Cultura Económica) es sólo un paliativo, no ajeno a intereses políticos y económicos. La falta de equilibrio es lo que ha generado el resquebrajamiento de la bibliodiversidad. Por otro lado, ¿debe ser esa una función del Estado? ¿Cómo promover y garantizar esa bibliodiversidad sin caer en el paternalismo estatal ni en el financiamiento indiscriminado de proyectos al generar una dependencia del erario que ya tienen muchas editoriales?<br />
8)	El renacimiento de los géneros perdidos (poesía)<br />
Un cambio notable y favorable ha sido el resurgimiento de géneros perdidos, como la poesía, con el advenimiento de las tecnologías digitales tanto de impresión como de transmisión de la información. Como sigue siendo un género que no vende las cantidades que las grandes editoriales requieren para justificarlo económicamente, han sido las editoriales pequeñas o emergentes las que lo han tomado en sus manos. La posibilidad de hacer tirajes cortos en impresión digital, la creación de infinidad de blogs poéticos y los boletines y publicaciones electrónicas de poesía han propiciado un nuevo auge. Pero no sólo del género poético, sino de infinidad de exploraciones lingüísticas y literarias cuyo ejercicio quedaba antes limitado al reducido círculo de los conocidos (¿o amigos?) del autor. Ya es posible encontrar publicaciones que exploran palíndromos y aforismos, por ejemplo. Los amantes de estos géneros, y otros que surgen por el ingenio de los autores, han propiciado nuevos encuentros. Eso pone de manifiesto que no es que hubiera pocos lectores, sino que estaban dispersos.<br />
9)	Internet o la nube cibernética<br />
Así como la industria editorial se internacionalizó y globalizó con lo que pudo pasar de los grandes tirajes nacionales a los gigantescos tirajes destinados a cubrir un mercado internacional, internet ha roto las barreras de la distancia. Sin embargo, si bien un blog personal puede llegar a tener decenas de miles, cientos de miles de lectores (muchos más que muchos periódicos bien establecidos, por ejemplo), lo cierto es que también en la red son, en muchas ocasiones, los recursos económicos los que cuentan. Con pocos recursos, conocimiento e ingenio, cualquiera puede, en principio, crear espacios atractivos y exitosos. No obstante, la mayor parte de los sitios se basan en motores (software) creados por grandes empresas que, a fin de cuentas, son las que tienen la sartén por el mango. A principios de año, por ejemplo, una empresa que durante años ofreció su plataforma gratuitamente para la creación de redes sociales, decidió de la noche a la mañana cerrar decenas de miles de sitios, lo que afectó a cientos de miles de usuarios, porque su principal anunciante, Google, amenazó con retirarle toda su publicidad si seguía alojando sitios para “adultos”. La supuesta libertad que priva en internet, en realidad es ficticia y, probablemente, la censura se irá haciendo más patente conforme el proceso concentrador de capitales continúe. Pasa allí lo mismo que sucedió en la industria editorial: la compra de las pequeñas empresas exitosas por los grandes capitales es incontenible. Finalmente, ¿todo quedará en manos de no más que un puñado de protagonistas?<br />
10)	El diseñador editorial<br />
El diseño editorial evolucionó lentamente a lo largo de la historia, hasta encontrarse con la revolución cibernética. Hoy, el diseñador tiene que enfrentar el reto de concebir un mismo producto para varios dispositivos simultáneamente. Por ejemplo, hay periódicos que tienen su versión impresa en papel, su contraparte para consulta en internet y otra versión para ser leída en el iPhone. Un mismo usuario puede  hacer uso de las tres (o más) posibilidades a lo largo del día. Esto ha propiciado el desarrollo de nuevos conceptos dinámicos del diseño, empezando por la tipografía. Sin embargo, aún no hemos visto todo lo que un buen diseño puede hacer para que la lectura en los dispositivos electrónicos sea más placentera. Quizás ése es uno de los elementos que han propiciado la resistencia al cambio. Es decir, para pasar de la lectura de libros con soporte en papel a la lectura en dispositivos electrónicos no sólo hay que mejorar el dispositivo de lectura en sí, sino también los elementos de diseño editorial con los cuales se produzca el libro.<br />
11)	El dispositivo de lectura<br />
Una de las principales objeciones a la migración del soporte en papel al soporte electrónico había sido que el único dispositivo de lectura utilizable hasta hace poco era la computadora de escritorio o, en el mejor de los casos, una laptop o palmtop. Las cosas cambiaron un poco con la introducción del dispositivo Kindle de Amazon primero (con más de 180 000 títulos disponibles), y luego la del Sony Reader. Pero un tercer elemento entró en la arena de la reflexión: el iPhone de Apple. Pese a su diminuto tamaño, con una pantalla de 3.5 pulgadas en diagonal, el dispositivo no fue concebido prioritariamente para leer libros, pero… tiene la ventaja de que el usuario siempre lo lleva consigo. Un programa (Stanza) para leer libros en el iPhone tuvo alrededor de 400 000 descargas en 2008, mientras que Amazon vendió 380 000 dispositivos Kindle en el mismo año. De cualquier manera, así como han abundado las críticas, proliferan las reseñas entusiastas. Por lo pronto, ninguno de estos dispositivos amenaza aún seriamente al libro con soporte en papel, pero es un buen y sorprendente comienzo. El cambio está ocurriendo particularmente entre las nuevas generaciones, más propensas a tener el ojo pegado a pantallas para chatear o a buscar lecturas al alcance de sus bolsillos. Y con decenas de miles de títulos gratuitos disponibles en la red, quizá la elección no sea tan difícil.<br />
12)	La distribución y venta<br />
Uno de los grandes problemas que sufre la industria editorial en su conjunto, desde la más grande hasta la más pequeña entidad que la compone, es sin duda la distribución y venta. Las distribuidoras sólo se hacen cargo de los acervos de las grandes editoriales, cuando éstas mismas no crean su propio aparato. Nadie se hace cargo de la distribución de los títulos producidos por las editoriales pequeñas, de tal manera que éstas siguen teniendo que hacerse cargo del proceso. Pocas logran hacerlo con éxito por la carga administrativa que esto representa. La colocación a través de las distribuidoras estatales, como Educal, es de una inaudita ineficiencia. Así las cosas, gran parte (ciertamente incuantificable) de la producción editorial sigue acabando en las bodegas, y esto incluye, por supuesto, las ediciones académicas. La solución al dilema lo representaría la creación de librerías electrónicas en internet, pero aún no existe en México una cultura masificada de compra por esa vía. Éste sería un terreno en el que quizás el Estado podría interceder al brindar un gran beneficio a editores y lectores por igual. Pero… ¿cómo solucionar el inefable burocratismo?<br />
13)	La librería<br />
Conocida es la falta de librerías en el país. No sólo la falta, sino la disminución de los puntos de venta. Adicional a esto, las librerías reproducen en su mayoría el mismo esquema: la puesta en venta de los mismos títulos, es decir, los que “sí venden”. El librero, siempre al borde de la insolvencia, salvo pocas excepciones, tiene que apostarle a las ventas, por lo que no se arriesga con acervos poco comerciales. La ley del libro y el precio único parecería un salvavidas, aunque no pocos piensan que lo más probable es que las librerías que surjan reproduzcan a fin de cuentas el mismo esquema: venta de los mismos pocos títulos. El libro con soporte en papel requiere espacio, mucho espacio, pero pocas librerías disponen de suficiente. Así las cosas, ¿cómo dar cabida en los puntos de venta a la creciente producción editorial? ¿Seguirá siendo la rápida rotación que condena a los libros a una permanencia de sólo un par de meses en estantes la eterna constante del libro en México? Probablemente habrá que reinventar este segmento.<br />
14)	El librero<br />
Si la carencia de librerías es un problema cuya solución no se aprecia en el horizonte, la falta de libreros capacitados se suma al triste panorama. Pocos hay que sepan de libros, menos aún que sean realmente lectores y puedan orientar a sus clientes. En los últimos años los libreros se han organizado y se han convertido en un sector activo y propositivo. Sin embargo, no han logrado propiciar aún un crecimiento del sector a la medida de las necesidades. La profesionalización del librero en todos los ámbitos, la creación de planes, de esquemas viables de negocio, la generación de créditos para el sector, la diversificación de ofertas y el desarrollo de mecanismos de comunicación con los lectores son asignaturas pendientes y urgentes.<br />
15)	La promoción<br />
Pocos libros logran tener éxitos de venta sin una promoción adecuada. La actual situación, en la que sólo los libros a los que las grandes editoriales les apuestan grandes sumas para promoverlos en los medios logran cuantiosas ventas, hace que vivamos en una sociedad de lectores bestsellerizados. Es impostergable buscar mecanismos que le permitan al editor dar a conocer su oferta editorial de manera más dinámica y menos costosa. ¿Se podrá? ¿Cuál sería, en determinado caso, el camino para dorarle al potencial lector la píldora, de manera que se acerque a más libros, es decir, a que se bibliodiversifique? Porque las pocas publicaciones que actualmente reseñan libros se dirigen más a lectores ya consumados que a quienes, sin serlo, podrían aventurarse a tomar un libro en sus manos.<br />
16)	La transfiguración del lector y la lectura<br />
Los tiempos han cambiado. En muchos sentidos. Nuestro momento histórico es otro. Pero así como reconocemos que esto es cierto, que en los últimos veinte años el mundo ha cambiado drásticamente, también hay que percatarnos de que muchos cambios han ocurrido de manera imperceptible frente a nuestros ojos. Si años atrás políticos retrógrados edificaban academias para la “defensa de la lengua”, como si la lengua (o los hablantes) no tuvieran derecho a cambiar sin necesidad de pedir permiso, hoy la incapacidad cultural de comprensión social y tecnológica de una generación no comprende lo que le está sucediendo a las que le siguen. El joven lector de hoy y, con mayor razón, el de mañana, tiene capacidades, habilidades y, sobre todo, intereses distintos a los de sus padres. No leen lo mismo, y cuando lo hacen, no “leen” (decodifican) lo mismo. Hay una transfiguración del lector. Y también del proceso mismo de lectura. Comprender eso es uno de los grandes retos que enfrentamos. Si logramos entender lo que está pasando, si comprendemos el presente de estas nuevas generaciones, pero además anticipamos el futuro, habremos dado pasos agigantados hacia un porvenir más saludable, en el que la lectura ocurrirá por cualquier medio, fundamentalmente por placer. Comprender esa transfiguración del lector y la lectura es quizás el mayor reto que enfrentamos, pues de allí se desprenderá el futuro de nuestra industria, de nuestro quehacer editorial, del libro.<br />
</p>]]>
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    <title>De cómo se puede vivir sin correctores, pero por qué siguen siendo imprescindibles</title>
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    <published>2008-10-26T05:15:33Z</published>
    <updated>2008-10-26T05:20:10Z</updated>
    
    <summary>Intervención con motivo del Día del corrector Sábado 25 de octubre 2008 Centro Cultural Donceles 66 Alejandro Zenker Cuando me invitaron a participar con una ponencia en este Día del Corrector, dudé por un momento. Tenemos la FIL de Guadalajara...</summary>
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        <name>Alejandro Zenker</name>
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        <![CDATA[<p><strong>Intervención con motivo del Día del corrector<br />
Sábado 25 de octubre 2008<br />
Centro Cultural Donceles 66</p>

<p>Alejandro Zenker</strong></p>

<p>Cuando me invitaron a participar con una ponencia en este Día del Corrector, dudé por un momento. Tenemos la FIL de Guadalajara encima y eso significa trabajo a marchas forzadas para salir a tiempo con los proyectos. Sin embargo, me asaltó una duda: ¿Día del Corrector? No había escuchado antes que, finalmente, al corrector se le diera su lugar. Así que, contra la sabia recomendación de mis colaboradores, decidí aceptar gustoso. Y les explicaré por qué.</p>

<p>Dirijo una editorial independiente, Ediciones del Ermitaño, división editorial de una empresa de servicios llamada Solar, ambas con una trayectoria de casi 25 años. Desde nuestros inicios, el pilar de la empresa lo constituyó algo que llamamos “cuidado editorial”. Se trata del departamento que se hace cargo de todo el proceso de producción editorial. Es decir, donde trabajan los correctores.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Hace 25 años trabajábamos fundamentalmente para el Fondo de Cultura Económica (FCE). Como me había ganado la confianza de la institución como editor especializado, sobre todo en libros de gran complejidad tipográfica, me daban obras para realizar todo el proceso, es decir, generalmente hasta la entrega de pruebas finas. El proceso consistía en lo siguiente:</p>

<p>1. Traducción (ocasionalmente).<br />
2. Revisión y marcaje.<br />
3. Cotejo en el caso de las traducciones.<br />
4. Tipografía.<br />
5. Lectura de galeras.<br />
6. Formación de planas.<br />
7. Primera lectura de planas.<br />
8. Segunda lectura de planas.<br />
9. Contraprueba.</p>

<p>Suponiendo una traducción de por medio, estábamos hablando de cinco procesos distintos de corrección. Teníamos como norma que cada uno de esos procesos lo tenía que realizar una persona distinta. Es decir, la lectura del original para realizar la revisión y el marcaje, que realizaba quien encabezaba el proceso, ya “contaminaba” a esa persona, de tal suerte que la memoria fotográfica que mal que bien todos tenemos la incapacitaba para realizar una lectura de galeras, por lo que ésta debía hacerla alguien más. Por otra parte, cada paso requería de habilidades distintas, de manera que quien leía galeras no forzosamente era capaz de hacer la revisión y el marcaje de una obra, ni tampoco de leer primeras o segundas planas.</p>

<p>Así pues, teníamos un equipo de correctores (lectores) con diferentes aptitudes, entre los cuales hacían revisión y marcaje, lectura de galeras y revisión de planas. Pocos podían hacer las tres cosas bien y nunca al menos en la misma obra. En esa época había tiempo. Un libro podía tardarse un año o dos en ser producido y “no había problema”. El libro se tomaba su tiempo. El tiempo se respetaba.</p>

<p>La labor del corrector se aprendía arduamente, como en la Edad Media. Uno se convertía en aprendiz de otro. Quien quería entrar en el privilegiado círculo de los cultos mal pagados, tímidamente adquiría por las buenas o le robaba furtivamente el conocimiento al otro, que no quería soltarle de manera orquestada los secretos del oficio. El conocimiento era valioso, y a más burros, menos olotes. No había cursos de capacitación, o eran muy contados e impartidos en editoriales para el personal de planta.</p>

<p>Sabiendo eso, a principios de los años ochenta tuve la oportunidad de organizar los primeros Seminarios para la Formación de Editores junto con Felipe Garrido, gerente editorial del FCE, y Margo Glantz, directora de Literatura del INBA. Los seminarios se llevaron a cabo en el Instituto Superior de Intérpretes y Traductores (ISIT), del que yo era director. El primero de ellos fue muy significativo, porque quienes estábamos en el estrado nos percatamos de que, más bien, los que estaban abajo debían subir y darnos lecciones a nosotros. Tal era la avidez por comprender los nuevos vientos, por discutir lo que estaba aconteciendo y que apenas se perfilaba, que aquellos seminarios se convirtieron en espacios de reunión de profesionales, entre los que había no pocos de los más destacados editores del país. El caso es que los más jóvenes nos aventurábamos a presagiar cambios fuertes por el advenimiento de las nuevas tecnologías, a lo que los veteranos respondían con desdén, aunque no sin algo de preocupación.</p>

<p>De pronto cambiaron las cosas. Habíamos sufrido crisis financieras y no había dinero. Las instituciones, tanto editoriales como particularmente de educación superior, despidieron a parte del personal y no había trabajo. Un día llegué al Fondo de Cultura y quien me recibió me dijo: “Aquí está este libro. Te doy tres meses para producirlo y no te puedo pagar cuidado editorial”. Por “cuidado editorial” entendíamos un porcentaje adicional sobre lo que se cobraba por cada rubro de producción y se justificaba porque nos hacíamos cargo de toda la responsabilidad. ¿Tres meses? ¿Para un libro para el que normalmente contábamos con un año? No había remedio y no teníamos suficiente trabajo, así que acepté el reto con una condición: cambiaríamos la metodología de trabajo. No hubo objeción. Para salir en esos tres meses tuve que hacer otra cosa inaceptable en ese entonces: repartir la lectura de los capítulos entre varios correctores.</p>

<p>Sólo la revisión final estaría en manos de un solo lector que se centraría en los aspectos críticos del libro, es decir, uniformidad terminológica, congruencia tipográfica, correspondencia entre llamadas y notas al pie, foliación, numeración de capítulos, índices, etcétera.</p>

<p>A partir de entonces ya nada fue igual. De pronto ya no había tres, sino sólo dos meses disponibles. En una ocasión tuvimos que producir un libro de más de 600 páginas en sólo dos semanas. Una locura. Pero siempre salimos adelante, siempre cumplimos con los tiempos. Rompimos una y otra vez con las normas que nos habíamos impuesto, y las entidades editoriales para las que trabajábamos preferían velocidad y bajo costo a pulcritud editorial. No era raro que me dijeran: “¿Para qué lees tantas veces el mismo texto? Con una lectura basta”. La labor silenciosa del corrector se convirtió en la más despreciada, la más ignorada.</p>

<p>Atrás quedaron las tertulias con Alí Chumacero y Felipe Garrido sobre la manera de ganar una colita, de superar una viuda, de evitar callejones. Desapareció el linotipo, las composer, las viejas fotocomponedoras que nos arrojaban los rollos de galeras que luego cortábamos para pegar los tramos en los cartones, talacha del “peistopero”. La computadora se hizo cargo. Y con ella no faltó quien estaba seguro de que lo único que hacía falta era pasar el texto por una revisión ortográfica automática. La devaluación definitiva del corrector sobrevino. Hasta que uno y otro desastre, las quejas de los lectores, la indignación de los jefes que, al recibir los libros terminados, encontraban infinidad de erratas, comenzó a revitalizar la imagen de quien, calladamente, está allí, buscando y erradicando erratas.</p>

<p><br />
Algunos compañeros manifestaban su tristeza porque nadie notaba su trabajo, pero finalmente caían en la cuenta de que, precisamente, de eso se trataba: de que no se notara. Nadie nota la mano del corrector de un libro bien producido. Todos despotrican cuando se nota su trabajo, es decir, su mal trabajo cuando el libro sale lleno de erratas.</p>

<p>La labor que realizamos en Solar y Ediciones del Ermitaño se nutrió de la experiencia de estos 25 años. En un principio fui yo quien transmitió los conocimientos adquiridos a mis colaboradores que estaban a cargo del cuidado editorial, de las lecturas de los libros. Posteriormente, ellos fueron capacitando a sus sucesores, y cada uno fue añadiendo sus experiencias a lo heredado. Hoy contamos con un mayor bagaje de libros de referencia, de los que contamos con un buen arsenal, lo cual nos alivia, porque los viejos maestros han ido desapareciendo.</p>

<p>Hoy seguimos capacitando a nuestro personal y explicándole en breves talleres lo esencial.</p>

<p>De cualquier manera, el mundo produce hoy tal cantidad de material escrito, que no alcanzan los correctores disponibles. La velocidad a la que se transmite y requiere la información es también tal, que aunque hubiera un corrector disponible, en muchos casos no se haría (no se hace) uso de él. El mundo necesita a los correctores, pero no lo sabe y vive cada vez más sin ellos; y, por otro lado, surgen más herramientas de corrección automática que, sin lugar a dudas, son deficientes.</p>

<p>Estoy convencido de que no sólo la labor del corrector de estilo se tiene que profesionalizar, sino la de toda la cadena involucrada en el quehacer editorial.</p>

<p>Por eso creamos la revista Quehacer Editorial, por eso impulsamos el Instituto del Libro y la Lectura, A.C. (www.illac.com.mx) dedicado a las ciencias y artes del libro, por eso también organizamos la Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos (RIEPA www.riepa.org), a la que los invito a integrarse. En estos espacios encontrarán almas afines. Son un granito de arena que ponemos desde Solar y Ediciones del Ermitaño para hermanar voluntades. De allí quizá nazca lo necesario para convencer al mundo de que si bien puede publicar sin nosotros, lo haría mucho mejor si incorporara nuestro trabajo.</p>

<p>*azh, 18/10/08 </p>]]>
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    <title></title>
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    <published>2008-10-23T04:21:24Z</published>
    <updated>2008-10-23T04:21:31Z</updated>
    
    <summary> Visitar Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos RIEPA...</summary>
    <author>
        <name>Alejandro Zenker</name>
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        <![CDATA[<p><embed src="http://static.ning.com/riepalmundo/widgets/index/swf/badge.swf?v=3.7.5%3A10471" quality="high" scale="noscale" salign="lt" wmode="transparent" bgcolor="#ffffff" type="application/x-shockwave-flash" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" width="206" height="104" allowScriptAccess="always" flashvars="networkUrl=http%3A%2F%2Fwww.riepa.org%2F&amp;panel=network_small&amp;configXmlUrl=http%3A%2F%2Fstatic.ning.com%2Friepalmundo%2Finstances%2Fmain%2Fembeddable%2Fbadge-config.xml%3Ft%3D1224505098" /> <br /><small><a href="http://www.riepa.org/">Visitar <em>Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos RIEPA</em></a></small><br /></p>]]>
        
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    <title>Ediciones del Ermitaño, arando el campo de la bibliodiversidad poética</title>
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    <published>2008-10-23T04:13:59Z</published>
    <updated>2008-10-23T04:19:09Z</updated>
    
    <summary>Encuentro Hispanoamericano de Poesía, miércoles 22 de octubre 2008 Presentación de la colección de poesía de Ediciones del Ermitaño. Por Alejandro Zenker Ediciones del Ermitaño nació en 1984 y desde 1994 produce gran parte de sus títulos haciendo uso de...</summary>
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            <category term="Ponencias" />
    
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        <![CDATA[<p><strong>Encuentro Hispanoamericano de Poesía,<br />
miércoles 22 de octubre 2008<br />
Presentación de la colección de poesía de Ediciones del Ermitaño.</p>

<p>Por Alejandro Zenker</strong></p>

<p>Ediciones del Ermitaño nació en 1984 y desde 1994 produce gran parte de sus títulos haciendo uso de la impresión digital en tiros cortos. Cuenta con un catálogo vivo de más de 200 títulos, y el histórico supera los 400. De éstos, la cuarta parte corresponde al género poético, con obra predominantemente de jóvenes poetas hispanoamericanos. Además de los varios libros de poetas mexicanos, el año pasado publicamos dos volúmenes de jóvenes poetas españoles, y este año iniciamos la publicación de poesía traducida con dos títulos de poetas coreanos que vienen a sumarse a otros ocho correspondientes a la narrativa de la colección de literatura coreana. La mayor parte de nuestra producción es enteramente independiente; pocos de nuestros títulos han contado con apoyo económico y pocos han sido producto de una coedición. Por lo mismo, nuestra capacidad de producción de nuevos títulos es limitada.</p>

<p>Pero vayamos por partes.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Hace unos días, los compañeros de la editorial Librodeartista, de Andalucía, España, me preguntaron qué entiendo por “bibliodiversidad”. Curiosamente, en estas semanas varios me han abordado con la misma interrogante. El término irrumpió con fuerza en México a raíz del Encuentro de Editores Independientes del Mundo Latino y la Bibliodiversidad que se realizó en el marco de la FIL de Guadalajara en 2005. Ya desde muchos años atrás, en todo el mundo se había venido sintiendo el peso de los grandes conglomerados editoriales que forjaron el mercado de acuerdo con sus conveniencias y así fueron minando las posibilidades de desarrollo de proyectos editoriales independientes, alternativos. Los grandes capitales de la industria editorial buscaban hacer grandes inversiones para tener grandes utilidades. Toda la cadena de producción, distribución y venta se orientó a satisfacer esa demanda. Las otras voces fueron callando. Era imposible competir. La poesía fue, sin duda, una de sus principales víctimas. La bibliodiversidad, entendida como la proliferación de voces literarias accesibles al lector posible, independientemente del potencial económico, lucrativo de una obra, es un sueño lleno de obstáculos.</p>

<p> <br />
Es en ese contexto cuando, en 1994, diez años después de su fundación, Ediciones del Ermitaño y Solar decidieron realizar un giro radical recurriendo a las tecnologías emergentes de entonces, particularmente la impresión digital. Nació así Minimalia, colección destinada a explorar el potencial de esas tecnologías y a experimentar nuevas formas de hacer que el libro llegara a su lector y el lector a su libro, en esa laberíntica búsqueda que a veces pareciera no tener remedio. Incorporamos a nuestros talleres los primeros equipos de impresión digital destinados a la producción de libros en México y sacamos los primeros cinco títulos de la colección con tirajes de tan sólo 100 ejemplares cada uno. Hasta allí todo iba bien. Estamos convencidos de que son muchas las obras valiosas que merecen abrirse paso entre los lectores cautivos y potenciales, sin importar si hablamos de 30, 50 o 100, particularmente en el caso de la poesía. Sin embargo, enfrentamos lo que sigue siendo el cuello de botella y principal impedimento para que esta fórmula cuajara: todo el sistema de distribución y venta estaba organizado —como sigue estando— para darle cauce a tirajes grandes. Quienes se aventuraron a asumir la distribución de los catálogos de editoriales pequeñas, basadas en tirajes cortos, pronto quebraron o tiraron la toalla. Así pues, había que buscar otras fórmulas.</p>

<p> <br />
Asumimos la distribución directa de nuestro catálogo y, aun cuando nuestro sello, Ediciones del Ermitaño, era conocido por su relativamente larga trayectoria (que este año ha cumplido 25 años), nos costó mucho trabajo abrirnos espacios para esta propuesta innovadora. La constancia y terquedad nos fue abriendo el camino, y hoy tenemos más puntos de venta abiertos de los que podemos atender.</p>

<p>No obstante, una cosa es tener puntos de venta y otra muy distinta, como editorial independiente, atenderlos adecuadamente y hacerle frente a la burocracia que implica la distribución, consignación, facturación y cobro. Si a eso añadimos la reciente y genocida burocracia de Indautor para otorgar los ISBN, tenemos un panorama bastante desalentador para la pretendida bibliodiversidad en México. Sin embargo, los editores alternativos estamos no para quejarnos, sino precisamente para salirnos de los procedimientos esquemáticos, buscando nuevos caminos, no para hacer lo mismo de siempre, sino para ampliar nuestro campo de acción.</p>

<p>Eso es lo que hemos estado haciendo en Ediciones del Ermitaño. Este año abrimos una nueva vertiente de exploración. Creamos páginas paralelas a nuestro sitio central, www.solareditores.com, especializadas en géneros y títulos, y hemos buscado recursos que no por modestos dejan de ser útiles para acercar los libros al lector. Por ejemplo: acabamos de lanzar la convocatoria al Premio Universitario de Ensayo sobre Literatura Coreana y creamos un sitio especial para la colección, www.literaturacoreana.com. <br />
 <br />
Allí, los interesados en el premio pueden no sólo consultar las bases, sino también adquirir información sobre nuestras publicaciones, inscribirse en la página para recibir notificaciones, escuchar música, ver videos y fotos, etc. Eso mismo lo hemos trasladado a otros terrenos. A un libro de narrativa que publicamos el año pasado y que ha sido exitoso por la calidad literaria y la temática que aborda, le creamos su propio espacio, en el que, de igual manera, los lectores pueden adquirir más información sobre el tema, ver películas, fotos y entrevistas con el autor, e incluso entablar una conversación con él a través de un sistema de chat o bien dejando comentarios en las entradas a sus blogs. Continuamos experimentando con un espacio para las obras de Gustavo Sainz que estamos publicando. Es decir, nuestra intención es crear una red de espacios en la que los lectores interactúen de manera más directa con autores y editores. Esto, si bien apenas inicia, ha comenzado a tener un creciente éxito y queremos ampliarlo al género poético y, por supuesto, al de nuestra colección de erotismo.</p>

<p>Estoy convencido de que hay mucho por explorar y de que si bien los canales tradicionales de venta seguirán por un buen tiempo relativamente cerrados a editoriales alternativas —ya sea porque simplemente no aceptan sus catálogos o porque la editorial no puede hacer frente a las crecientes exigencias administrativas y burocráticas—, podemos crear espacios personalizados que las editoriales grandes simplemente no contemplan ni imaginan. <br />
 <br />
Para esto es imprescindible que los autores se involucren, que entiendan que todo ha cambiado y que es indispensable que se conviertan en activos promotores de su obra. Esto atañe en particular a los poetas.</p>

<p>Para arar en el campo de la bibliodiversidad he estado impulsando un nuevo y ambicioso proyecto junto con Uberto Stabile, quien dirige EDITA, es decir, los encuentros internacionales de editores independientes en Punta Umbría, España, y el Instituto del Libro y la Lectura aquí en México. Se trata de la Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos (RIEPA, www.riepa.org), a la que ya se han sumado alrededor de 100 editores independientes de toda Iberoamérica (España, Portugal, Brasil, Argentina, Chile, Colombia, México, etc.). Se trata de un espacio de integración y discusión que está cobrando cada vez más dinamismo y que estamos presentando en los diversos países que cuentan con encuentros internacionales de editores independientes y alternativos. Estoy convencido que de esta organización voluntaria y gratuita emergerán no sólo numerosas alianzas en beneficio de los editores que estamos de este lado de la exploración de nuevos horizontes, sino también nuevas soluciones a los problemas que quizás hoy parecen infranqueables, pero que dentro de poco nos harán lo que el viento a Juárez.</p>

<p>*azh, 18/10/08<br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>Realidades y prejuicios en torno a la impresión digital: Cómo comprender un recurso “nuevo” que ya es “viejo”…</title>
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    <published>2008-09-27T07:07:39Z</published>
    <updated>2008-09-27T07:57:25Z</updated>
    
    <summary>Por Alejandro Zenker Conferencia dictada en el marco del Encuentro: Ediciones Alternativas Jueves 25 de septiembre Coordinación de Humanidades/UNAM Mi hija, que por algún extraño maleficio genético ha decidido ser editora, me critica todo el tiempo porque, según ella, cuando...</summary>
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        <![CDATA[<p><strong>Por Alejandro Zenker</p>

<p>Conferencia dictada en el marco del<br />
Encuentro: Ediciones Alternativas<br />
Jueves 25 de septiembre<br />
Coordinación de Humanidades/UNAM</strong></p>

<p>Mi hija, que por algún extraño maleficio genético ha decidido ser editora, me critica todo el tiempo porque, según ella, cuando explico algo suelo remontarme a la época de los dinosaurios. En este caso no hay peligro de tal desatino, puesto que el tema que hoy nos reúne no cumple aún dos décadas. O quizá sí, dependiendo de lo que entendamos por “ediciones alternativas”. Aunque, pensándolo bien, sí podríamos iniciar con los dinosaurios… al menos los de la edición, tan parecidos en su resistencia al cambio como nuestros políticos de la vieja guardia, pero me resistiré a la tentación. Lo que no resisto es someterlos a una breve tortura aritmética, aprovechando que apenas inicia este encuentro y que todos están frescos y despiertos. Se trata de una breve incursión en el cálculo editorial, inherente a buena parte de los temas que seguramente hoy abordaremos. Porque si de algo se trata cuando hablamos de nuevas tecnologías —que ya no lo son tanto—, es de su viabilidad económica  en comparación con las tecnologías tradicionales.</p>

<p><img alt="Encuentro Ediciones Alternativas UNAM Sep 08 #4380(1).jpg" src="http://www.solareditores.com/alejandrozenker/editorial/Encuentro%20Ediciones%20Alternativas%20UNAM%20Sep%2008%20%234380%281%29.jpg" width="600" height="800" /></p>]]>
        <![CDATA[<p>El ejercicio comienza así (y me brinco toda terminología contable para facilitar el razonamiento):</p>

<p>Toda obra tiene componentes básicos que contribuyen a la determinación del precio al público de un libro. Uno es el costo fijo, otro el variable. La suma de estos dos nos dan el costo integrado que, más los gastos generales, nos arroja el gran total al que, a su vez, aplicamos un factor multiplicador para llegar al precio al público.</p>

<p>Veamos un caso hipotético en la producción de un libro:</p>

<p>El costo fijo nos lo arroja el proceso de producción editorial compuesto de:</p>

<p>•	Traducción<br />
•	Diseño<br />
•	Revisión, cotejo y marcaje del original<br />
•	Tipografía y formación<br />
•	Lectura de pruebas<br />
•	Cuidado editorial</p>

<p>Supongamos que todo esto nos da un valor de 10 000 pesos.</p>

<p>Ahora debemos determinar el tiraje de la edición. Asumamos que no tenemos un estudio de mercado ni una estimación real de posibles compradores. Así pues, nos iremos por un mero razonamiento de costo con el que jugaremos para determinar el precio al público. ¿Cómo establecerlo? Generalmente aplicando un factor multiplicador que nos cubra, de tal suerte que al final del ciclo hayamos recobrado nuestra inversión de ser posible, e incluso con alguna ganancia.</p>

<p>Es decir, a esos 10 000 pesos de inversión inicial en el proceso de producción editorial hay que añadir:</p>

<p>•	Gastos generales<br />
•	Papel y cartulina<br />
•	Impresión y<br />
•	Encuadernación</p>

<p>Supongamos que esos gastos generales equivalen a 30% de nuestro costo de producción editorial, es decir, $3 000 pesos. Esto nos da una suma de 13 000. Aquí comienza, en realidad, el problema. ¿Cómo decidimos el tiraje?</p>

<p>Sabemos que este costo se va a repartir proporcionalmente entre los ejemplares producidos. A mayor tiraje, menor incidencia de ese costo de producción editorial sobre cada ejemplar. Es decir, si producimos 1 000 ejemplares, el precio final al público debe ser hipotéticamente menor que si sólo producimos 100.</p>

<p>Supongamos que nuestro costo por la producción de 1 000 ejemplares es de 10 000 pesos y que la producción de 100 es de 200. Insisto en que es sólo un ejercicio ilustrativo, no real, y que todo es un poco más complejo de lo que aquí expongo.</p>

<p>13 000 + 10 000 nos da 23 000 pesos de costo total vs.<br />
13 000 + 200, que nos arroja un total de 13 200.</p>

<p>23 000 pesos entre 1000 ejemplares nos da un costo unitario de 23 pesos.</p>

<p>13 200 pesos entre 100 ejemplares nos arroja un costo unitario de 132 pesos.<br />
¿Por cuál opción nos vamos?</p>

<p>Si a esto añadimos que una librería o distribuidor nos exige entre 40 y 65% de descuento, tenemos que aplicar un factor multiplicador de 5 o 7, idealmente. Quedémonos en 5 si bien en Ediciones del Ermitaño aplicamos generalmente un 3.5.</p>

<p>El libro producido en un tiraje de 1 000 ejemplares tendrá un precio al público de 115 pesos (23 x 5).</p>

<p>El libro producido en un tiraje de 100 ejemplares tendrá un precio al público de 660 pesos (115 x 5). Es decir, totalmente inasequible para el público.</p>

<p>¿Correcto?</p>

<p>Pues sí y no, pero ese razonamiento fue uno de los principales obstáculos para que la impresión digital se abriera camino en toda la industria editorial en México, y particularmente en los centros universitarios. Y es comprensible. Semejante diferencia hacía que cualquiera optase por… el tiro largo, aunque en realidad el tiro les salía por la culata ya que en lugar de gastar $13,200 y desplazar esos 100 ejemplares iniciales, gastaban (y siguen gastando) 23,000 pesos… Pero si el desplazamiento real del libro era de tan sólo 100 ejemplares vemos que tiraban al basurero del almacén nada menos que $9800 pesos… Hoy las cosas han cambiado mucho y los costos de producción offset vs. Impresión digital se han acercado mucho en tiros menores a los 1000 ejemplares.</p>

<p>Hoy las cosas han cambiado y los costos de producción offset vs. Impresión digital se han acercado mucho en tiros menores a los 1000 ejemplares, lo que hace más impactante el desperdicio cuando uno se equivoca al determinar el tiraje inicial de un libro. </p>

<p>El error estaba en pretender cargar a los 100 ejemplares todo el costo fijo de la producción editorial, es decir, </p>

<p>•	Traducción<br />
•	Diseño<br />
•	Revisión, cotejo y marcaje del original<br />
•	Tipografía y formación<br />
•	Lectura de pruebas<br />
•	Cuidado editorial</p>

<p><br />
Comprenderán ahora que cuando hace 14 años incorporé a nuestra empresa, Solar, Servicios Editoriales, la primera impresora digital dedicada a producir libros en México, el proyecto parecía no menos que una locura. El peso mexicano acababa de sufrir una fuerte devaluación y los costos de adquisición de la tecnología habían subido estrepitosamente. Por lo tanto, en ese entonces mi apuesta por las nuevas tecnologías era muy arriesgada. Estaba convencido de que era el inicio de un futuro que cambiaría la estructura de la industria editorial, pero ¿para qué ser pionero? </p>

<p>Dediqué muchos años a promover la impresión digital en México. La respuesta del medio era categórica: la impresión digital era la solución a un problema inexistente. ¿Por qué? Porque para hacer uso de ella, para aprovechar todo su potencial teníamos que romper mitos e inercias.</p>

<p>En la UNAM, por ejemplo, enfrentaba un contundente rechazo. Una de las ventajas de la impresión bajo demanda (POD) es que uno puede imprimir tantos ejemplares como necesita y deshacerse del almacén.</p>

<p>“¿Deshacernos del almacén?” —me increpaban mis interlocutores—. “¡No sabes lo que dices! El almacén no es un problema, lo tenemos, y el costo de administración tampoco, puesto que el personal encargado está sindicalizado y no lo podemos despedir.” </p>

<p>Así de fácil desacreditaban mis argumentos. Por otro lado, el tiraje del libro era un símbolo de estatus académico. Si un profesor había publicado un libro con un tiraje de 2 000 ejemplares, el otro, con más influencia, quería al menos 3 000. De nada servía explicarles que la institución no tenía la capacidad de distribución de semejantes cantidades y que la mayor parte de esos libros iría a parar a los almacenes. Había libros de los que se habían publicado 2 000 ejemplares, por ejemplo, de los que no habían desplazado más de 30. ¡Imagínense el desperdicio! Dinero y esfuerzo tirado a ese gran basurero llamado almacén.</p>

<p>Volviendo al razonamiento aritmético inicial: el principal obstáculo lo constituían las autoridades administrativas. Ellas llevaban con rigor prusiano el razonamiento: a más ejemplares, menor costo unitario. “¡Pero los libros acaban en las bodegas!”, les decía yo. “No importa —contestaban—, para eso están.” Un absurdo burocrático perfecto. Se producían libros “baratos” para embodegarlos.</p>

<p>¿Cuál era la salida? Comencé a cambiar la terminología en mis explicaciones. El costo de producción editorial, es decir, el que conforman los procesos de</p>

<p>•	Traducción<br />
•	Diseño<br />
•	Revisión, cotejo y marcaje del original<br />
•	Tipografía y formación<br />
•	Lectura de pruebas<br />
•	Cuidado editorial</p>

<p>constituye una INVERSIÓN. A ese costo no tiene uno que sumarle uno adicional, si es evitable. Es decir, mi propuesta era simple: asimilemos ese primer costo como inversión, hagamos un tiraje corto igual a la cantidad de libros que con seguridad desplazaremos y establezcamos el precio al público en función de un tiraje hipotético a largo plazo. La idea era hacer tiritititos una vez agotado el tirititito inicial. Pero las normas institucionales, no sólo en las universidades, sino también en las empresas editoriales, lo impedían.</p>

<p>En 1994 decidí predicar con el ejemplo. Ediciones del Ermitaño, editorial que dirijo y que es una división de Solar, había estado funcionando desde 1984, fecha en que se fundó de acuerdo con las normas de la industria, es decir, tirajes grandes con la intención de llegar a muchos puntos de venta y lograr un desplazamiento masivo de libros. Huelga decir que sucumbimos ante los innumerables problemas de distribución que enfrentamos. Debido a esta experiencia, al incorporar a Solar la impresión digital, decidí dar un giro, dedicarme a la publicación de literatura y producir mis libros en tirajes cortos. Desde entonces a la fecha hemos publicado más de 200 títulos de poesía, cuento y novela, siempre con un tiraje inicial de sólo 100 ejemplares. Para mí, esos 5 000, 10 000, 20 000 o 30 000 pesos iniciales que conforman el costo de producción de un libro, representan una inversión. Le apuesto a que el libro seguirá navegando con la colección a lo largo de los años. Así vamos a cumplir ya 15 años como editorial independiente que basa su producción enteramente en las nuevas tecnologías.</p>

<p>Solar, mientras tanto, se ha convertido en una empresa que brinda soluciones editoriales integrales para un manejo inteligente del documento. En nuestras instalaciones cubrimos todo el proceso que describí, desde la revisión del original, pasando por el diseño y la tipografía, hasta la impresión y la encuadernación.</p>

<p>En estos 15 años he visto de todo. Muchos de mis colegas que no comprendieron los cambios tecnológicos desaparecieron del medio. Otros surgieron, pero sin una escuela editorial que los respaldara, pues en México seguimos sin contar con estudios académicos formales de licenciatura y posgrado en las ciencias y artes del libro, fuera de algunos diplomados, cursos y talleres a todas luces insuficientes. Y es que cuando en un principio todo parecía indicar que las cosas se simplificarían, poco a poco el dominio del quehacer editorial profesional requiere de más habilidades y conocimientos.</p>

<p>Hoy se nos abre un amplio panorama complejo y prometedor. Lo que hoy estamos viendo no es sino el inicio de cambios aún más drásticos en toda la cadena de producción del libro. Desde la transformación del quehacer editorial mismo hasta la transfiguración del autor y del lector, nos falta mucho que ver. </p>

<p>Un aspecto importante es el libro electrónico. Como ustedes sabrán, al terminar el proceso de producción editorial tenemos un archivo electrónico equivalente a lo que antaño llamábamos “pruebas finas”. Ese archivo, generalmente un PDF, puede tener muchos usos. Es decir, no sólo es el que enviamos a las impresoras para la impresión digital; también es la antesala del libro electrónico. Con unos cuantos clics uno convierte ese archivo y lo deja listo para subirlo a internet. La facilidad con que se pueden crear libros electrónicos hoy en día y subirlos a la red de manera gratuita es sorprendente. Claro que hay muchos prejuicios vinculados con el libro electrónico. Los puristas y fundamentalistas del libro con soporte en papel hablan de que es insustituible. Sin embargo, en mi opinión no es más que un prejuicio que deja de lado la perspectiva histórica de las tendencias tecnológicas y los cambios generacionales que trasfigurarán al lector, como ya ha venido aconteciendo, querámoslo o no. El rechazo al libro electrónico, a la lectura en dispositivos electrónicos, parte de una experiencia personal, de una postura romántica, y no de conocimientos científicos, lamentablemente. De cualquier manera, el libro electrónico sigue en su infancia y falta mucho para que entre a la adolescencia. Pero “mucho” hoy en día se mide en cuestión de años, no de décadas.</p>

<p>Esta semana la empresa ADOBE sacó la nueva versión de sus aplicaciones que se han convertido en el estándar a nivel internacional: el CS4, en el cual encontramos entre otras herramientas el InDesign que cada vez más editores usamos, así como Ilustrator, Acrobat, Photoshop, etc. Esta nueva versión responde a los cambios drásticos que estamos viviendo: la multiplicidad de plataformas de las que los mortales hacemos uso: la PC de escritorio, la laptop transportable, la TVs con acceso a Internet en la recámara, iPods, iPhones, Blackberry y la Palm entre muchos otros, es decir celulares con conectividad de banda ancha con los que se puede ingresar a la web y hacer muchas cosas como escuchar música, ver fotos y videos, leer el periódico y sí, también leer libros.</p>

<p>A manera de ejemplo: yo también soy fotógrafo. Cuando surgió la fotografía digital, los fotógrafos profesionales, museógrafos, galeristas y curadores la vieron con desdén. En unos cuantos años, la fotografía digital se fue imponiendo, a tal grado que los fabricantes de cámaras, prácticamente sin excepción, se fueron retirando del mercado analógico para impulsar exclusivamente el digital. Hoy la gente se va desvinculando cada vez más de la foto impresa para migrar hacia álbumes digitales en la red. Suben sus fotos a Hi5, MySpace, Flickr, Facebook y tantos otros sitios gratuitos. Es la transfiguración del espectador. ¡Quién iba a decir hace unos años que hojear un álbum de fotos encuadernado iba a ser desplazado por una presentación en pantalla! Antes había sucedido lo mismo con la música, que pasó del LP al CD y de allí al mero archivo MP3 sin aparente sustento físico. Sin embargo, también la fotografía digital está en plena infancia… si acaso, entrando apenas en la adolescencia y lejos de madurar.</p>

<p>Cambios así se nos avecinan, y quien no esté preparado tendrá muchas dificultades en el terreno del quehacer editorial. Hay mucho qué estudiar. Es uno de los aspectos apasionantes de nuestra profesión: nunca se termina de aprender algo nuevo. Para orientar adecuadamente los pasos es necesario impulsar una labor sistemática de capacitación de los actores del quehacer editorial y de investigación en todos los terrenos, tanto de la creación de publicaciones destinadas a distintos dispositivos de lectura, como de los cambiantes procesos de lectura tanto lineal como no lineal. Para contribuir a eso con un granito de arena, hemos creado la revista Quehacer Editorial y hemos estado impulsando desde la sociedad civil iniciativas como el Instituto del Libro y la Lectura, A.C. (ILLAC) y la Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos (RIEPA), entidad a la que los invito a unirse. </p>]]>
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    <title></title>
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    <published>2008-09-12T06:57:49Z</published>
    <updated>2008-09-12T06:58:31Z</updated>
    
    <summary>Get your own - Open publication...</summary>
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        <![CDATA[<div><object style="width:425px;height:179px" ><param name="movie" value="http://static.issuu.com/webembed/viewers/style1/v1/IssuuViewer.swf?mode=preview&amp;previewLayout=white&amp;username=Zenker&amp;docName=www.solareditores.com&amp;documentId=080912054849-601f950449764fa991cf5f5f4c05970f&amp;autoFlip=true&amp;backgroundColor=ffffff&amp;layout=grey" /><param name="allowScriptAccess" value="always" /><embed src="http://static.issuu.com/webembed/viewers/style1/v1/IssuuViewer.swf" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" style="width:425px;height:179px" flashvars="mode=preview&amp;previewLayout=white&amp;username=Zenker&amp;docName=www.solareditores.com&amp;documentId=080912054849-601f950449764fa991cf5f5f4c05970f&amp;autoFlip=true&amp;backgroundColor=ffffff&amp;layout=grey" /></object><div style="width:425px;text-align:left;"><a href="http://issuu.com" target="_blank">Get your own</a> - <a href="http://issuu.com/zenker/docs/www.solareditores.com?mode=embed&amp;documentId=080912054849-601f950449764fa991cf5f5f4c05970f&amp;layout=grey" target="_blank">Open publication</a><a href="http://issuu.com/embed/guide?documentId=080912054849-601f950449764fa991cf5f5f4c05970f&amp;width=425&amp;height=301" target="_blank"><img src="http://static.issuu.com/webembed/previewers/style1/v1/m3.gif" border="0" /></a></div></div>]]>
        
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    <title>La sobreproducción editorial</title>
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    <published>2008-04-24T02:31:24Z</published>
    <updated>2008-04-24T02:35:47Z</updated>
    
    <summary>Invitado por Francisco Vargas, participé en el Encuentro del Libro y la Lectura con una ponencia sobre la supuesta sobreproducción editorial el pasado 22 de abril del 2008. Alejandro Zenker El tema de la llamada “sobreproducción editorial” es, sin duda,...</summary>
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        <![CDATA[<p><em><blockquote>Invitado por Francisco Vargas, participé en el Encuentro del Libro y la Lectura con una ponencia sobre la supuesta sobreproducción editorial el pasado 22 de abril del 2008.</blockquote></em></p>

<p>Alejandro Zenker</p>

<p>El tema de la llamada “sobreproducción editorial” es, sin duda, complejo y polémico, y no deja de tener tintes ideológicos y generacionales. Quienes hablan de “sobreproducción” y de la necesidad de regularla lo hacen desde la perspectiva de una industria que busca maximizar sus ganancias, pero enfrenta un problema crónico de agotamiento de la capacidad instalada de consumidores. Hoy por hoy, sólo un pequeño fragmento de la población lee. Ese universo limitado de lectores (y más que de lectores propiamente, habría que hablar, más bien, de compradores de libros, pues no siempre quien compra uno realmente lo lee) es el pastel que todos los editores queremos comernos. Si de eso se trata, por supuesto que hay una clara sobreproducción de libros (y una subexistencia de puntos de venta, idealmente librerías).<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>Pero plantearlo así, por otro lado, no deja de traer a mi memoria las discusiones sobre otras supuestas “sobreproducciones” a lo largo de la historia, pasada y presente. En un mundo en el que priva el hambre, de pronto hay “sobreproducción” de trigo, de maíz, de leche, de azúcar. Los precios bajan y los productores entran en crisis. Entonces intervienen los gobiernos, y no han sido pocos los casos en que cientos de toneladas de alimentos han sido destruidas para regular los precios del mercado, mientras millones de personas mueren de hambre.</p>

<p>Pero no quiero parecer un populista simplón y equipar la comida —artículo de primera necesidad, de supervivencia, de vida o muerte— con el libro, que no es de primera necesidad. Sin alimentos, sin agua, morimos. Sin libros podemos vivir tan o más felices que con ellos.</p>

<p>La actual producción mundial de libros con soporte papel supera la capacidad instalada de lectores. Como las políticas encaminadas a crear lectores no han obtenido los resultados deseados —y menos en países como el nuestro, donde los encargados de las políticas educativas y culturales carecen de una visión científica y de largo plazo del problema—, la industria editorial, entendida como aquella que monopoliza la producción de libros en gran escala, habla de “sobreproducción” y encara el problema de una competencia feroz y desgastante con enormes pérdidas financieras, o la utópica idea de la “autorregulación” del mercado.</p>

<p>Pero el problema es más complejo de lo que el grupo de tecnócratas de la vieja escuela pueden imaginar. Yo soy un editor atípico. Publico mis libros en tirajes cortos, aprovechando la tecnología de impresión digital con la que cuento. E innumerables instituciones públicas y privadas recurren a nuestros servicios para hacer lo mismo. Miles de títulos de editoriales pequeñas, medianas y grandes han emergido de nuestros talleres en tirajes pequeños, pero ésa es sólo una arista de la historia. La impresión digital en tirajes cortos es, sin duda, una de las opciones que los editores de vanguardia tienen a su disposición.</p>

<p>También, desde hace años, la emergente industria cibernética ha descubierto en la información en general un espacio amplísimo de oportunidades de negocio y crecimiento. La industria editorial establecida vio (y sigue viendo) con desdén los esfuerzos por impulsar la idea del libro electrónico. Con cada nuevo intento que emerge y, a la postre, fracasa, aplauden eufóricos vislumbrando que su industria, basada en los actuales paradigmas de libro papel-base instalada de lectores-monopolio de distribución-puntos garantizados de venta-capital de promoción y difusión-etc., durará más que Fidel Velázquez al frente de la CTM o Franco en España. Sin embargo, están cometiendo los mismos errores en que incurrieron quienes pensaron que la computadora jamás sustituiría y superaría al linotipo y la fotocomposición, que el fotolito nunca desaparecería y que la impresión digital basada en tóner y tintas se iría imponiendo por ningún motivo. Quienes carecieron de visión en el terreno de las artes gráficas, sucumbieron y nadie les lloró. Parecían gigantes inamovibles. No lo fueron. Los David que surgieron en los sótanos, es decir, los creadores de Microsoft, Yahoo y Google, por ejemplo, vencieron a los Goliat del capital y se hicieron del capital.</p>

<p>Hoy en día, el mundo editorial está viviendo cambios cuyas consecuencias aún no se vislumbran cabalmente. Ya son cada vez más las megaeditoriales que, previendo lo que se avecina, y de manera silenciosa, están convirtiendo todo su catálogo en libro electrónico. Echan pestes sobre el libro electrónico, pero lo cortejan. Microsoft y Google han digitalizado ya decenas de miles de títulos. Amazon se adelantó con su nueva apuesta: el dispositivo de lectura llamado Kindle.</p>

<p>De una población total de 6 600 millones de habitantes en el mundo, más de 19% ya tiene conexión a internet, es decir, cerca de 1 300 millones de habitantes. En América Latina hay una penetración (dicho sea sin albur) de más de 20%. Es significativo, aunque nada comparado con el 70% de Estados Unidos, 55% de Australia y Oceanía y 41% de Europa. La magnitud del fenómeno cibernético escapa al discurso de las megaeditoriales. Siguen basando sus pronósticos en el papel. Pero en la red, la realidad es otra. Simplemente en octubre de 2007, los cibernautas bajaron más de tres y medio millones de libros del sitio del Proyecto GUTEMBERG. Hay incontables espacios en los que los internautas comparten libros, como lo hacen con las canciones, por ejemplo, a través de los grupos, tipo google-groups. Es “piratería”, sin duda. Pero hoy en día hay que retomar el tema de los “derechos de autor”, cuya longevidad, legitimidad y sensatez pondría hoy en duda.</p>

<p>En fin, el mundo de la comunicación en general, y de la industria editorial en particular, está cambiando drásticamente. Más vale estar preparados.</p>

<p>¿Se vale hablar de “sobreproducción” cuando nos referimos al mundo cibernético? ¿Podríamos decir acaso que Google está produciéndonos demasiadas entradas bajo un mismo concepto? Si son demasiadas… ¿quién debería decidir cuáles hay que obviar?</p>

<p>El concepto mismo de la llamada “sobreproducción” me produce urticaria. De pronto imagino un Big Brother que querrá decidir qué es procedente y qué no.</p>

<p>En mi opinión, el llamado a la “autorregulación” del mercado editorial es no sólo una expresión del llamado “capitalismo voraz”, sino la antesala del fascismo cultural. ¿Quién va a decidir qué es “digno” de ser publicado y qué no? ¿Acaso esa élite de aristócratas ilustrados que pretende saber qué deben leer los demás y qué no? La historia está llena de ejemplos de esa intención espermaticida contra la cultura, contra la literatura. Hay una horda de imbéciles que pregonan la idea de que EQUIS cantidad de libros son los más importantes en la historia. ¿Importantes? ¿Para quién? </p>

<p>Yo publico libros en tirajes a veces de sólo 50 ejemplares. Por el gusto de hacerlo. Porque esos 50 lectores de ese poeta me parecen importantes. ¿Acaso el tiraje realmente refleja la importancia de un libro? ¿Cuántos bodrios no circulan en tirajes enormes sin que eso refleje su calidad literaria?</p>

<p>Ante eso, el fortalecimiento de Internet, de las redes de cibernautas que reclaman el derecho a la libertad de acceso a la información, a la literatura, a la cultura, me parece que marca la pauta. El surgimiento de blogs independientes, de infinidad de propuestas informativas, literarias y culturales nos dan idea de la dirección que tomarán las cosas.</p>

<p>Pero todo tiene su pero.</p>

<p>Yo soy editor independiente… ferozmente independiente. Independiente, por fortuna, de los mismos “independientes”, muchos (aunque no todos, por supuesto) zánganos de las limosnas gubernamentales. Desde un principio busqué formas alternativas de hacerle llegar a otros, de compartirles, lo que a mí me gustaba. Creé listas de distribución, por ejemplo. Durante años torturé a miles con mis envíos de un boletín poético que llamé Literalia. Fui creando páginas, blogs. Actualmente administro no menos de 20 espacios en Internet.</p>

<p>Sin embargo, ese mismo espacio que muchos creímos la panacea, el lugar donde habríamos de ejercer nuestra libertad irrestricta, se ha ido transformando. Aquellos que surgieron en los sótanos, en los garajes, se convirtieron en enormes conglomerados que rigen cada vez más la vida en ese ciberespacio. Nuevamente es el capital el que manda, el que nos censura, como me ha censurado a mí ene cantidad de veces.</p>

<p>En suma: ¿hay sobreproducción? En absoluto. Hay unos conglomerados que, en función de sus intereses, y sin atender para nada los intereses “supremos” de la humanidad, simplemente ven mermados sus ingresos. Son editores por azares del destino. Una vez que sus capitales ya no produzcan los que esperan, producirán condones, tuercas, clavos, marihuana o misiles, si allí está la plusvalía. Son capitalistas. No editores de corazón y vocación.<br />
Quienes sí lo somos —editores de vocación—, tendremos que buscar alternativas. La alternativa que vislumbrábamos, ya está siendo monopolizada por unos cuantos. De entrada, los intereses militares y de inteligencia de Estados Unidos… luego, los grandes gigantes imperiales y dueños de grandes partes del nuevo capital: Microsoft, Google, Yahoo… y sus subalternos, como Hi5, Facebook, MySpace, Spaces, blogspot, etc…</p>

<p>Pero sigo creyendo en la sociedad civil. En que sabremos encontrar formas de romper las barreras. Por mí, que los grandes conglomerados sigan haciéndose chaquetas mentales sobre la sobreproducción. Es su capital. No el nuestro. Y que sucumban. No merecen menos.</p>

<p>Mientras, hay que imaginar cómo crear nuevos espacios.</p>

<p>Quizá sin intereses de capital de por medio.</p>

<p>Aprendiendo a transmitir el gusto por la lectura. No el gusto por la compra del libro.</p>

<p>Termino:</p>

<p>No hay sobreproducción de libros… Hay sobreproducción de magnates del libro sin vocación por la lectura.</p>

<p>No hay sobreproducción de libros … Hay neofascistas culturales que desearían quemar libros para mantener los precios.</p>

<p>No hay sobreproducción de libros… Hay una carencia de inteligencia gubernamental a nivel mundial para propiciar el gusto por la lectura.</p>

<p>No hay sobreproducción de libros… Hay falta de imaginación.</p>

<p>Pero hay esperanza.</p>

<p><br />
Azh, abril 2008</p>]]>
    </content>
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    <title>Notas sobre la creación de una red internacional de editores independientes</title>
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    <published>2007-11-19T20:41:27Z</published>
    <updated>2007-11-19T20:44:35Z</updated>
    
    <summary>Ponencia que presentó Alejandro Zenker en la mesa redonda celebrada el jueves 15 de noviembre de 2007 en la Casa Universitaria del Libro con motivo de la visita de un nutrido grupo de poetas y editores españoles, entre ellos Uberto...</summary>
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        <name>Alejandro Zenker</name>
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        <![CDATA[<blockquote><strong>Ponencia que presentó Alejandro Zenker en la mesa redonda celebrada el jueves 15 de noviembre de 2007 en la Casa Universitaria del Libro con motivo de la visita de un nutrido grupo de poetas y editores españoles, entre ellos Uberto Stabile, Angeles Alonso, Antonio Vizcaya, Antonio Orihuela e Inma Luna.</strong></blockquote>

<p>Vivimos en una época en la que sobrevivir como editor independiente es cada vez más difícil. En México, por ejemplo, los proyectos editoriales que no tienen una sustentabilidad económica más allá de la propia actividad editorial y de los recursos que se recaudan por concepto de ventas de libros, sucumben tarde o temprano.<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>Esa vida al filo del exterminio es lo que ha hecho que emerjan proyectos encaminados a agrupar a los llamados independientes ya sea a nivel nacional o internacional. Las agrupaciones nacionales tienen una visible dificultad para unirse, pues ante las carencias y dificultades, unos ven a otros como competencia.</p>

<p>Por cierto, ya en varios foros ha surgido un genuino cuestionamiento sobre el término “independiente” que suelen colgarse de epíteto las editoriales pequeñas. ¿Independientes de qué? Muchas dependen de subsidios gubernamentales, a través de la fórmula de la coedición, para subsistir. Y la dependencia económica es la peor de todas, pues en el medio editorial de la capacidad económica depende la posibilidad de impulsar proyectos. Por lo tanto creo necesario revisar el término. Quizás sería más propicio hablar de editoriales alternativas.</p>

<p>Como quiera que sea, los proyectos encaminados a agrupar a las editoriales, sucumben con facilidad al igual que las mismas editoriales si no surgen con principios y objetivos claros, con una estructura organizativa sólida y una clara definición de su sustentabilidad económica. Si quienes se unen no tienen los recursos para subsistir como proyectos, difícilmente los tendrán para financiar una entidad ajena si ésta no les reporta de inmediato ganancias. Así como he sido testigo del surgimiento y desaparición de numerosos proyectos editoriales, también lo he sido del desmoronamiento de proyectos de creación de organizaciones que agrupen a los editores alternativos.</p>

<p>Sin embargo, creo que las cosas están cambiando en algunos sentidos, lo que está propiciando un extraño fenómeno: la realización de cada vez más encuentros de editores a nivel internacional. Mientras que los intentos por crear una agrupación a nivel nacional pueden fracasar con relativa facilidad en aras de luchas intestinas por el poder o por la falta de recursos económicos y la carencia de un aparato administrativo, los encuentros internacionales generalmente cuentan con apoyo gubernamental sin que esto mine la independencia de quienes se reúnen. Por otro lado, al provenir los editores de puntos distantes y al no constituir uno competencia del otro, la concordia, el diálogo, el intercambio de ideas y experiencias suele ser el común denominador de los encuentros. <br />
 <br />
La disposición a colaborar en proyectos suele darse con más facilidad entre entidades separadas por un océano, que las que comparten un mismo país.</p>

<p>Este año tuve oportunidad de participar en dos encuentros internacionales de editores alternativos. El primero, en Punta Umbría, España, organizado por Uberto Stabile. La riqueza de experiencias que uno puede tener en un encuentro de esa naturaleza es sorprendente. A diferencia de otros en los que he participado, en los que toman parte entidades con similares características en tamaño y visión, en Punta Umbría convergen los proyectos más dispares. Esa enorme diversidad es la que permite enriquecerse con una gran variedad de visiones. El segundo al que asistí tuvo lugar en Santa Cruz de Tenerife, en Islas Canarias, España apenas unas semanas atrás, organizado por Angeles Alonso y Arturo Vizcaya. Con algunas características distintas al encuentro en Punta Umbría, este encuentro también se caracterizó por su gran diversidad. Curiosamente, una de sus debilidades, es decir, la carencia de público, se convirtió en una de sus mayores virtudes al propiciar un diálogo constante entre los participantes. Para quienes no han ido, ambos encuentros requieren del participante un aguante por encima de lo normal en todos los terrenos. Inician a las 9 de la mañana en Punta Umbría y a las 10:30 en Canarias, y duran hasta las 9 de la noche. Pero luego sigue un programa que llaman “en off” que inicia a las 11 de la noche y se prolonga hasta que el cuerpo aguante, o hasta que truene.</p>

<p>Como algunos de los que coincidimos en Tenerife ya nos veíamos por segunda vez, la comunicación fluyó con mayor enjundia. En una etílica charla a las afueras del recinto ferial, cerveza en mano, hablamos de la organización del viaje de este nutrido grupo español que hoy nos visita. Propuse allí que hiciéramos algo concreto: la publicación de un libro aprovechando que estarían con nosotros los tres poetas que mañana nos ofrecerán un recital, es decir, Inma Luna, Antonio Orihuela y el mismo Uberto Stabile. La propuesta fue acogida con entusiasmo y es así como hoy contamos con un libro que ellos llevarán a los distintos puntos en los que se presentarán. El libro es fruto de una colaboración entre la editorial Baile del Sol, de Tenerife, y Ediciones del Ermitaño, de México. Es una experimento que demuestra cómo en unas semanas se puede concretar un proyecto de colaboración. Claro, sin internet no habría sido posible. Esa herramienta de comunicación es la que nos abre un mundo de posibilidades.</p>

<p>Un libro como éste es fruto de la unión de voluntades de un conjunto de individuos. Y es una herramienta de trabajo. Es sólo una pequeña muestra de lo que una red de editoriales alternativas, como la que propone Uberto, puede lograr.</p>

<p>Estamos viviendo, en mi opinión, un refrescante auge de encuentros en los que la compartición de visiones está dando por resultado nuevas búsquedas en varios frentes. La gran ventaja es que quienes estamos participando, lo hacemos por convicción, por un impulso natural. Nadie nos paga por hacerlo, nadie nos obliga. Es la acción de lo que en México llamamos la sociedad civil, esa que es crítica, que actúa y que trabaja exigiendo que se le dé el aire, la libertad que requiere, con apoyo pero sin intervenciones por parte del gobierno, sin condicionamientos.</p>

<p>Y creo que esa sociedad civil, ese concierto de editores, autores y creadores, está demostrando ser más universal de lo que habríamos supuesto tiempo atrás.</p>

<p>Lo que Uberto y Ángeles están haciendo debe hacer renacer en nosotros la esperanza. Esa que nunca muere, que nunca debe morir. Menos ahora, que estamos asistiendo al alumbramiento de proyectos que, estoy seguro, nos sorprenderán gratamente en los años venideros.<br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>El editor y la traducción literaria</title>
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    <published>2007-10-20T16:25:02Z</published>
    <updated>2007-10-20T16:26:46Z</updated>
    
    <summary>Alejandro Zenker Encuentro Internacional de Traductores IFAL, 18 de octubre de 2007 Cuando Danielle Zaslavsky —que fue mi condiscípula en El Colegio de México— me invitó a participar en esta mesa hace poco más de una semana, acepté gustoso pensando...</summary>
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        <name>Alejandro Zenker</name>
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            <category term="Ponencias" />
    
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        <![CDATA[<p><strong>Alejandro Zenker<br />
Encuentro Internacional de Traductores<br />
IFAL, 18 de octubre de 2007</strong></p>

<p>Cuando Danielle Zaslavsky —que fue mi condiscípula en El Colegio de México— me invitó a participar en esta mesa hace poco más de una semana, acepté gustoso pensando que el tema era, como quien dice, pan comido. Estudié traducción, formé traductores y soy editor. Sin embargo, al abordar las preguntas que ella me envió y al tratar de ordenar mis ideas, me percaté de lo complejo que resultaría exponerlas en los escasos minutos disponibles en el marco de una mesa redonda. Así que decidí escribir unas líneas polémicas.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Acabo de regresar de las Islas Canarias, España, adonde fui invitado a participar en la feria del libro y en un encuentro de editores independientes para hablar sobre la profesionalización del editor y los problemas de la distribución del libro independiente, entre otras cosas. Este año ha sido muy activo. Meses atrás había participado con una ponencia en otro encuentro de editores independientes en Punta Umbría, España, y semanas después viajé a Corea, donde se realizó un encuentro internacional de editores y traductores de literatura coreana, en el que participamos ponentes de seis países: Corea, Alemania, Estados Unidos, Rusia, China y México. <br />
 <br />
Esta actividad habla de la efervescencia que hay en todo el mundo en torno a la edición. Los encuentros se multiplican, y un común denominador es la interdisciplinariedad y la internacionalización. La industria está en una suerte de “crisis” por los grandes cambios que se han dado a lo largo de los últimos decenios y que se están viendo acelerados por los procesos de globalización y concentración de capitales.<br />
Estos cambios, que afectan toda la cadena de producción y a todos los protagonistas de la industria editorial, es decir, a las pequeñas, medianas y grandes editoriales, de igual manera han venido transformando la manera en que, quienes componen todo el engranaje editorial, se vinculan con su quehacer a la máquina de producción.  Hay, sin lugar a dudas, diferencias entre la manera de abordar las cosas dependiendo del tipo de proyecto editorial de que se trate. Podríamos quizá distinguir seis prototipos básicos, con infinidad de puntos intermedios:<br />
1.	El editor artista que produce libros objeto.<br />
2.	El editor independiente que produce libros sin otra infraestructura que su vocación y entusiasmo.<br />
3.	El editor independiente que logra crear una pequeña infraestructura de producción y administración.<br />
4.	El editor independiente profesionalizado con una estructura productiva y administrativa más o menos bien armada.<br />
5.	La editorial mediana que ya cuenta con una división del trabajo y una estructura profesional productiva y administrativa.<br />
6.	La gran industria editorial trasnacionalizada, globalizada y voraz.<br />
Cada uno de estos proyectos aborda de manera distinta cada eslabón del proceso editorial, incluida la traducción.<br />
Aquí hago un paréntesis. Danielle Zaslavsky nos pidió que habláramos del quehacer editorial real del editor. Es decir, de cómo enfrenta, modifica la traducción literaria, cómo ejerce la crítica, con qué criterios, cómo evalúa la calidad, etc. No cómo DEBERÍA hacerlo, sino cómo lo HACE. El DEBERÍA es una categoría teórica. El HACE es una afirmación práctica. Partiendo de estas categorías, deberíamos hablar de cómo enfrenta cada uno la traducción literaria. Y eso nos llevaría horas. Cabría preguntarnos… ¿cuál categoría de editor abordamos?<br />
 <br />
Yo llevo más de 22 años de producir libros, no sólo los propios, sino los de infinidad de entidades editoriales, desde académicas y paraestatales, hasta privadas. Mi experiencia en materia de producción editorial va desde la concepción misma de un proyecto editorial y su redacción, hasta la producción de libros partiendo de un original en lengua extranjera o en español, su revisión, cotejo y marcaje, tipografía y formación, hasta la impresión, encuadernación, distribución y venta.<br />
Déjenme explicarles, o más bien enunciarles, cuáles son los pasos por los que pasa una traducción en una editorial cuando bien le va:<br />
1.	Dictamen de la obra partiendo del original o de la traducción.<br />
2.	Traducción (cuando no la hay).<br />
3.	Revisión técnica en libros científicos o técnicos, no literarios.<br />
4.	Revisión y cotejo de la traducción desde el punto de vista de la corrección de estilo, ortográfica y gramatical.<br />
5.	Ajuste del texto a las normas de la editorial.</p>

<p>LUEGO</p>

<p>6.	Al realizar la formación tipográfica, el libro pasa por varias etapas, por ejemplo, revisión de lo que llamamos “galeras”, y luego primeras y segundas planas, hasta llegar a la contraprueba.<br />
7.	En esas revisiones, el texto vuelve a sufrir cambios (en ocasiones de estilo o gramaticales) con objeto de ajustarlo a criterios normativos o estético-tipográficos. Para esto hay que tomar en cuenta un aspecto que muchos desconocen. El libro no pasa sólo por las manos de UN corrector, sino de varios. La norma establece que cada una de las idealmente cinco fases de revisión la realice una persona distinta. Quien hace la revisión inicial, el corrector de estilo propiamente, marca la pauta. Pero luego, los correctores de galeras, planas y contraprueba meten su cuchara. Lo ideal es que al final o durante el proceso, el traductor intervenga. Pero no siempre sucede o puede hacerse.<br />
En la primera etapa, en ocasiones el editor escoge al traductor, en otras, la traducción misma es sometida a su consideración. ¿Cómo escoge un editor al traductor? En el mejor de los casos, por sus capacidades, considerando la lengua de partida, el género y la complejidad, así como la disponibilidad y, ojo, la tarifa del traductor, precio que incide sustancialmente en el costo de producción del libro.<br />
Para esto hay que incorporar varios factores de juicio:<br />
El costo fijo de producción del libro se distribuye entre la cantidad de ejemplares producidos. Es decir, a menor cantidad de ejemplares, mayor incidencia del costo en el precio final al público. <br />
 <br />
En mi editorial, gran parte de los libros los produzco con un tiraje inicial de sólo 100 ejemplares, modelo que muchas editoriales pequeñas, medianas y hasta grandes están reproduciendo. Si un libro tiene 100 cuartillas, y al traductor se le paga, malbaratándolo, 100 pesos por cuartilla, el costo de traducción sería de 10,000 pesos. Si a este costo añadimos el de revisión y marcaje, tipografía, formación, lecturas, impresión y encuadernación, le sumaríamos digamos unos $12,000 pesos. Es decir, tendríamos un costo de 22,000 pesos que dividiríamos entre 100 ejemplares. Nos arroja un precio de producción por ejemplar de $220 pesos. Pero resulta que el distribuidor o librero le exige al editor entre el 50 y el 65% de comisión. Tenemos que aplicar un factor multiplicador para salir con alguna ganancia. Un factor multiplicador bajo es igual al 3.5. Si lo aplicamos a $220 x 3.5 nos da un resultado de $770 pesos de precio al público que, descontando el 65% que exigen algunos distribuidores, le deja al editor un ingreso hipotético de $269.50, es decir, apenas $49.50 de ganancia. Pero… olvidamos al autor, a quien habría que pagar entre el 5 y el 10% de regalías. Es decir, sobre un precio al público de $770 pesos, el autor se lleva entre $38.50 y $77 pesos. ¿Y el editor? Prácticamente nada. <br />
 <br />
Esto pone de manifiesto la imposibilidad de que un editor independiente pretenda publicar obras traducidas aunque le pague relativamente poco al traductor. Porque… ¿quién pagaría $770 pesos por un libro de, si acaso, 100 páginas? Así las cosas, la traducción queda casi exclusivamente en manos de las grandes editoriales que mayoritariamente publican best sellers o de editoriales medianas o pequeñas con subsidios. </p>

<p>Una crítica que hemos hecho las editoriales independientes a lo largo de los últimos años tiene que ver, precisamente, con esa bestsellerización del mercado. Sólo obras que tienen la posibilidad de vender grandes cantidades de ejemplares justifican su inmersión en la cadena de producción. Pero eso atenta contra la bibliodiversidad, es decir, contra el derecho que tenemos de acceder a la literatura universal.<br />
Lo anterior da pie a cuestionarnos cuál es la función del traductor literario en el medio editorial. Desde hace muchísimos años hemos pugnado porque al traductor se le dé trato de autor o coautor y porque se le pague decorosamente. Sin embargo, cada vez es más evidente una marcada tendencia a que el traductor literario, y ojo, recalco LITERARIO, realmente se vea como autor y que se conciba como tal.<br />
Y eso significará probablemente trabajar sin cobrar, aspirar a un pago menor de regalías y sentir la satisfacción de ver su obra o co-obra publicada.</p>

<p>Concluyo:<br />
Como editor, desearía contratar al mejor traductor en función de sus capacidades vinculadas al tipo de obra; modificaría la traducción sólo en mancuerna con el traductor por razones de norma editorial o de justificadas objeciones a las soluciones que haya encontrado, partiendo de que la traducción tiene múltiples posibilidades; criticaría la traducción basado en el conocimiento del original y de la calidad de lo que me ofrece; basaría mis criterios y la evaluación de la calidad en mis propios conocimientos o en los de mis colaboradores, ya sea internos o externos; tomaría en cuenta la complejidad de la obra, la riqueza literaria que nos arrojara el traductor para acercarnos al original desde una multiplicidad de aspectos léxicos, gramaticales, culturales, etc.; confiaría en el resultado de una mancuerna entre el traductor y el corrector de estilo, y buscaría como corrector de estilo a quien sabe dialogar y valorar los intrincados problemas de la traducción; <br />
 <br />
buscaría a veces al traductor-escritor en función de sus habilidades, pero por lo general al traductor profesional, y confiaría, más que nada, en una labor conjunta, en una mancuerna, en un trabajo de equipo. </p>

<p>El traductor que cree ser la crema y nata y no está dispuesto a dialogar y escuchar a quienes están en un proceso de producción complejo, generalmente es un mal traductor, o un traductor soberbio con quien uno no querrá trabajar de nuevo. La traducción no es todo, como tampoco el proceso de creación. Autor, traductor y editor deberían ser parte de un triángulo amoroso para producir el coito perfecto: el libro.</p>

<p>Pero la realidad es otra. Y nos toca luchar por transformarla.<br />
La bestsellerización es el coitus interruptus. La bibliodiversidad es el nirvana literario.<br />
Muchas gracias.</p>

<p></p>

<p>* azh, 17/10/07</p>]]>
    </content>
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<entry>
    <title>¡Que muera el libro, que viva la lectura! Conferencia de A. Zenker en Veracruz</title>
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    <published>2007-10-20T16:20:54Z</published>
    <updated>2007-10-20T16:49:04Z</updated>
    
    <summary>El pasado 6 de octubre, Alejandro Zenker, director de Solar y de Ediciones del Ermitaño, dictó una conferencia en la Universidad Veracruzana titulada &quot;¡Que muera el libro, que viva la lectura! ¿Extinción o transfiguración del lector?&quot;, en la que analizó...</summary>
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        <![CDATA[<p>El pasado 6 de octubre, Alejandro Zenker, director de Solar y de Ediciones del Ermitaño, dictó una conferencia en la Universidad Veracruzana titulada <a href="http://www.solareditores.com/editorial/blog/que_muera_el_libro_que_viva_la.php">"¡Que muera el libro, que viva la lectura! ¿Extinción o transfiguración del lector?", </a>en la que analizó el presente y el futuro del libro en virtud del avance de las nuevas tecnologías. Inició diciendo: "El tema que voy a abordar constituye sin lugar a dudas el más polémico de los que se tocan cuando se habla de la crisis de la industria editorial y de las transformaciones del libro y por tanto de su futuro y del de la lectura misma."</p>]]>
        
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    <title>Traducción, publicación y difusión de la literatura coreana en México</title>
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    <id>tag:www.solareditores.com,2007:/alejandrozenker/editorial//8.240</id>
    
    <published>2007-04-24T08:34:48Z</published>
    <updated>2007-05-15T23:59:50Z</updated>
    
    <summary>Ponencia preparada por Alejandro Zenker para el Instituto de Traducción de Literatura Coreana (KLTI) Corea, Junio 2007 El año pasado, durante la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, México, llegó al stand de la editorial que dirijo, Ediciones del Ermitaño,...</summary>
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        <![CDATA[<p>Ponencia preparada por Alejandro Zenker para el Instituto de Traducción de Literatura Coreana (KLTI)<br />
Corea, Junio 2007</p>

<p>El año pasado, durante la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, México, llegó al stand de la editorial que dirijo, Ediciones del Ermitaño, Ko Young-il para hablar conmigo sobre la posibilidad de publicar algunas obras de literatura coreana, propuesta que llamó mucho mi atención. Mi sorpresa fue en aumento cuando me enteré de que en Corea existe un instituto para la traducción literaria. ¿Por qué? Ahora les explicaré mi interés personal.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Entre otras cosas, estudié traducción en una prestigiosa institución de educación superior llamada El Colegio de México a finales de los años setenta. Al terminar mis estudios, propuse crear una asociación de traductores, ya que no existía ninguna en México. La fundamos entre varios e iniciamos una larga lucha por el reconocimiento del traductor como profesional. Nos incorporamos a la Federación Internacional de Traductores, en la que ocupé varios puestos que me permitieron adquirir una visión cada vez más amplia de la situación que guardaban la traducción y los traductores en el ámbito mundial. Promoví, entonces, un acuerdo trilateral entre las asociaciones de México, Estados Unidos y Canadá que nos llevó a crear un Centro Regional en el marco de la Federación Internacional de Traductores. Poco después me nombraron director general del Instituto Superior de Intérpretes y Traductores. En aquel entonces, en México se impartía la traducción tan sólo como un diplomado con carácter de posgrado y a nivel técnico, de suerte que decidí recorrer el largo camino académico y burocrático que nos llevaría, finalmente, a elevar el nivel de los estudios al grado de licenciatura.</p>

<p>Elevar el nivel académico era tan sólo uno de los pasos necesarios. Faltaba hacer una labor de difusión y concientización académica, social y cultural para que se reconociera que la traducción debía ser llevada a cabo por profesionales, y que estos debían emerger de instituciones académicas. Decidí entonces impulsar coloquios internacionales sobre la traducción literaria, así como la creación de reconocimientos a los traductores literarios, actividades que nos permitían acceder a los medios de difusión, radio, televisión y prensa, y hablar de nuestro quehacer profesional.</p>

<p>A casi 30 años del establecimiento de esa asociación, las condiciones que prevalecen en México en el terreno de la traducción son radicalmente distintas. Ya tenemos licenciaturas y maestrías en traducción en varias universidades, y la labor del traductor profesional es cada vez más reconocida.</p>

<p>¿Por qué explico todo esto? Porque cuando Ko Young-il me propuso publicar literatura coreana en español, lo primero que me pregunté fue: ¿quién la va a traducir? ¿Y cómo la vamos a producir?</p>

<p>Hace más de 20 años que me fui retirando de la traducción para dedicarme cada vez más a la edición, al frente de mi propia editorial, que ya tiene más de 22 años de existencia y que se ha especializado en la edición de libros de literatura, es decir, poesía, novela, cuento, teatro, etc.</p>

<p>Siempre tuve el proyecto de publicar traducciones literarias, pero aquella profesionalización por la que luché desde la trinchera del traductor, aunada a una mejor remuneración, se volvió en mi contra como editor. Traducir es caro. Por lo tanto, la traducción de literatura de autores desconocidos o poco conocidos se convierte en una aventura editorial terriblemente riesgosa. Sobre todo porque el costo de la traducción, sumado al costo de producción y al pago de derechos de autor, se divide finalmente entre un número reducido de ejemplares, porque los tirajes no pueden ser grandes. Por fortuna, cada vez más países reconocen la importancia de dar a conocer su literatura y han aprendido que, para hacerlo, tienen que apoyar precisamente el proceso inicial: la traducción, y en ocasiones también la producción misma, a fin de hacer viable la publicación y, por lo tanto, la difusión de las obras.</p>

<p>La labor del editor de literatura —y más la de un editor independiente que apuesta a lo nuevo, a lo desconocido— es realmente difícil. Si la publicación de literatura de escritores nacionales significa un reto financiero en el que el retorno del capital invertido es, en muchos casos, poco probable, la publicación de literatura traducida se convierte en una labor poco menos que imposible si el mismo editor es quien tiene que afrontar los costos de la traducción.</p>

<p>Este problema no sólo perjudica a México, sino a gran parte del mundo. La situación que describí afecta, en particular, a las editoriales independientes de pequeñas o medianas proporciones. Las grandes editoriales viven una realidad distinta. Apuestan a los grandes tirajes y a campañas mediáticas y mercadotécnicas para llamar la atención del pequeño universo de lectores. Un universo millonario y de millones, pero proporcionalmente muy pequeño en relación con la población mundial total. <br />
La editorial independiente, por el contrario, no puede sino apostar a tirajes medianos, pequeños o cortos, y a una labor hormiga en busca de puntos de venta y de lectores-compradores. </p>

<p>El año pasado participé en un encuentro internacional de editores independientes realizado en México, cuyo tema giraba en torno a la bibliodiversidad. Los participantes, provenientes de Asia, África, Europa y América Latina, retrataron —todos— un escenario similar. Un mercado acuñado de acuerdo con los intereses de las grandes corporaciones editoriales, leyes poco favorables a la creación de librerías y otros puntos de venta, pocos o nulos incentivos para la promoción de la lectura.</p>

<p>En el mundo se ha impuesto la “bestsellerización”, es decir, la publicación casi exclusiva de obras que tienen ganada, hasta cierto punto, la batalla de las ventas, al grado de hacer rentable su edición. Muchas, muchísimas obras, quedan fuera de esa lógica. En México, por ejemplo, escritores ya clásicos y muy reconocidos están enfrentando una situación insólita: las editoriales les están cancelando los contratos debido a que sus obras ya no venden lo suficiente para justificar una reedición. Pareciera que estamos corriendo el riesgo de perder la memoria histórica de la literatura universal en aras de los intereses económicos de quienes dirigen el gran mercado editorial mundial.</p>

<p>Se habla ya de los demasiados libros, es decir, aparentemente se producen más libros de los que los lectores dispuestos a comprarlos pueden leer. En España, por ejemplo, los grandes conglomerados han estado hablando incluso de la necesidad de una “autorregulación” del mercado, es decir, que ante la sobreoferta habría que reducir la cantidad de obras publicadas.</p>

<p>Por otra parte, aflora cada vez con mayor fuerza la conciencia de que es imprescindible impulsar políticas de fomento de la lectura. Caeríamos en el engaño si supusiéramos que detrás de eso hay un genuino interés por elevar el nivel cultural de la población, cuando en muchos casos hay un perverso contubernio entre una industria editorial voraz y gobiernos burocráticos e ignorantes para los que el libro no difiere en valor de un clavo, un tornillo o un zapato. La industria, la GRAN industria, requiere más lectores o, mejor dicho, más consumidores, más compradores. Por eso todo sigue enfocado al tema de los best seller, es decir, libros de gran impacto mediático, fácil venta y con un retorno de capital rápido.</p>

<p>Pero, ¿queremos un mundo en el que se publique tan sólo un número limitado de títulos, de obras que apelen al interés de un común denominador de lectores que justifiquen los razonamientos económicos de los grandes conglomerados de la industria editorial?</p>

<p>Yo creo que caer en esa lógica acarrea grandes peligros para la cultura universal. Por eso, cada vez hay más editoriales independientes que buscan nuevos caminos, que exploran otros paradigmas que logren romper ese círculo vicioso.</p>

<p>Desde hace muchos años, por ejemplo, la publicación de poesía ha venido decayendo. Este género quizá nunca vendió tanto como la novela, pero tenía su público. Nunca un público masivo como el que las editoriales grandes pretenden tener hoy. Así pues, la publicación de poesía ha ido quedando cada vez más relegada a las editoriales independientes.</p>

<p>Con este razonamiento vuelvo al inicio de esta ponencia: la publicación de la literatura coreana. Una cosa es colocar uno o varios títulos que respondan a criterios comerciales que garanticen su venta masiva, y otra muy distinta que se ponga a disposición de la comunidad de lectores un acervo amplio y representativo de la literatura coreana en español, por ejemplo. Creo que el éxito de una nueva propuesta literaria, como la difusión de la literatura coreana en México y América Latina, tendría que dejar de lado el principio del bestseller y concentrarse en el longseller, es decir, el libro o conjunto de libros que se van abriendo camino, que llegan a sus lectores naturales poco a poco, pero que también encuentran a sus nuevos lectores y que, por la vía de la recomendación, van ampliando su espectro de difusión. Claro, hay excepciones.</p>

<p>La literatura infantil coreana es de excepcional calidad y tiene gran futuro en los mercados mundiales por su naturaleza misma. Los niños, vivan donde vivan, tienen intereses, vivencias, quizá hasta cosmovisiones similares o, al menos, la capacidad de imaginar cualquier escenario, cualquier cosmos que se le proponga. No ocurre lo mismo con el adolescente, y menos con el adulto. Nos vamos volviendo perezosos, y las nuevas tecnologías, los medios, compiten cada vez más con el libro, aparentemente estático, con el que no se interactúa. No sé si sepan que una reciente investigación determinó que el mexicano lee, en promedio, 2.9 libros al año. Pero ésa es una gran exageración. En realidad, muchas personas mienten en las encuestas. Y la división matemática hace aparecer a los lectores voraces como ignorantes, y a los ignorantes como lectores. Lectores, lo que se dice lectores, hay pocos en México, pero también en América Latina, en África y en Asia. Y sin duda en Estados Unidos y en muchos países de Europa. En fin, la falta de hábitos de lectura es un mal mundial. </p>

<p>Partiendo de esa realidad he ido estructurando mi editorial. Ediciones del Ermitaño tiene una historia de más de 22 años. Los primeros diez intentamos competir en el mercado de la manera tradicional, con tirajes largos de 10 000 o más ejemplares. Sufrimos muchos descalabros y vimos que el universo de obras publicables siguiendo ese esquema era menor al de nuestras pretensiones. Finalmente, en 1995 decidí incorporar en México la producción basada en la impresión digital, con tirajes cortos, mejor conocida como impresión bajo demanda o Print On Demand (POD). Fuimos los pioneros y nos tocó llevar a cabo una larga y desesperante labor de “evangelización” para convencer a otros editores de que el esquema de producción y comercialización que proponíamos era viable. A partir de entonces, gran parte de la producción de nuestros libros se basó en ese principio: quiero longsellers, libros que estén permanentemente disponibles y que pueda producir de acuerdo con su propia lógica de desplazamiento. Porque en el terreno comercial, ningún libro es igual. Así, nuestro actual catálogo vivo, de más de 150 títulos, se desplaza de manera constante, y cada vez son más las editoriales que, convencidas de que los viejos paradigmas ya no son viables, están recurriendo a nuestros servicios, porque, dicho sea de paso, nos convertimos también en una empresa que brinda servicios integrales de producción editorial.</p>

<p>Creo que las grandes editoriales son inevitables, porque hay necesidades que hay que cubrir en el plano de los libros de amplia difusión y que requieren esos gigantescos aparatos de producción, administración y comercialización, pero dejar la cultura literaria en sus manos es poco más que un suicidio. Es imprescindible su contraparte.</p>

<p>Independientemente de que algunos títulos de literatura coreana sean publicados en esas grandes editoriales, creo que sería muy benéfico que se considerara la creación de una colección que abarque novela, cuento y poesía, y que esté permanentemente disponible con una visión de largo plazo. Creo también que la creación de una colección de esa naturaleza requiere de una labor sistemática en varios frentes:</p>

<p>1.	La formación de traductores profesionales del coreano cuya lengua materna sea el español. <br />
2.	La conformación de un equipo de correctores editoriales que se especialicen en los problemas de la edición de traducciones del coreano. <br />
3.	La labor de difusión sistemática de la cultura coreana y de las virtudes de su literatura y su vinculación con las culturas de lengua hispana. <br />
4.	La presencia constante y sistemática de esa literatura en los principales foros, como ferias y coloquios, encuentros y conferencias sobre traducción. </p>

<p>Las editoriales independientes funcionamos muchas veces a manera de “trampolín”. Es decir, obras que publicamos en ediciones limitadas brincan en ocasiones a ediciones grandes, ya sea porque se pactan coediciones con instituciones gubernamentales, o porque editoriales grandes se interesan en una edición especial. Les doy un ejemplo: uno de mis autores es el escritor Gustavo Sainz. Sus obras han sido publicadas en cientos de miles de ejemplares y traducidas a numerosas lenguas. Se cuentan por cientos las tesis sobre su obra en todo el mundo. Sin embargo, la editorial que tenía contratada la publicación de gran parte de sus textos le rescindió el contrato de gran parte de sus libros porque las ventas ya no son las que ellos esperan. Así pues, establecimos un convenio para que yo publique sus obras completas, labor a la que estamos entregados. Esto no impide que él publique un libro en un tiraje grande, como ocurrió recientemente. Él decidió, independientemente de esos “golpes de suerte”, que desea contar con un editor que le garantice la perdurabilidad de toda su obra en el mercado.</p>

<p>Creo que hay mucho camino por andar. A la profesionalización del traductor también le debe seguir la profesionalización de una nueva generación de editores independientes. La tecnología avanza a pasos agigantados. Nosotros hemos optado, por ejemplo, por que todos nuestros títulos estén disponibles en Google para la realización de búsquedas, al igual que en Amazon, en formato PDF, para su previsualización antes de que el lector potencial realice el pedido, así como en las librerías virtuales nacionales.</p>

<p>¿Qué más hace falta para que un proyecto de publicación de literatura coreana sea exitoso? Una colaboración muy estrecha de las diversas partes, aunada a mucho entusiasmo, constancia, pasión y profesionalismo. </p>

<p><br />
*azh, abril 2007</p>]]>
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